Sembrar Amor

Así ha dicho usted. Es lo que necesita Nicaragua. La Navidad es reflexión, es limpiar el camino, corregirlo para así, con la bendición de Dios, llegar al destino seguro.

Hay, es cierto, gente que prefiere sembrar no precisamente amor.

Lo más fácil es odiar. Y, efectivamente, como usted dice, el odio contamina y corrompe.

El odio endurece los corazones y los incapacita ver la Navidad o la alegría de una familia que toda la vida permaneció excluida, viviendo, si acaso se le puede llamar vida, en los últimos restos de la ciudad destruida por el terremoto.

Esta Navidad no solo son los Nacimientos en la Avenida Bolívar/Chávez, sino los Renacimientos de las familias damnificadas de este y todos los años.

Acordarse de los que nadie antes se acordó, atender a la gente necesitada, sin preguntar si es la familia de “fulanito de tal”, el que vive en los escombros de 1972 o en las casas dañadas por el terremoto de 2014, es vivir de nuevo la Parábola del Buen Samaritano. Si, aquella buena persona que al toparse en el camino con un hombre malherido, víctima de los asaltantes, se solidarizó, llevándolo hasta el mesón, y encargándolo al propietario para su debida atención, hasta que se restableciera, con los pagos incluidos.

El Amor verá Solidaridad, el diccionario de la RAE, Caridad: “Actitud solidaria con el sufrimiento ajeno”. El odio dirá cualquier barbaridad. Y no es asunto de que “cada cabeza es un mundo” o “según el cristal con que se mire”. Para Jesús, eso no funciona. Lo que sí hay son dos clases de árboles: el bueno y el malo.

Ningún árbol bueno produce malos frutos. Y he aquí, los buenos frutos. Por eso, el Rabí de Nazaret nos dice: “Por sus frutos los conoceréis”.

Feliz Navidad
24 de Diciembre 2014
Edwin Sánchez y familia