La Catedral Metropolitana, recibió a centenares de católicos quienes veneraron la sangre aún sin coagular de San Juan Pablo II, durante la ceremonia litúrgica llevada a cabo en horas de la tarde-noche.

La eucarística fue celebrada por el Nuncio Apostólico Fortunatus Nwachukwu, quien manifestó que la reliquia del Santo Padre transmite la bondad de Dios.

“La reliquia, que viene del latín, significa 'algo dejado', un resto, con ella sentimos la presencia de la persona. Las personas que creen en Dios verán en ella el contacto con el Señor”.

“Es un medio para pedirle al Señor la abundancia de la gracia para nuestras familias, los seres queridos y nuestras nación”.

Este es un gran regalo para los cristianos, para acrecentar su fe y motivarlos a seguir fomentando el espíritu solidario y de amor para consolidar la paz en cada persona, manifestaron feligreses que por horas hicieron fila para poder besar la reliquia.

“Este es un honor y nos ayuda a levantar la moral, la fe católica y la esperanza de todas las promesas de nuestro Señor Jesucristo. San Juan Pablo II es un ícono de la religión católica”, dijo Sergio Cisneros, quien llegó a expresar su fe a la Catedral.

Asimismo, la señora Mercedes Porras de Mayorga, afirmó que esta peregrinación “es algo maravilloso, para mí (Juan Pablo II) no ha muerto porque está en nuestro corazón”.

“Esta reliquia es un compromiso. El pueblo de Nicaragua se ha desbordado y acá se mira la fe católica”, finalizó.