Tras felicitarle por su victoria en la urnas el pasado martes, el presidente Barak Obama ha amenazado por teléfono a Benjamin Netanyahu con reconsiderar el apoyo a Tel Aviv que su país mantiene desde hace decenios en Naciones Unidas. Horas antes, el político israelí intentaba quitar hierro al asunto.

“Somos aliados. Debemos consultarnos mutuamente, no establecer decretos ni imposiciones unilaterales, sino una paz negociada con nuestros vecinos y apoyo entre los aliados. Estados Unidos no tiene mayor aliado que Israel e Israel no tiene mayor aliado que Estados Unidos”.

La Casa Blanca respondía así a la promesa de Natanyahu de no permitir bajo su mandato la creación de un estado palestino, realizada en vísperas de los comicios

“Tendremos que ver qué clase de política y prioridades escoge el primer ministro”, declaraba un portavoz. “Pero estamos evaluando nuestra postura en estas cuestiones, dado que se ha alejado de los compromisos que Israel había asumido previamente”.

Las cosas podrían empeorar aún más ante las negociaciones sobre el acuerdo nuclear entre Washington y Teherán, al que Netanyahu se opone de lleno. Su intervención ante el Congreso estadounidense sin consultar con Obama ya había deteriorado notablemente la relación de ambos mandatarios.