Eran las 5:27 de la tarde del jueves 10 de abril del 2014. Faltaban pocos días para el inicio de la Semana Santa y los nicaragüenses se preparaban para conmemorar el martirio y la resurrección de Jesucristo, cuando algo parecido a una locomotora desbocada estremeció la tierra. Un terremoto magnitud 6.2 estaba ocurriendo y en sus 45 largos segundos de duración Nicaragua entera estuvo en vilo, esperando lo peor.

Cuando el movimiento telúrico hubo finalizado en diferentes municipios de Managua y León reinó el llanto: miles de familias que lo habían perdido todo. No hubo muertos, pero las viviendas colapsadas o con enormes fisuras daban testimonio de la intensidad del fenómeno, que de acuerdo a los expertos llegó a uno de los niveles más altos en la Escala Sismológica de Mercalli.

El terremoto tuvo como epicentro el Lago Xolotlán, frente a las costas de Nagarote, y constituye uno de los más catastróficos que han ocurrido en el país. No obstante a diferencia del terremoto que destruyó Managua en 1972, esta vez Nicaragua estaba preparada e inmediatamente el Gobierno emitió una Alerta Roja, empezando una movilización general para socorrer a las víctimas entregándoles alimentos, frazadas y trasladándolas hacia lugares más seguros.

Apenas se estaba consolidando el registro de daños, cuando a las 2:30 de la tarde del siguiente día otro sismo, está vez más fuerte, volvía a desatar el pánico. Este llegó a una magnitud 6.6 y tuvo su epicentro en Nandaime, a más de 100 kilómetros de profundidad.

En ese momento la alerta superó todos los colores, y quienes no se habían sumado a la emergencia lo hicieron ante el temor de que algo peor pudiera suceder, ello a pesar de que este segundo terremoto no causara daños mayores.
En Managua la intranquilidad de las familias -las cuales se sumaron al aviso del gobierno de que era mejor dormir afuera de sus viviendas- se vio justificada el día domingo 13 de abril cuando casi a media noche un sismo de 5.6 sacudió los alrededores del Volcán Apoyeque.

Para fines de mes estos fuertes sismos y sus réplicas habían dejado más de 2 mil 300 viviendas destruidas, semidestruidas o dañadas en Managua y León, más otras tantas en distintos departamentos. A ello hay que sumar daños en escuelas, centros de salud y hospitales.

Sin embargo, ya para finales de mayo el Gobierno estaba entregando las primeras viviendas a las familias afectadas. Estas cumplen con todos los estándares de seguridad constructivos y por tanto están mejor preparadas para soportar un nuevo terremoto. El proceso de entrega ha continuado hasta la fecha, y en Managua se avanza en la construcción de viviendas en la urbanización Ciudad Belén hacia donde fueron trasladas las familias que habitaban los edificios de los antiguos escombros de la capital.

Mineros soterrados

Otro de los acontecimientos que marcó este 2014 fue la tragedia de los mineros soterrados en Bonanza. Aquel 28 de agosto a las 10 de la mañana la tierra prácticamente se tragó a 29 mineros artesanales, y en las primeras horas solo 2 habían logrado escapar a una muerte casi segura.

La noticia se expandió rápidamente dentro y fuera del país, y por orientaciones del Presidente de la República, Daniel Ortega, se enviaron expertos en búsqueda y rescate quienes junto a los compañeros de los desaparecidos iniciaron una labor que parecía imposible de ejecutar. Más de 30 horas después de ocurrido el hecho, se logró sacar con vida a 20 mineros. Los días posteriores continuó la búsqueda de los restantes desaparecidos sin embargo, las difíciles condiciones dentro de la mina y el inminente riesgo de muerte para los rescatistas hizo que estos desistieran en los trabajos.

El Gobierno ha prometido mejorar la vigilancia en la industria guirisera, y como parte del acompañamiento en esta tragedia entregó viviendas a las familias que aquellos mineros desaparecidos durante la tragedia.

Terremoto de 7.3

El país no lograba resignarse a esta pérdida ni superar los efectos de los sismos de abril, cuando un nuevo evento volvió a estremecer la vida de los nicaragüenses. Eran las 10 de la noche del 13 de octubre cuando un terremoto magnitud 7.3 se dejó sentir con toda su fuerza, ocasionando pánico entre las familias. El sismo ocurrió frente a las costas del Océano Pacífico y activó las alarmas de tsunami, de tal manera que la Defensa Civil, las instituciones de socorro y los Gabinetes de la Familia empezaron a evacuar los centros poblacionales a orillas de las playas. Finalmente las olas no llegaron a tierra, pero quedó demostrada la preparación institucional y la conciencia de los familias ante eventos de este tipo. Al día siguiente el recuento de daños indicaba 29 viviendas semidestruidas, y un centro de salud, una escuela y tres iglesias también afectadas.

