Siendo este un año electoral en Estados Unidos, en donde el presidente Obama no las tiene todas consigo debido a la incertidumbre económica, la contienda electoral con el candidato republicano Mitt Romney, promete ser muy reñida.

En la Florida se dá una situación particular con el fanático exilio cubano.  Este sector extremista junto con los somocistas nicaragüenses, constituye un formidable bloque de votantes, que podría ser crucial para decidir quien será el próximo inquilino de la Casa Blanca.

Esta coyuntura  de potencial vulnerabilidad para  Obama en la Florida enmarca el dilema de la Casa Blanca de otorgar o no los waivers a Nicaragua.

Un fanático sector minoritario de la cada vez mas reducida extrema derecha nicaragüense oportunísticamente está conspirando con el violento exilio de Miami para colocar el tema de Nicaragua en el debate presidencial norteamericano.

Tanto la oposición parlamentaria nicaragüense como los grandes empresarios patrióticos representados en AMCHAM y el COSEP, han dado muestras inequívocas de cerrar  filas con el presidente Ortega frente a lo que sería una clara agresión a la economía nacional.

La sociedad nicaragüense está consciente que muchos de estos ciudadanos estadounidenses confiscados, fueron criminales de guerra y esbirros de la tiranía somocista.  La imagen de Estados Unidos y sus acólitos en Nicaragua se verá grandemente desprestigiada al provocar una desestabilización económica del país, por defender los derechos de personajes de triste recordación.

Para los nicaragüenses será no solo una  debacle moral defender los derechos de muchos verdugos somocistas, sino también hacerlo en forma retroactiva.  Una gran parte de los confiscados eran nicaragüenses al momento de ser confiscados y adquirieron la ciudadanía norteamericana a posteriori.

Si Obama otorga el waiver  provocará la ira de los cubanos  y nicaragüenses de Miami, debilitanto su reelección.  Si niega el waiver, corre igualmente el riesgo de unificar  a la sociedad nicaragüense alrededor del presidente Ortega, fortaleciendo aun mas los ya elevados niveles de aceptación del mandatario Sandinista.

En el plano latinoamericano, el panorama de los waivers tampoco es halagador para la Casa Blanca, dada la segura reelección presidencial de Hugo Chavez en Venezuela, fuerte aliado del presidente Ortega y la automática solidaridad con Nicaragua por parte de los países del ALBA, quienes cerrarán filas con el presidente nicaragüense.

La ayuda bilateral estadounidense tiene en el actual contexto de la masiva cooperación venezolana, un valor mas simbólico que real, dados que los montos de la ayuda de Washington no representan ni el 10% de la cooperación de Caracas.

Analistas políticos serios han señalado que la ayuda que Washington cortaría al no otorgar los waivers sería mayormente en los rubros del combate al narco-tráfico y el crimen organizado, tema sensitivo para Estados Unidos y que está incluído entre las prioridades de la agenda bilateral entre Washington y Managua.

Irónicamente, los daño político para el presidente Ortega ante la negativa de los waivers sería mínimo, por no decir inexistente, convirtiéndose en una victoria pírrica para Washington y un baldon de vergüenza para una cada día mas fragmentada y desprestigiada oposición antisandinista.

Sin proponérselo, la Casa Blanca se ha colocado a si misma en un callejón sin salida.  Hagan lo que hagan, los mayores perjudicados políticamente serán ellos.  El dejarse llevar por el desprestigiado exilio cubano de Miami y por la mercenaria “sociedad civil” nicaragüense han ubicado al equipo Obama-Clinton ante un serio error de cálculo,  transformando al presidente Ortega en un gato montés que lo tiren como tiren, siempre caerá parado.

Con razón la embajadora estadounidense en Nicaragua, Phyllis Powers decía que era sumamente difícil para Washington aprobar los waivers.  Tanto Ronald Reagan hace 3 décadas como Barack Obama hoy, descubrieron que Daniel Ortega es un presidente que ni se vende, ni se rinde.