El histórico barrio Acahualinca, sitio olvidado por el neoliberalismo en tiempos pasados, aloja hoy un Centro Tecnológico que llena de orgullo a sus pobladores. Allí, muchachos, muchachas y hombres ya maduros caminan de un lugar a otro haciendo pruebas eléctricas, soldando piezas de acero o bien poniendo oreja y ojo a todo lo que el maestro les explica frente a un pizarra.

Este grupo de jóvenes y señores serán los encargados de darle un nuevo rostro a Acahualinca y a los barrios aledaños, pues en los próximos años, seguramente proliferarán hombres con una cualificación profesional de primer orden.

El director del centro, Eduardo Hislop, explica que este fue fundado hace cuatro años, aunque como una escuela taller. Sin embargo, al pasar a formar parte del Tecnológico Nacional la dinámica de la formación mejoró sustancialmente y se incrementó la cantidad de estudiantes matriculados en cursos como electricidad, albañilería, soldadura, costura y reparación de motos.

“Ahorita tenemos aproximadamente más de 120 alumnos en los cursos técnicos y más de 200 en los cursos de habilitación (modulares)”, señala.

En el Tecnológico de este barrio es admirable ver a muchachas como Escoset Conde. Ella no tiene reparos en ponerse unos guantes, un peto, una máscara, y tomar el soldador para hacer unos cuantos “piques”. Tiene apenas un mes de haber iniciado el curso de soldadura pero desde ya sueña con instalar un taller. Pero “un taller diferente para crear mesas, comedores... porque para mí la soldadura es un arte”, asegura.

“Muchas personas creen que hay cosas para los varones y otras para las mujeres, pero no, eso no tiene nada que ver. En soldadura, en electricidad, las mujeres podemos hacer lo mismo que hace un varón”, expresa Conde.

Esta joven explica que hace muchos años quiso estudiar esta carrera, no obstante, los costos en que tenía que incurrir hicieron que diera un paso atrás. Ahora ella estudia y al igual que sus compañeros no paga un solo centavo: todo lo subsidia el Gobierno de Nicaragua.

Marisol Meléndez Camacho es otra joven que tiene fascinación por el soldador. “Estamos en un mundo desarrollado y las mujeres tenemos iguales oportunidades que los varones”, indica.

Meléndez quiere seguirse preparando y en un futuro poner un taller junto a su esposo.

En este centro no solamente las mujeres son la novedad sino también hombres que tras pasar los 50 años no ven ningún problema en capacitarse.

“Este es un curso de instalación y reparación de sistemas eléctricos residenciales. A mí me gusta porque yo tengo la edad de 58 años y quiero prepararme más”, manifiesta el señor Oscar Cuaresma, quien codo a codo con sus compañeros más jóvenes va acatando al pie de la letra las orientaciones del maestro instructor.

Cuaresma insta a la juventud nicaragüense a que aproveche esta oportunidad de formación, ya que es necesario que todos se preparen para llevar a Nicaragua por nuevas sendas de desarrollo.

De esto hace eco su compañero Roberto Carvajal. “Estos conocimientos son nuevos para mí, yo no sabía nada con respecto a la electricidad y ya he aprendido mucho a pesar que tenemos un mes de estar estudiando”, destaca.

Cabe señalar que la electricidad residencial y la soldadura son servicios muy demandados (y de los mejores pagados) en Nicaragua. El que desee formarse en esta u otra carrera técnica puede visitar los diferentes centros que tiene el Tecnológico Nacional al rededor de todo el país.