Muerte en el 18 de Mayo

En esos días, sobre el país entero se dejaban caer incesantes lluvias. Managua como siempre destacaba como la ciudad más vulnerable dado el desorden urbanístico heredado desde el terremoto de 1972. Fue a las 8 de la noche del jueves 16 de octubre. Mientras las calles de la capital lucían congestionadas por una fuerte tormenta, en el Barrio 18 de Mayo muchas familias estaban dormidas o a punto de hacerlo en sus humildes viviendas cuando una especie de trueno se dejó sentir con toda su fuerza. Soñolientas, estas pensaban que había caído un rayo, pero el ruido que escucharon fue la inmensa pared de una urbanizadora fracturándose y desplomándose sobre la zanja donde se asentaba el barrio. En pocos minutos unidades de bomberos y de la Defensa Civil se hicieron presentes al lugar. Ante la magnitud de lo que había sucedido las probabilidades de que alguien hubiese sobrevivido eran prácticamente nulas. Pero los milagros existen, y horas después los rescatistas lograban sacar con vida a dos niñas de 3 y 6 años y a dos adultos. Las labores de rescate continuaron hasta muy entrada la mañana del viernes 17. Al final la tragedia cobró la vida de 9 personas.

Mientras se sacan los cuerpos y ocurrían los milagros de las personas rescatadas, los Gabinetes de la Familia y el Sistema Nacional de Prevención, Mitigación y Atención de Desastres (Sinapred), veían que era inminente una tragedia mucho peor dada las condiciones del terreno. En ese momento se empezó a evacuar a las familias hacia un centro educativo cercano, donde el Gobierno Sandinista dispuso comida, frazadas y la atención médica necesaria para garantizar el bienestar de los damnificados. Actualmente el Gobierno está en proceso de trasladar a estas familias a un lugar más seguro, donde tengan a la disposición todos los servicios básicos para que puedan vivir con tranquilidad.

Lluvias que traen destrucción

Aunque la ocurrida en el Barrio 18 de Mayo fue la tragedia que mayor impacto causó en la sociedad, las lluvias se saldaron con graves afectaciones y muertes en cada uno de los departamentos del país. Mientras duró la emergencia por lluvias, la Coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía, Compañera Rosario Murillo, informó a cada momento el recuento de daños y las acciones emprendidas por el gobierno para brindar respuesta a las familias.

Particular mención merece la Isla de Ometepe, en lago Cocibolca. En este paradisíaco lugar el 7 de octubre cayeron las peores precipitaciones de la época, reportándose el récord histórico de 378 milímetros de lluvia en el municipio de Altagracia en apenas 24 horas. Eso provocó varios deslaves en las faldas del volcán Concepción, matando a una niña, destruyendo viviendas, afectando las vías de comunicación y provocando la evacuación de decenas de familias.

Para dar una idea de la magnitud de lo que estaba ocurriendo, el día 21 de octubre se reportaba un consolidado de más de 12 mil familias afectadas y más de 6 mil 300 viviendas con daños estructurales o totalmente destruidas.

Incendio en Mercado Oriental

Una bomba que tarde o temprano explotará. Así definen los expertos al Mercado Oriental. Con más de 18 mil tramos es el más grande de Centroamérica, pero su crecimiento ha sido desordenado, y la falta de hidrantes, las malas conexiones eléctricas y sus calles estrechas podrían hacer que un incendio de grandes proporciones se vuelva incontrolable. La tarde del 3 de diciembre ese temor se vio patentizado en un incendio que redujo a cenizas 4 tramos. Las unidades de bomberos se movilizaron al lugar y sofocaron las llamas, mientras la Policía Nacional se encargaba de resguardar el orden.

Los daños solo fueron materiales, pero sirvió a las autoridades a reevaluar su plan de respuesta y a reforzar las inspecciones en cada uno de los tramos para evitar que algo similar o peor vuelva a ocurrir.

Atención a familias del Corredor Seco

Este año, un fenómeno que amenazaba con causar enormes daños fue la sequía. En el Corredor Seco de Nicaragua –correspondiente a los departamentos del Centro y Norte del país- las pérdidas en los cultivos fueron significativas, sobre todo porque allí la falta de precipitaciones fue mucho más marcada que en los demás departamentos. Muchos campesinos perdieron sus cosechas.

El gobierno consciente del problema dispuso un plan de atención médica y de entrega de paquetes alimentarios solidarios para 45 mil familias. A la par de eso se trabajó con los productores y expertos en agricultura en el uso de tecnologías o técnicas agropecuarias que disminuyeran la vulnerabilidad del país ante el cambio climático.

Modelo funcionó

A pesar de la destrucción causada y de las vidas perdidas durante todas estas emergencias, un hecho fundamental fue el funcionamiento del modelo participativo de Familia, Comunidad y Vida, gracias al cual se logró la eficaz articulación con las instituciones del Estado para evitar un mayor número de muertes.

Igualmente destacable fue el permanente flujo de comunicación con el pueblo, ello gracias a que ante un evento, y sin mediar la hora o el lugar, la Coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía, Rosario Murillo, expuso al pueblo los pormenores de lo ocurrido y las acciones emprendidas por el Gobierno Sandinista.