Cuando uno viaja a Ticuantepe lo primero que le atrapa son las enormes extensiones de piñas, que salpicando las suaves colinas le dan a este municipio lo que sin lugar a dudas puede ser considerado su matiz más pintoresco. La fertilidad de las tierras han hecho de la piña y de la pitahaya los cultivos más predilectos, no obstante la intensidad de la explotación ha tenido efectos nocivos para el medioambiente, que hoy los productores en asociación con el Gobierno están buscando como paliar.

Las experiencias exitosas ya son muchas, y solo basta dejar la carretera para darse cuenta de los buenos rendimientos agropecuarios, pues hay que aclarar que algunos pequeños productores además de cultivar la piña y la pitahaya también producen granos básicos, plátano, frutales y crían ganado.

Un ejemplo de esto es la finca de la señora Carmen María Canda. La finca tiene 3 manzanas de extensión y se ubica en la comunidad Los Ríos, muy cercana a la reserva natural El Chocoyero. Gracias al asesoramiento del Instituto Nicaragüense de Tecnología Agropecuaria (INTA), en esta pequeña propiedad doña Carmen, su marido y sus hijos han puesto en práctica los sistemas de conservación de suelo, cosecha de agua y diversificación de cultivos, de tal manera que cuando el verano llega la producción no se detiene sino que continúa dándole el sustento a esta familia.

Las tres manzanas de terreno tienen una pendiente bastante pronunciada, de tal manera que sin el uso de estos sistemas ni el cultivo de la piña ni los demás productos serían posibles más allá de unos cuantos años al año.

Para esta familia las curvas a nivel y la pila donde se deposita el agua de lluvia han resultado sus principales “machetes”, pues las primeras evitan la erosión del suelo y la segunda es la garantía de que sus plantas tendrán agua durante la época seca.

El hijo de doña Carmen, Everth Ruiz, explica que con esta pileta de 120 barriles de agua, cada tres días pueden regar las plantas y por tanto mantenerlas vivas y produciendo mientras regresa la temporada lluviosa.

Señala que al estar la pileta ubicada en la parte alta, el riego se hace por gravedad a través de una red de tuberías emplazada a lo largo de los cultivos.

“Es agua del invierno que la recogemos en la pila para que cuando pase el invierno nosotros reguemos las plantas”, manifiesta Ruiz.

En años anteriores esta familia tenía que lidiar en invierno con las grandes escorrentías. El sistema de diques y curvas a nivel usando plantas y árboles dieron una solución definitiva a este problema.

“Sembramos las plantas para que sostengan la tierra y no se erosione el suelo”, subraya este joven.

Plantas medicinales

Sin embargo, este sistema productivo va más allá de las cosechas de agua y la conservación del suelo. En esta propiedad, entre cada piña hay hileras de ruda, una planta medicinal que además de combatir la broca de la piña también representa un ingreso más para la familia.

De acuerdo a doña Carmen la ruda es usada para tratar dolores de cabeza, baños medicinales, y una decena de enfermedades, a lo que hay que agregar su uso en arreglos florales. En este sentido, ella y sus hijos cada tres días desraman la planta y la venden a 50 córdobas la libra.

Crianza de conejos

Últimamente esta señora y sus hijos ha optado por la crianza de conejos. Estas bellos animales son vendidos como mascota, y según explica la ventaja radica no solo en que no necesitan de gran cuidado sino en que alcanzan un valor de 100 córdobas cada uno.

“Ellas (las conejas) tienen (paren) alrededor de 8 o 9 conejos (crías) y eso lo ponemos a la venta y lo damos a 100 córdobas cada conejo”, expresa.

Mejor alimento para ganado

No muy lejos de esta finca está la de Reynaldo Sotelo. El INTA tiene proyectado convertir las 7 manzanas de su propiedad en una finca modelo en cuanto a cultivos y crianza de ganado.

Don Reynaldo señala que en dos manzanas cría vacas y pelibueyes mientras que en el resto cultiva granos básicos, plátano, pitahaya y piña.

Si bien en la finca aún hay mucho trabajo por hacer en cuanto a las tecnologías que promueve el INTA, este productor ya ha empezado a ver los resultados de algunas de ellas.

Don Reynaldo recuerda que antes cuando iniciaba el verano sus animales sufrían pues el pasto se secaba y no tenía qué darles de comer. Ahora, luego que sale la cosecha de maíz y frijoles toma los rastrojos, los combina con agua y urea que luego de unas cuantas semanas se convierten en un alimento muy nutritivo para el ganado durante lo más duro de la época seca, es decir, febrero, marzo, abril e incluso las primeras semanas de mayo. Este sistema se llama amonificación de rastrojos y el beneficio también se materializa en un enorme ahorro de dinero, pues ahora sus animales se mantienen fuertes y resistentes, y por tanto no tiene que estar comprando más alimentos y medicamentos innecesarios.

“Gracias a Dios hemos tenido buenos resultados con el INTA”, asegura Sotelo, quien destaca que esta institución también le está entregando árboles frutales para reforestar la finca.

Eduardo Espinoza, técnico de la delegación del INTA en Ticuantepe, subraya que los productores poco a poco han ido dándose cuenta de las ventajas de desarrollar en sus propiedades sistemas agrosilvopastoriles.

Al respecto, explica que suelos con 45 grados de pendiente o más tienen vocación forestal.

“Como la gente tiene ganado nosotros le hemos inducido que en la parte con mayor pendiente la dediquen a la parte forestal estableciendo plantas de importancia para la alimentación ganadera”, indica Espinoza.

Solo para dar un ejemplo de este esfuerzo basta decir que en la finca de don Reynaldo se sembraron 70 árboles de marango, una especie forestal que puede ser usada para alimento de ganado, para consumo humano e incluso para tratar muchas enfermedades.