La historia nos enseña que la humanidad siempre ha vivido aplastada por la bota de organizaciones terroristas que superan en armas; militarmente, a pueblos que no tenían ni tienen más que muestras de humildad para defenderse.

Así lo hicieron a partir de 1502, cuando nos descubrieron, o mejor dicho, cuando el infierno comenzó en La Tierra. Cuando decidieron violarnos, asesinarnos, saquearnos, esclavizarnos y casi desparecernos por nuestro oro, nuestras mujeres y nuestros niños. Nuestros bosques y nuestra libertad.

A partir de ese año la sangre empezó a correr y los pueblos tuvieron que llorar, rogar para que la muerte no se siguiera esparciendo. Un intento infructuoso porque hasta hoy las vidas continúan extinguiéndose por otros tipos de oro.

Y todo lo han hecho guerras. Hasta sus celebraciones son cultos a la oscuridad y a la muerte. Como el llamado “Thanksgiving day”; el Día de Acción de Gracias que conmemoran cada cuarto jueves de noviembre, recordando una “hermandad” entre indios y nobles que no era más que la conquista de uno y la masacre de otro.

Ni hablar de cómo han tenido millones de William Walkers que han tratado de comandar invasiones que han tenido éxito en innumerables ocasiones. Acá en Nicaragua no lo lograron; pero lo siguen intentando y Venezuela no escapa a estas amenazas.

Por ello la HISTORIA es una de las incontables razones, aunque haya demasiadas para tratar de explicarlas en este texto.

La segunda entonces es ese lazo de humanismo que engloba las nuevas estrategias de supervivencia de Latinoamérica: la COOPERACIÓN.

Si bien existen grupos minúsculos que escupen las relaciones de los países que conforman el ALBA (esa gesta heroica del Comandante Chávez) la resistencia se fortalece con el paso de los días.

Nicaragua participa en el ALBA gracias a la hermandad que el Comandante Daniel Ortega identificó que debía potenciarse. Unirse a Venezuela era y es colaborar en las opciones que le brindan al pobre hogares, alimentos, empleos, libertad y participación.

¿Cómo no defender a un pueblo y gobierno que tanto le ha dado a los nuestros? Si lo estamos haciendo devolviendo muchos beneficios aunque seamos una nación tan pequeña. Lo hacemos todos los días con nuestro trabajo, con nuestros cultivos, con nuestra ganadería, con nuestros intercambios en educación, con nuestras políticas de inclusión social.
Somos ejemplo de lo que se debería practicar en todo el mundo. Socios comerciales que no se traicionan y que siguen sumando adeptos; votos que confían en no regresar a la sangre de la que hablamos en la primera de nuestras razones.

Y así aterrizamos en la tercera de nuestras valiosas justificaciones. Esa que nos hace humanos, que nos hace hermanos.

Esa que un compañero de la clase “Historia de Nicaragua” que recibí en la universidad tatuó en mi memoria: “Si no defendemos a los nuestros y a nuestra historia; ¿qué vamos a defender?”

Lástima que no recuerdo el apellido de Eddy, un peruano (si no me equivoco) que me ayudó a comprender que nacemos de una sola Madre Tierra y que todos somos hijos del mismo Dios.

Por ello es que mi tercera razón es la SOLIDARIDAD, sobre todo porque durante un período corto pero victorioso trabajando en Caracas hice una gran familia. Amigos y hermanos que llevo en el corazón y el alma que todos los días me decían que a pesar del azote gringo que los trata de amilanar ellos eran y son felices.

Que todas esas armas que no distan mucho de ser nucleares no los hacen perder la paz que los hace bailar salsa y merengue con grandes sonrisas todos los días.

Allá tenemos hermanos y hermanas.

En Venezuela tenemos combatientes cotidianos, gente que necesita respaldo, que necesita que nuestras manos amigas permanezcan estoicas como esculturas de granito y como armaduras que no temerán nunca a la oxidación.

La HISTORIA nos demuestra entonces que debemos apoyar a Venezuela y a toda nación que esté amenazada por un demonio que urge de más sangre; que envidia los apretones de manos que se dan verdaderos líderes luego de empoderar a los pueblos con sus acuerdos de COOPERACIÓN.

Y ante ello debemos apelar, sin dudarlo, a la SOLIDARIDAD.

Así de sencillo.