El brutal asesinato de Jesús por parte del imperialismo romano y las autoridades judías cómplices de ese imperio, fue un duro golpe contra el proyecto liberador de vida nueva al que aspiraba aquel pueblo sometido al saqueo, esclavitud, opresión, discriminación y asesinato.

Cuando todo parecía acabado, con un Jesús crucificado, muerto y sepultado, con unos fariseos y escribas felicites de haber completado su propósito vil, con un Satanás saltando de alegría porque pensaba que había matado al Hijo de Dios.

Los discípulos, discípulas, seguidores y seguidoras de Jesús sintieron en ese momento abandono, desolación, desarticulación, desesperanza. Pero cuando abrieron sus ojos y pudieron ver el verdadero milagro de vida, la resurrección de su líder, cuando pudieron reconocerle a través de las marcas de su compromiso (Lc 24. 30-31), entonces proclamaron con júbilo “ES CIERTO, EL SEÑOR HA RESUCITADO” (Lc 24:34). Y con esa convicción revolucionaria volvieron a la lucha.

La resurrección de Cristo Jesús fue la victoria contundente del proyecto de vida sobre la estructura de muerte y opresión que sometía al pueblo judío de aquel momento, y vino a ser el hecho fundante de la esperanza de vida nueva y digna que Dios crea y recrea en cada tiempo para cada pueblo.

Jesús de Nazaret experimentó la traición de uno de sus discípulos y el abandono de otros, en el Getsemaní sometió su voluntad a la de su Padre, sufrió el viernes de dolor y el sábado de silencio. Mientras las huestes del mal celebraban su victoria, irrumpió, triunfante JESUS RESUCITADO y en aquel domingo de resurrección rompió las cadenas de la muerte, arrebato las llaves de la libertad y se alzó triunfante para dar vida a los pueblos. Es por ello que desde la fe cristiana afirmamos sin vacilación que la resurrección de Cristo es nuestra resurrección.

Hoy por la gracia de Cristo, Nicaragua es un pueblo en resurrección, nunca más las cadenas infernarles de la opresión nos volverán a quitar nuestra libertad. Los poderes de la muerte han sido derrotados. Somos un pueblo amante de la vida y nos aferramos a ella. Somos un pueblo que pasamos de la insurrección a la resurrección, de la opresión a la libertad, de la muerte a la vida. Vivimos eternamente agradecidos con Dios quien con Jesús nos levantó de entre los muertos, para gozar de una vida plena y abundante.

Desde nuestra fe cristiana afirmamos que en Cristo somos más que vencedores y que nunca más viviremos un viernes de dolor, ni un sábado de silencio, pero si celebramos y vivimos con júbilo, con alegría, con fervor, en solidaridad y hermandad nuestro domingo de resurrección. Comprometidos con esa esperanza viva y con el mensaje de buenas nuevas para todos.