Millones de personas alrededor del mundo tienen un gato, a quien consideran un miembro más de la familia.

Pero ahora los científicos han descubierto que poseer un gato desde pequeño aumenta el riesgo de desarrollar problemas mentales.

La razón es un parásito que vive en los gatos y que podría estar relacionado con un incremento en el riesgo de padecer esquizofrenia.

Estos hallazgos coinciden con otros encontrados en otros estudios recientes.

“En tres estudios diferentes, se descubrió que personas que fueron dueños de gatos en su niñez, son los que más comúnmente resultaron diagnosticados con esquizofrenia u otra enfermedad mental seria”, declararon los investigadores, citados por The Huffington Post.

Los investigadores observaron un cuestionario que se había distribuido a las familias en 1982, pero cuyas respuestas aún no habían sido analizadas por los científicos.

Se incluyó datos de 2.125 familias que pertenecían al Instituto Nacional de Enfermedades Mentales (NAMI, por sus siglas en inglés), y se descubrió que un 50,6 por ciento de quienes desarrollaron esquizofrenia era dueños de gatos en sus años de infancia.

Los resultados fueron sorprendentemente similares a otros dos estudios llevados a cabo entre los miembros de NAMI en la década de 1990.

Estos estudios encontraron que un 50,9 y 51,9 por ciento, respectivamente, de las personas con esquizofrenia se crió con un gato.

Esto muestra un vínculo, más que una causa y efecto, afirmaron los investigadores.

Sin embargo, también plantearon la teoría de que el parásito toxoplasma gondii (T. gondii), que puede transmitirse de los gatos a los seres humanos, podría desempeñar un papel en el desarrollo de la esquizofrenia.

“El T. gondii se mete en el cerebro y forma quistes microscópicos”, dijo el Dr. Edwin Torrey, del Instituto de Investigación Médica Stanley.

"Creemos que se activa a finales de la adolescencia y causa la enfermedad, probablemente, al afectar los neurotransmisores”.

Si una persona es sana en términos generales, su sistema inmunológico mantiene al parásito en jaque, por lo que permanecen en el cuerpo en un estado inactivo.

Sin embargo, una enfermedad o ciertos medicamentos que debilitan el sistema inmunológico hacen que el riesgo de infección incremente.

El T. gondii también puede producir abortos involuntarios, trastornos del desarrollo fetal, ceguera e incluso la muerte.

La investigación fue publicada en la revista Schizophrenia Research.