Tras el drástico descenso de los precios del petróleo las perspectivas de la economía mundial son poco alentadoras y lastradas por la debilidad en otros sectores, afirmó hoy el FMI.

En la actualización de las perspectivas de la economía mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ponderó que el actual retroceso del valor del crudo es un factor positivo neto para el desempeño global.

De acuerdo con ese informe la economía mundial tendrá un incremento moderado en 2015-16, de 3,3 por ciento en 2014 a 3,5 en 2015 y 3,7 en 2016, lo cual representa una revisión a la baja de 0,3 por ciento en comparación con las previsiones realizadas en octubre.

Según el organismo internacional los nuevos factores que respaldan el crecimiento -la caída de los precios del petróleo y la depreciación del euro y del yen- están compensados por fuerzas negativas persistentes, entre ellas, las secuelas dejadas por la crisis y la disminución del progreso potencial en muchos países.

El consejero económico y director del Departamento de Estudios del FMI, Olivier Blanchard, comentó en la presentación del documento que la actual situación del mercado petrolero favorece a los importadores y perjudica a los exportadores de materias primas.

También explicó que es algo positivo para los países más vinculados al euro y al yen, y negativo para los que están relacionados con el dólar.

Según el informe en las economías avanzadas se proyecta un aumento del 2,4 por ciento en 2015 y en 2016, aunque es un panorama sin grandes cambios y oculta la creciente divergencia entre Estados Unidos, por un lado, y la Eurozona y Japón, por el otro.

Para las economías emergentes y en desarrollo el incremento se mantendrá más o menos estable en 4,3 por ciento en 2015 y aumentará a 4,7 en 2016.

La corrección a la baja del pronóstico de crecimiento mundial para 2015-16 revela la necesidad de incrementar un desempeño efectivo y potencial en la mayoría de las economías, lo cual significa un firme empuje de las reformas estructurales en todos los países, más allá de que las prioridades de políticas macroeconómicas no sean las mismas, concluye el FMI.