El papa Francisco ofició hoy una misa en la devastada ciudad central filipina Taclobán por el potente tifón Haiyan, coincidiendo con una jornada bajo los efectos de una amenaza de tormenta que se aproxima.

Miles de fervorosos creyentes, armados de paraguas y capas de aguas para protegerse de pertinaz llovizna y enfrentando el embate del viento se congregaron ante un altar erigido en una plaza de la municipalidad.

En un sermón pronunciado en español, el jefe de la iglesia católica dijo que cuando conoció de la catástrofe natural en noviembre de 2013, se hizo el propósito de llegar a Tacoblán y "he llegado tarde, dirán, pero estoy aquí".

Su estancia en la región más duramente golpeada por el arrasador fenómeno meteorológico fue un requerimiento en el programa de visita de cinco días concertado por el Vaticano con las autoridades de Filipinas.

Haiyán o Yolanda según la nominación nacional, provocó más de siete mil muertes, y dejó a un millón de personas sin techos, además de otros cuantiosos daños materiales.

Al llegar a Manila el Sumo Pontífice reiteró la intención de expresar su cercanía a quienes arrostraron sufrimiento, pérdidas y destrucciones causadas por el super tifón y transmitirles apoyo.

Catorce meses después de la tragedia, muchas de las comunidades de la región visitada continúan luchando por recuperarse con los apilados restos de edificios en ruina, y muchos pobladores sobreviviendo en vulnerables refugios temporales.