La iglesia católica, funcionarios del Estado y el pueblo nicaragüense lamentaron el sensible fallecimiento de Monseñor Luis Amado Peña Rojas, Vicario de la Pastoral Penitenciaria de la Arquidiócesis de Managua, quien fue calificado como un hombre que entregó su vida al servicio de los más pobres, llevando consuelo a los privados y privadas de libertad por más de una década.

En horas del mediodía de este 16 de mayo, Su Eminencia Reverendísima Cardenal Miguel Obando Bravo junto al Obispo de la Diócesis de León, Monseñor César Bosco Vivas Robelo, ofició un responso por el descanso eterno de Monseñor Peña.

El Cardenal Obando afirmó que Monseñor Peña fue un hombre que supo darse y entregarse de lleno al servicio de la gente más pobre, desempeñando una gran labor en las cárceles consolando a los privados de libertad y celebrando la santa eucaristía en los penales que visitaba.

“Vivir las obras de misericordia un día podría resultar más o menos fácil, pero vivir las obras de misericordia como la visita a los privados de libertad en consuelo a los familiares durante tantos años, eso ya revela una virtud especial, don que Dios le concedió a Monseñor Peña y que nos deja a nosotros los sacerdotes un especial legado a imitar”, expresó Monseñor Vivas Robelo.

Monseñor Bismark Carballo, rector de la Parroquia Espíritu Santo fundada por Monseñor Peña, destacó el servicio que Monseñor Luis Amado Peña Rojas prestó a la Iglesia y particularmente a la sociedad a favor de reintegrar a la sociedad a los que están en las cárceles, un trabajo valioso que las generaciones de sacerdotes jóvenes les tocaría continuar.

“Monseñor Luis Amado Peña, un hombre cuya vida fue un testimonio vivo del amor a Cristo, un hombre que amó sin ningún tipo de exclusiones a todos sus hermanos, pero de una manera preferencial a aquellos hermanos y hermanas privadas de libertad”, manifestó el Padre Neguib Eslaquit, director del Centro Espiritual Betania, quien ofreciera una misa por el descanso eterno de Monseñor Peña Rojas.

El Padre Eslaquit aseveró que todos los nicaragüenses, los sacerdotes y el pueblo en general hoy lloran la partida de Monseñor Luis Amado Peña Rojas, manteniendo esa creencia en la palabra de Jesucristo, “en la casa de mi Padre hay muchas moradas y cuando yo me vaya y les tenga preparada una, yo volveré y los llevaré conmigo y eso se cumplió hoy en la vida de Monseñor Luis Amado Peña, el Señor Jesucristo ya le tenía preparada una morada preciosa en el cielo donde no hay llanto ni dolor ni enfermedad ni muerte ni siquiera se necesita luz de lámpara ni de Sol porque brilla Jesucristo, sol que no conoce el ocaso”.

Como Vicario de la Pastoral Penitenciaria de la Arquidiócesis de Managua, Monseñor Peña mantuvo una estrecha relación con el Ministerio de Gobernación, llevando palabras de sanación a las privadas y privados de libertad, lo que ha valido el reconocimiento de esa institución del Estado, al recordar uno de los mayores logros del también Prelado de Honor de Su Santidad San Juan Pablo II, la articulación de la relación entre el funcionario y el recluso.

“En alguna medida al privado de libertad le ayudó un poco a paliar, a reducir la complejidad de estar encerrado pero lo más importante es la relación que sostuvo con el Ministerio, con las autoridades, el respeto a la institución, el respeto a las leyes, el respeto a la relación y el apoyo, porque si hay algo que debemos destacar del Monseñor Peña fue su preocupación por la situación del preso, del privado de libertad, pero también nos acompaño cuando había que solicitar a los niveles superiores, a la sociedad apoyo para los privados de libertad, él estuvo siempre trabajando de la mano con nosotros firmemente”, indicó el Viceministro de Gobernación, Carlos Najar.

Monseñor Eddy Montenegro Avendaño, quien trabajó de cerca con Monseñor Peña, detalló el cumplimiento de la labor sacerdotal y espiritual de Peña Rojas, habiendo sido asignado a diversas parroquias como Santa Faz, su contribución para conseguir el terreno donde se construyó la iglesia Espíritu Santo, la parroquia Pío X, entre otras, pero su principal labor el servicio como Capellán en las cárceles, llevando el alivio de la palabra de Dios a los presos.

“Es un hombre que, como se habla de San Pablo, desgastó su vida sirviendo en el ministerio sacerdotal, yo lo conocí inmediatamente después del terremoto, estaba él recién llegado a la parroquia Santa Faz cuando se dio la tragedia del terremoto y una cosa que siempre me llamó la atención […] fue la entrega que tenía para el servicio con la comunidad, si llegabas no importaba la hora él siempre estaba dispuesto a ir a ver un enfermo hasta ponía a disposición su vehículo, un hombre de mucha entrega”, añadió Monseñor Montenegro.