Cuascoto No. 1 es una comunidad del municipio de Tola, departamento de Rivas, que hasta hace un par de años estaba prácticamente incomunicada del resto de Nicaragua. La única forma de llegar a ella era a través de una intrincada red de estrechos caminos abiertos entre colinas y ríos, que en invierno se volvían intransitables.

Fueron generaciones completas de hombres y mujeres quienes aprendieron a vivir de esa manera: ajenos al desarrollo que poco a poco iba llegando a Nicaragua. Es decir, en esta comunidad el hielo, la televisión, una plancha, un celular, eran cosas de las cuales se tenían noción de su existencia, pero que nadie podía disfrutar debido a la falta de energía.

Con la construcción de la carretera, la llegada del servicio eléctrico solo era cuestión de tiempo, y este mes de enero ese sueño se hizo realidad cuando con la instalación de los últimos metros de red eléctrica se encendió la primera bujía, se prendió el primer televisor, se conectó la primera plancha y se cargó el primer teléfono celular.

Maura Felipa Álvarez es fiel testigo de ello. Esta señora manifiesta que con 60 años cumplidos y después de criar 9 hijos, es hasta ahora que podrá disfrutar de una vida más tranquila, sin tener que recurrir al candil, a la candela o a los viejos focos para iluminarse en las noches y las madrugadas.

“Yo crié a mis hijos en la oscurana. Para poderme iluminar tenía que encender un candil, una candela y a veces un foco, porque al no haber luz uno tenía que ingeniárselas para poder ver a los hijos y atender al marido”, expresa Álvarez.

Esta señora subraya que así como ella tuvo que criar a sus hijos sin energía eléctrica, su mamá también tuvo que hacer lo mismo.

“Aquí nunca ha habido luz. Yo llegué a mujer, me casé, crié mis hijos como me crió mi madre a mí, y aquí nunca hubo luz”, señala.

Sin embargo, para ella, lo más importante en estos momentos es que cuenta con el servicio y que sus nietos podrán vivir de ahora en adelante de una mejor manera a como lo hizo su mamá, ella y sus propios hijos.

“Yo estoy feliz. Esto es un gozo que nos ha dado el presidente Daniel”, asegura.

La casa de doña Maura, es una de las 44 viviendas a las que el Gobierno Sandinista, a través de la Empresa Nacional de Transmisión Eléctrica (Enatrel), les ha restituido este derecho.

Los 3.74 kilómetros de red instaladas para garantizar el servicio a sus 220 habitantes, son una muestra del gran esfuerzo realizado por los operarios Enatrel, quienes trabajando día y noche dieron un paso más en el cumplimiento del mandato presidencial de llevar energía a las comunidades más alejadas de Nicaragua.

Conscientes de este esfuerzo se muestra la gente joven de Cuascoto. Farik Álvarez tiene 30 años, y habita una humilde vivienda de madera junto a su esposa y sus dos pequeños hijos. El asegura que la energía le abre nuevas oportunidades en la vida, pues a sus labores como pequeño agricultor ahora surge la posibilidad de poner un negocio que le ayude a complementar las necesidades básicas de su joven familia.

“Quiero poner un negocio. Ahora que tenemos luz tengo ganas de hacer algo para tener una vida más cómoda. Aquí todos nos dedicamos al campo, a sembrar la comida, así que se puede vender aceite, jabón, gaseosas, todo lo que sirva para el ajuste de la casa”, indica.

Al igual que cualquier trabajador del campo, Farik se levanta muy de madrugada, y su esposa debía recurrir al candil y la candela para cocinar.

“Aquí uno se levanta temprano, pero ahora ya no tenemos necesidad de estar comprando el poquito de gas para el candil, ahora solo encendemos la bujía para alumbrarnos”, refiere.

De acuerdo a Elba Mendoza, Directora Técnica del Fondo para el Desarrollo de la Industria Eléctrica Nacional (Fodien), esta comunidad fue electrificada gracias a la inversión de 1 millón 850 mil córdobas, provenientes del gobierno de Nicaragua y del gobierno de Alemania.

Mendoza expresa que entre 2015 y 2016 la meta del Gobierno Sandinista es electrificar 1 mil 400 comunidades a nivel nacional, con lo cual se estaría logrando una cobertura del 90% del país.