Cada invierno les invadía la preocupación y la intranquilidad de saber que podría llover durante el día o la noche y que sus casas se inundarían, que los techos de sus viviendas filtrarían el agua y que sus hijos correrían algún peligro.

A más de un mes de estar habitando en sus nuevas viviendas, en Ciudad Belén, las familias originarias del barrio Rubén Darío, ubicado en las costas del Lago de Managua, afirman sentirse más tranquilas y seguras, libres de preocupaciones porque ahora pueden dormir sus noches sin tener que pensar que se les anegara su casita.

“Antes vivíamos en un lugar demasiado peligroso, sobre todo para mis hijos que sufrían muchas situaciones que hoy no las estamos sufriendo, le doy gracias a Dios que nos ayudó a estar aquí, porque donde vivíamos se nos metía el agua, el agua nos llegaba hasta el pecho, sufríamos mucho, mis hijos se enfermaban, nos enfermábamos nosotros, pero ahora le doy gracias a Dios y al Gobierno porque hoy tengo mi casa y vivo feliz con mis hijos que ahora si tienen un techo digno”, comentó Anselma del Carmen López González.

Fabiola Sinclair manifestó estar mucho más tranquila porque aunque llueva en grandes cantidades su casa no se inunda, en su techo no se pasa el agua y por ende ninguno de los miembros de su familia se moja producto de las lluvias.

“Donde yo vivía y ahora donde estoy viviendo me siento mucho mejor, porque donde vivía se me hacía un charco y lodo fuera de la casa que ni daba chance de salir y ahora (en mi nueva casa) yo me siento bien, más tranquila, más segura porque ya no se me moja nada dentro de la casa”, expresó Doris Arias López.

Para Ninfa Rosa López al recibir estas viviendas han iniciado una nueva vida donde ni ella ni su familia están expuestas al peligro que en muchas ocasiones representaban las lluvias porque su casa es más segura, tiene una buena ubicación que impide que se les inunde la casita.

“Estamos aquí en estas casitas y no nos mojamos, no como antes (en el barrio Rubén Darío) que nos mojábamos, corríamos peligro por los cauces y correntadas de agua que se metían a la casa, ahora vivo más tranquila”, dijo Lucrecia Cantillano López.