El adobloque es un sistema constructivo que desde hace algunos años viene dignificando la forma de vida de una gran cantidad de familias de la comunidad La Gallina, en el municipio de San Rafael del Sur. Estos adobloques son fabricados por las mismas mujeres de la comunidad y con ellos se edifican viviendas muy resistentes que poco a poco han sustituido aquellas viejas casas de ripios de madera, plástico negro y trozos de zinc.

Para hacer realidad este sueño han unido esfuerzos el Gobierno a través del Instituto de la Vivienda Urbana y Rural (INVUR), la Alcaldía de San Rafael del Sur, y organismos como Hábitat para la Humanidad, quienes brindando su apoyo a la comunidad han hecho que esta se empodere de este programa y se convierta en artífice de su propio bienestar.

Como parte de este esfuerzo se han entregado 22 nuevas viviendas a igual número de mujeres jefas de familia. Estas recuerdan cómo durante años tuvieron que pasar junto a sus hijos soportando las inclemencias del tiempo sin la posibilidad de mejorar su hogar debido a las difíciles condiciones de pobreza en que han vivido. No obstante, dicen sentirse felices porque todo eso que les tocó vivir es cosa del pasado, restando ahora trabajar más fuerte y continuar mejorando por sí mismas sus nuevos hogares.

Adina de Los Ángeles Mujica manifiesta que su antigua casa estaba hecha de madera vieja y protegida por un techo de zinc en pésimas condiciones, por lo que a cada momento corría el peligro de que le callera encima a ella y su familia.

“Yo viví durante 20 años en mi casa de tabla, era triste el invierno y siempre teníamos que estar recurriendo al Alcalde (de San Rafael del Sur) para que nos diera de ayuda zinc o plástico para que mis hijos no se mojarán”, afirma.

Muchas de las protagonistas son ancianas que luego de toda una existencia sumida en las penurias habitacionales que afectan a las familias más pobres de Nicaragua, ahora por primera vez pueden sentirse seguras y cómodas en una vivienda que cumple con todos los estándares de calidad que requiere la construcción de una vivienda.

“Es una bendición tener esa casita tan bonita, tan preciosa, bien preparada (construida), fresca. Yo me siento muy alegre, muy conforme, es una gran maravilla que Dios me ha mandado porque yo jamás en mi vida había esperado esa casa tan preciosa”, sostiene Margarita Cerda, de 73 años, quien por su avanzada edad no pudo apoyar en la fabricación de los adobloques, aunque esto no fue impedimento para que el Gobierno y las organizaciones que apoyan este programa dejasen de fijarse en la imperiosa necesidad que ella tenía de un nuevo hogar.

Las viviendas que se construyen bajo este sistema tienen unos 48 metros cuadrados, dos cuartos, una sala, un porche y techo de zinc instalado sobre perlines.

Para la Presidenta del INVUR, Judith Silva, este es un buen ejemplo del modelo de responsabilidad compartida, ya que la tarea de construir estas viviendas no recae solo en el Gobierno sino que son las mismas familias protagonistas las que se encargan de gran parte del trabajo.

“Esa es la responsabilidad compartida, de complementariedad que promueve el Comandante Presidente Daniel y Rosario”, destaca.

De acuerdo a Silva la idea de esta iniciativa es que se formen alianzas en donde las familias supervisen el uso de los recursos y participen activamente en levantar las casas donde vivirán.

La Presidenta del INVUR asegura que la comunidad La Gallina está compuesta básicamente por viviendas muy pobres, de tal manera que la meta es construir 50 viviendas más y así continuar dignificando la vida de sus pobladores.

El alcalde Noel Cerda afirma que con las 22 viviendas entregadas en esta ocasión se están completando un total de 50 viviendas construidas, representando esto una inversión de alrededor de 8 millones de córdobas.

Sin embargo, Cerda señala que el esfuerzo en el municipio ha sido mucho mayor ya que desde el año 2007 se han entregado más de 270 viviendas, de las cuales 130 fueron totalmente subsidiadas, es decir, las familias protagonistas no tuvieron que dar un solo córdoba.