San Francisco del Norte y Cinco Pinos son dos municipios secos del departamento de Chinandega donde las buenas prácticas agrícolas han ayudado a los productores a hacer brotar de la tierra el pasto para el ganado y los alimentos para el autoconsumo y para la comercialización a pequeña escala.

Esto se debe a que con el apoyo del Instituto Nicaragüense de Tecnología Agropecuaria (INTA) estos campesinos han empezado a usar técnicas productivas que no dependen exclusivamente de un invierno copioso.

Una de estas tecnologías es el micro-riego, el cual no se resume a una inversión en bombas, mangueras y aspersores. Eso solo es la punta del iceberg. Detrás de ello está la implementación de técnicas de conservación de suelos, de cosechas de agua, de reforestación y de diversificación de cultivos que permiten al vital líquido infiltrarse durante el invierno y permanecer en las entrañas de la tierra para luego ser usada en los meses más abrumadores del verano.

Un buen ejemplo

La finca de Domingo Espinal, en la comunidad El Terrero, San Francisco del Norte, es una experiencia enriquecedora. En esta se cultivan granos básicos, frutales, hortalizas y hasta café, gracias a un pozo donde se ha instalado una bomba y una red de tuberías que permiten garantizar el agua a gran parte de la propiedad.

Espinal recuerda que el municipio está ubicado en el Corredor Seco, por lo que un mal invierno significa bajos niveles productivos. Ante ello su apuesta ha sido aliarse con el INTA y empezar a trabajar en base a un mecanismo de adaptabilidad a los cambios que experimenta la naturaleza.

“Yo tengo agua en cantidad, tengo un pozo opulento”, dice este productor, quien alrededor de ese pozo a creado un verdadero paraíso. “Ahí tengo reforestado con mango. De toda variedad de mangos: tengo mango carita, mango cubano, mango de rosa, mango real...”.

“Solo se necesita un poquito de amor”

Asegura que la dedicación al campo –sin días feriados- ha sido lo fundamental para hoy poder disfrutar de un buen clima en su propiedad y una fuente de ingresos permanente.

En este punto señala hacia una empalizada de cedros. Luego de sembrados, durante los dos primeros años tuvo que regarlos tarde y mañana para que pudieran prosperar.

“Se necesita tenerle un poquito de amor a las cosas para ver el resultado”, afirma.

Mujer de machete y azadón

Un amor no menos fuerte siente por la tierra la productora Donna Hernández Lainez. Su finca está en la comunidad El Carrizal, municipio de Cinco Pinos, y es tres veces más pequeña que la de don Domingo. Sin embargo, la diversidad de cultivos y la dedicación con que es trabajada le ha permitido a Hernández tener una propiedad modelo.

Para ella el agua también es clave. Sin esta, la caña de azúcar, la yuca, el plátano, las hortalizas, los frutales y los granos básicos no existirían más que en los meses de lluvia. La forma de adquirirla es también a través de un pozo artesanal.

“Ya que tenemos el agua, estamos aprovechando la tierra”, manifiesta Hernández.

Ella dice estar consciente de su valor como mujer, y por tanto nunca tuvo reparos en tomar el machete y el azadón para cultivar todo aquello que garantiza el sustento de su familia.

“Yo soy una mujer sola, mi marido falleció. Tengo dos menores que alimentar, tengo en la universidad dos hijos, y no tengo otra salida que trabajar duramente en la finca para poder tener dinero”, enfatiza.

Una red de fincas multiplicadoras

Las fincas antes citadas forman parte de la red de Fincas de Investigación e Innovación Tecnológica (FIIT) instaladas por el INTA en todo el país como una forma de llevar a los productores herramientas agropecuarias más eficientes.

Tanto en Cinco Pinos como en San Francisco del Norte hay 17 de estas fincas. En estas los técnicos dan acompañamiento a los campesinos en la instalación de los sistemas productivos y en evaluar los resultados.

Así lo explica el extensionista Pedro Muñoz, quien a lo largo de años ha visto cómo los agricultores han eliminado la dependencia hacia los insumos químicos y bajado sus costos de producción sin que ello repercuta en los niveles productivos.

“Lo que queremos es una transformación hacia una agricultura agroecológica”, subraya.

Al trasferir estos conocimientos, los técnicos toman en cuenta si estos se adaptan a las condiciones climáticas y al entorno de la propiedad. Esto se debe a que municipios como San Francisco del Norte tienen un relieve con profundos valles y escarpados cerros donde difícilmente se pueden homologar las tecnologías usadas.

“Ahorita estamos trabajando con 17 fincas integrales en donde se están implementando diferentes tecnologías porque aunque estamos en el mismo municipio no todas las condiciones son las mismas”, destaca Jason Hernández, extensionista del INTA en este municipio.