Por segunda vez en su visita de estado y pastoral a Filipinas, el papa Francisco ofició hoy una misa bajo inclemencia del tiempo, seguida por millones de feligreses en esta capital.

Al igual que la víspera en Tacloban, en la región más golpeada por el potente tifón Haiyan, en noviembre de 2013, los asistentes desafiaron llovizna y vientos, lo que obligó allí al pontífice a cortar la estancia ante la amenaza de empeorar las condiciones.

Parte de su último servicio religioso de la visita, en el parque Rizal, de Manila, lo dedicó a las víctimas y damnificados de la catástrofe natural, que causó la muerte de más de siete mil personas y dejó poblaciones sin vivienda.

Una gran multitud, que soportó intermitentes lluvias, se concentró en el área y en las calles del recorrido del Papa, para saludarle, sujetos a estrictos dispositivos de seguridad, pero dejando abierta sendas con barreras para que el vehículo descubierto que lo transportaba transitara entre los devotos.

Antes de la misa, sostuvo una reunión con jóvenes de la Universidad Santo Tomás, en la cual echó a un lado el discurso que llevaba, cuando una niña de la calle, de 12 años, le preguntó entre lágrimas "por qué Dios permite estas cosas".

Ella y otros menores víctimas de abandonos presentes en el encuentro fueron salvados por la asociación no gubernamental Tulay Kabataan, que gestiona la casa de acogida que el Papa visitó el jueves por sorpresa.

Jorge Mario Berglorio, en palabras improvisadas, dijo que la niña hizo la única pregunta que no tiene respuesta y exhortó al auditorio a preguntarse si aprendieron a llorar cuando ven un niño con hambre, abusado, drogado, usado por una sociedad como esclavo.

A renglón seguido criticó la existencia de una "compasión mundana", que consiste solo en "meternos la mano en el bolsillo para dar una moneda".

Entretanto el diario digital MailOnline reportó que la policía hizo una recogida de menores de la calle y los recluyó en cárceles para mejorar la imagen de la capital mientras durara la presencia del jefe de la Iglesia católica, lo que el departamento de seguridad social refutó.