El virus del sarampión deja fuera de juego al sistema inmune cuando entra en el organismo. Nuestro sistema de defensa tiene memoria y por eso, una vez fichados, los patógenos son combatidos con eficacia, sin dejar que nos hagan enfermar. Pero después de padecer el sarampión el sistema inmune pierde la memoria y es incapaz de recordar a microbios con los que ya había entrado en contacto. El sarampión destruye su base de datos. Este dato se conocía y se pensaba que el daño era temporal, cuestión de semanas o meses.

Sin embargo, un análisis más detallado publicado en "Science" y realizado con los datos de las vacunaciones masivas contra este virus en Inglaterra, Gales, Estados Unidos y Dinamarca extienden ese periodo de “amnesia inmune” hasta 3 años después de la infección. Un tiempo demasiado prolongado que pasa factura, porque el sistema inmune se olvida de cómo luchar contra una amplia gama de invasores bacterianos que aprovechan para causar infecciones que de otro modo no ocurrirían y que ahora, sin ninguna resistencia, podrían ser mortales.

El motivo de esa amnesia inmunológica se debe a que el virus disminuye el número de linfocitos B y T, la infantería del sistema inmune. Esta investigación demuestra que el virus del sarampión ataca a los linfocitos T, que son las células que construyen la "memoria" para luchar frente a las enfermedades, y por tanto se produce una situación de "amnesia inmunológica".

Después de un mes, estas células de memoria inmunes reaparecen, pero en lugar de proteger contra las infecciones encontradas anteriormente, estaban casi totalmente dirigidas únicamente contra el sarampión.

En otras palabras, si usted coge el sarampión, en los próximos tres años podría morir por alguna infección que en condiciones normales no lograría burlar al sistema inmune ni hacerle enfermar, explica Jessica Metcalf, de la Universidad de Princeton.

Infecciones oportunistas

Con el sistema de defensa desarmado, quienes no se han vacunado y se enfrentan al virus del sarampión de forma “natural” se vuelven vulnerables a una serie de infecciones oportunistas. Las estadísticas muestran que en algunos casos el virus es responsable de forma indirecta de las muertes ocurridas en la población infantil dos o tres años después de superada la infección. Y que hay una correlación clara entre la incidencia de esta enfermedad considerada erróneamente benigna y las muertes por otras infecciones, con un período de latencia promedio de unos 28 meses después de pasar el sarampión. Este hallazgo era consistente en todos los grupos de edad en los tres países examinados y también en épocas anteriores y posteriores a la vacuna.

En otras palabras, la reducción de la incidencia del sarampión parece causar un descenso en las muertes por otras enfermedades infecciosas debido a los efectos debilitantes del virus del sarampión sobre el sistema inmunológico, explica otro de los investigadores. "A nivel poblacional los datos sugieren que cuando el sarampión no está controlado, puede dar lugar a una reducción de la inmunidad de grupo contra otras enfermedades infecciosas"

Estos hallazgos ayudan a explicar por qué la introducción de la vacuna contra el sarampión ha evitado muchas más muertes de las que la comunidad científica habían esperado. El estudio desmitifica además la creencia de algunos padres sobre los supuestos beneficios para el sistema inmune de los pequeños de pasar esta enfermedad “a pelo”.

Refuerza también la importancia de las campañas de vacunación generalizadas, que, como explican los investigadores, tienen beneficios adicionales al evitar la pérdida de memoria del sistema inmune y la bajada consiguiente de defensas que provoca el virus de forma “natural”. También apunta al papel primordial en la disminución de la mortalidad por otras enfermedades infecciosas que jugó la vacuna del sarampión en todos los países estudiados. Las cifras de mortalidad por otras infecciones antes y después de las campañas de vacunación lo corroboran.

Mecanismo de acción desconocido

La infección por sarampión, además de una erupción cutánea que produce picor y la posibilidad de daños neurológicos en un porcentaje nada despreciable de casos, lleva consigo una profunda inmunosupresión duradera, como ahora se ha visto. Por contra, tras la vacunación hay una reducción en la mortalidad infantil por todas las causas, como resaltaba la Organización Mundial de la Salud recientemente, aunque reconocía que se desconocía el mecanismo inmunológico que dotaba a la vacuna de esos beneficios adicionales.

Una de las hipótesis barajadas para explicarlo sostiene que la infección por el virus del sarampión “resetea” el sistema inmune, que pierde así la inmunidad previamente adquirida. Y la vacunación precisamente evitaría ese efecto de borrado tan pernicioso para la salud, como corrobora este estudio.

Los investigadores, pertenecientes a las Universidades de Princeton, Emori, Bethesda y Rotterdam, pensaron que si esa hipótesis es correcta, debería observarse mayor mortalidad por infecciones oportunistas en los datos epidemiológicos en épocas en que el sarampión era habitual y en especial en los brotes epidémicos. Y esas secuelas serían visibles incluso en los países con altos recursos económicos. Y, en efecto, comprobaron que la mortalidad por cualquier causa entre niños de 1 a 9 años en Europa, y entre 1 y 14 en Estados Unidos era mayor durante los brotes de sarampión, pero disminuía drásticamente después del inicio de las campañas de vacunación.

“Nuestros hallazgos ayudan a disipar el misterio que rodea las desproporcionadamente altas reducciones en la mortalidad infantil observadas después de la introducción de la vacuna del sarampión y refuerzan la importancia de las campañas de inmunización contra este virus en un contexto global”, concluyen.