Lista de acuerdos aparte, el presidente egipcio, Abdel Fattah El Sisi, cuenta hoy con el espaldarazo político ruso, resultante de la visita del presidente Vladimir Putin, que medios políticos aquí calificaron de histórica.

Aunque las fuentes egipcias, las únicas a las cuales se permitió entrar a la rueda de prensa, se han abstenido de reportarlo, Putin partió la víspera de esta capital después de un almuerzo especial con su anfitrión, que lo acompañó al aeropuerto.

De comprobarse cierto el informe, el mandatario ruso partió en medio de una infernal tormenta de arena que desde hace dos días se abate sobre Egipto la cual limita la visibilidad en tierra a apenas unos 100 metros y obligó a suspender las llegadas de aviones comerciales tras dos aterrizajes forzosos.

Ambos mandatarios sellaron varios acuerdos que cubren un amplio espectro, desde la colaboración económica y fiduciaria, hasta la militar, pasando por la atómica con fines pacíficos y, sobre todo, la política.

El terrorismo no conoce fronteras, coincidieron en decir en rueda de prensa conjunta ambos jefes de Estado, una alusión importante para el mandatario egipcio, que libra una guerra sorda con movimientos islamistas en la península de Sinaí, desbordada al resto del país hace más de un año.

Más aún subrayaron de consuno que sus respectivos países "enfrentan hombro con hombro retos comunes" y por ello "acordaron continuar reforzando la cooperación militar dadas las actuales circunstancias".

En febrero de 2014 El Sisi viajó a Rusia en su condición de ministro de Defensa para sellar una compra de armas por un valor superior a los dos mil millones de dólares, justo en los momentos en Estados Unidos había suspendido la entrega de una parte sustancial de su ayuda castrense anual.

Enfrentados a críticas de los países de la Unión Europea y de Estados Unidos, ambos gobernantes han derivado a una relación con matices personales, a juzgar por el regalo del huésped a su anfitrión: un fusil de la serie Kalashnikov, cuyo valor es más simbólico que material.

Pero el hecho más relevante es el anuncio de que Egipto confiará a Rusia la construcción de su primera central átomo energética un contrato al que aspiraban varias firmas transnacionales.

La decisión trae reminiscencias de otro hito egipcio, la construcción de la Gran Represa de Asuan, legado del extinto presidente Gamal Abdel Nasser, erigida con la ayuda de la extinta Unión Soviética debido a que las potencias occidentales rehusaron proveer el financiamiento.