Las condiciones de hacinamiento en que viven muchas familias del municipio de San Fernando, departamento de Nueva Segovia, están llegando a su fin, gracias a los programas habitacionales que desarrolla el Instituto Nicaragüense de la Vivienda Urbana y Rural (INVUR) desde el modelo de alianzas con el gobierno local y las organizaciones privadas.

Desde este modelo, 67 familias del municipio han visto recientemente restituido su derecho a vivir con dignidad, ya sea mediante la entrega de viviendas completamente nuevas o a través de mejoramientos en la infraestructura de sus hogares.

De estas 67 familias protagonistas, 20 recibieron una vivienda nueva –10 en la comunidad Apalí y 10 en la comunidad Aranjuez-, mientras que el resto optaron por mejoras como la instalación de techos, construcción de paredes o la edificación de anexos.

En los lugares donde se entregaron viviendas nuevas, al recibir las llaves de sus casas, los rostros de mujeres, hombres y niños irradiaban felicidad, pues con esto finalizaba un período de andar posando en casa de familiares o amigos, lo cual les impedía establecer un hogar formal con perspectiva de futuro.

“Me siento muy alegre. Debo darle gracias a Dios ante todo y luego al Presidente, porque yo y mi esposo somos bien pobres y nunca hubiéramos podido tener una casa como esta. Yo veo esto como un sueño hecho realidad”, explica Elizabeth Trujillo, de 23 años.

Ella habita con su esposo y sus dos pequeños en la comunidad Apalí. Cuando hace un año les informaron que el Gobierno les entregaría una vivienda, se trasladaron hacia la urbanización y mientras finalizaba la construcción en el fondo del patio levantaron una vivienda provisional hecha con cospe (parte externa de los troncos de pino luego de aserrados).

El esposo de Elizabeth, Franklin Antonio Ortez, tiene 31 años y se dedica a las labores del campo. El cuenta que el año que pasaron en esa pequeña vivienda de madera a medio construir fue de continúa felicidad, porque les permitió ser testigos de cómo se iba edificando su futuro hogar.

“Nosotros vivíamos posando de un lugar a otro. Era bien difícil vivir así. Ahora me siento feliz porque mis zipotíos (hijos) van a estar mejor, ahora no van a sentir frío, no se van enfermar”, asegura Ortez durante el acto de inauguración de las viviendas en esa comunidad.

En Aranjuez, la felicidad no es menor, y la inauguración de las casas se convirtió en toda una fiesta, donde a los bailes se unieron declamaciones poéticas en agradecimiento al compromiso del Gobierno de ir resolviendo las necesidades habitacionales de los más pobres de Nicaragua.

“Anduve 15 años rodando (posando) de un lugar a otro junto a mi familia. Viví en casa de familiares, viví alquilando y gracias a Dios y al Presidente Daniel y a su esposa ya tengo mi casa”, expresa Sandra del Carmen Díaz.

Doña Sandra, su esposo e hija, se mudaron hace cinco meses a la nueva urbanización, y al igual que las familias de Apalí, desde una humilde casita de madera vieron surgir desde cero su nueva vivienda.

“Valió la pena. Ahí está mi casa hecha. Y espero que el Gobierno siga fijándose en las necesidades de la gente pobre y les siga ayudando”, manifiesta.

Un aporte simbólico

Es importante destacar que la restitución de este derecho avanza conforme a una serie de requerimientos sociales y económicos, y por tanto las viviendas no se levantan de un día para otro. De la misma manera demanda que las familias protagonistas de involucren de lleno en todo el proceso y que den un aporte simbólico de 300 dólares, lo cual es insignificante si se toma en cuenta que las viviendas tienen 40 metros cuadrados de construcción, dos cuartos, una sala comedor y servicios básicos. Todo esto en una infraestructura de concreto, con techo de zinc emperlinado, puertas de hierro y ventanas con persianas de vidrio. A ello hay que sumar un kit de muebles.

En este sentido, por sus escasos recursos económicos muchas de estas personas han tenido que trabajar arduamente lavando y planchando ajeno, yendo a los cortes de café o efectuando cualquier labor que les permitiera ahorrar los 300 dólares que darían simbólicamente por sus casas.

Así lo hicieron los jóvenes Erick Torres, de 23 años, y Julia Isabel Matey, de 22 años, quienes el día de la inauguración no pudieron asistir al acto debido a que se encontraban en las montañas cortando café para poder entregar su aporte. Quien recibió la vivienda fue Diana Isabel Rodríguez, madre de Erick.

“Ellos no están, andan trabajando cortando café para pagar lo que dieron por la casa. Ellos están aprovechando ahorita porque después de marzo ya no hay cortes y se les haría difícil conseguir todo el dinero. Ellos viven junto mí en mi casita, y ahora están felices que se van a poder pasar a un lugar mejor, a su propia casa”, afirma doña Diana.

Próximo fin al hacinamiento

La Presidenta Ejecutiva del INVUR, Judith Silva, subraya que el Gobierno está pendiente de las tristes condiciones en que aún viven familias como estas, de ahí que este dedicando gran parte de su esfuerzo en garantizarles un lugar digno donde habitar.

Silva reitera que el modelo de alianzas es fundamental para ejecutar programas como este, y destaca que las 20 viviendas nuevas entregadas en San Fernando fueron el resultado de la estrecha colaboración del INVUR, la Alcaldía municipal y American Nicaraguan Fundation (ANF).

Sin embargo, manifiesta que los beneficios para la comunidad van mucho más allá de las viviendas, pues en el proceso de construcción se trabajó con el Tecnológico Nacional para capacitar a nuevos soldadores, albañiles y carpinteros.

De acuerdo al Alcalde de San Fernando, Melvin Alfonso Ortez desde el 2007 se han entregado más de 700 soluciones habitacionales en ese municipio. Esto incluye viviendas nuevas y mejoramientos. Ortez afirma que gracias a este trabajo que se ha venido realizando falta ya muy poco para solucionar el problema de hacinamiento en que viven muchas de las familias de esta localidad norteña.