El 45. 9% de la población que confirma su catolicidad no salió del aire. Menos el 30.8% de los que se declaran evangélicos o el 20.3% de los nicaragüenses que son creyentes en la periferia de las denominaciones.

Estos son los hallazgos de la primera encuesta dada a conocer este año por M&R Consultores. Estamos hablando de que el alma nicaragüense se confiesa 97% cristiana.

Aunque representados en significativos porcentajes y en gráficos circulares, son seres de carne y hueso. Realidades, no inventos expuestos en barras. Tendencias a la baja o en alza, pero definitorias del campo espiritual nicaragüense.

La muestra reveló que ateos y agnósticos constituyen el 1% y otros, 2%. Proclamarse en estos márgenes del credo colectivo no significa que tal persona sea proclive a la mentira o constituya un mal ejemplo para la humanidad.

Así que hay que escuchar, globalmente, las consideraciones de este 100% consultado, aunque sus resultados, por ser propios de multitudes, no lo digieran políticos que nunca estrenaron una plaza convocada por sus aspiraciones. Y destacar la formidable idea del director de la firma, Raúl Obregón, de auscultar esos sentimientos, esas devociones, esa fe, que trazan el hilo conductor del encuentro entre la experiencia religiosa y la cívica.

No hay burbujas idílicas, utópicas ni míticas. Es lo que piensan: su visión de este mundo. Del atrio a la vida, este es el dato, por muchos peros que los pocos quieran ponerle: creencia, democracia, paz, economía, municipalidad, Canal, seguridad…
La muestra es verificable tanto por sus procedimientos como por algo simple: la vista y el sentido común.

Un sacerdote aceptó que hay una fuga de católicos de la Iglesia Romana. Un vicario de la Arquidiócesis de Managua, Masaya y Carazo, admitió en 2004 lo que ya entonces era una “hemorragia de fieles”.

En tanto, el crecimiento de las denominaciones evangélicas es notorio: no hay día sin cultos, cruzadas, campañas, ayunos, vigilias y para mucha gente, “ruido” en los barrios.

Para el señor Obregón sería imposible inventar a estos evangélicos bulliciosos para “acomodar” sus estadísticas. Así que solo un amargado, o ciego ante los hechos, podría consolarse con el desgastado cuento de el-gobierno-se-mandó-hacer- una-encuesta.

Algunas verdades

Del vasto pueblo, el 58.6% expresó una profusa simpatía partidaria por el FSLN. Sin embargo, esa confianza alcanza una progresión geométrica con otras evaluaciones: la escritora Rosario Murillo está en el tope de la tabla de las personalidades mejor valoradas con un 76.1%.

El presidente de la República, comandante Daniel Ortega, es la segunda personalidad con máxima puntuación positiva: 74.9%. Es decir, la sociedad nicaragüense se rebela contra la falaz narrativa de los extremistas en temas tan delicados como la soberanía nacional.

Es relevante que la encuesta se hizo en los días (13- 29 de diciembre, 2014) cuando los mínimos líderes quisieron montarse con sus manipulaciones y escándalos sobre preocupaciones naturales de un sector del campesinado en la ruta canalera. Aun así, la figura del comandante Ortega, lejos de caer, se remontó a la cima del favor ciudadano.

A estos números admirables, después de ocho años de Administración, cuando gobiernos impopulares y a veces ni tanto, se desgastan en el ejercicio del poder, se agrega que el 65.8% de los consultados aprueba la gestión del Presidente, mientras solo un 11.3% la desaprueba.

El cuadro que coloca al Gobierno Sandinista bien consolidado en la preferencia ciudadana, se completa con una evidencia que pasa de un mero porcentaje a marca: el 76% de la ciudadanía está convencida de que el Comandante lleva al país por la dirección correcta, frente al 13.4% que no lo ve así.

Todos estos números apuntalan a un liderazgo que conecta a las y los nicaragüenses con el país superior que quieren construir.

Y se ratifica, de nuevo, la voluntad popular que brilló con certidumbre en las urnas el 6 de noviembre de 2011. Las supuestas “dudas” de ese ejercicio democrático provienen de un minúsculo sector que se juzga, desde su pensamiento hegemónico, dueño absoluto del sufragio masivo. Son intolerables: o ganan ellos o hay “fraude”.

Con todo, el 73.3% afirma sentirse satisfecho con el funcionamiento de la democracia, contra un 17.7% insatisfecho.

El borroso 3%

¿Quiénes no reconocen a estas alturas el triunfo del presidente Ortega de hace tres años? ¿O qué grupo descalifica la encuesta porque no es apéndice, como algunos programas radiales, de sus portadas y editoriales? La derecha, que en general representa una solitaria simpatía del 8.1%.

Pero aun en esta suerte de luna menguante en el pastel gráfico, una parte del pueblo apoya lo que sería una centroderecha, representada por el PLC, con un 4.6%, antes que la súper publicitada fracción ultraconservadora: PLI, 2.7 % y MRS, 0.3%; en conjunto, un borroso 3% en la conciencia nacional.

No es “casualidad” que los “paladines” de papel periódico hayan entrado en un proceso de descomposición. El ahora dirigente del Partido Liberal Independiente, PLI, Eduardo Montealegre, suma sus calendarios en el deprimente ranking de los personajes desagradables de Nicaragua, con el 45.1%.

El excandidato presidencial del PLI, Fabio Gadea, ocupa la cuarta posición entre las personas insípidas para el paladar multitudinario: 28%. Su fracasada fórmula, Edmundo Jarquín, pulsa una lastimosa desaprobación del 26.3%, compartiendo dudosos honores con el difunto Anastasio Somoza Debayle.

Así se expresa la población devota en Nicaragua. Si la desolada oposición radical llegase a infamar que la gente “por miedo” no dice la verdad, irrespetaría a los fieles y al mismo clero y cuerpo pastoral del país. Los obispos, sacerdotes y pastores de verdad, no predican la cobardía ni es parte de su doctrina el engaño.

Pero, qué se podría esperar de la derecha conservadora: se creen fuego y no terminan de aceptar su condición de ceniza.