La colonial Granada tiene una forma muy particular de celebrar La Purísima. Desde el 29 de noviembre hasta el 7 de diciembre, el pueblo acompaña a la bella imagen en su largo peregrinaje por las nueve calles principales de la ciudad, levantándole altares y venerándola con gran amor. Sin embargo, esta tradición tiene una historia interesante y compleja, desde la colonia hasta nuestros días.

Antes de adentrarse a la época de oro de La Purísima, el cura párroco de la Iglesia San Francisco de Granada, Mario Campos, indicó que esta historia vasta y rica, inicia desde que la venerada imagen aparece en los primeros años del siglo XVIII, en las playas del Gran Lago.

El religioso explicó que la imagen estaba en la capilla del Castillo de la Inmaculada Concepción, en la confluencia del Río San Juan y el Gran Lago de Nicaragua. Expuso que en aquel entonces, los fieles la salvaron de los piratas, quienes no profesaban el catolicismo. “Embalaron la imagen y la tiraron río arriba”.

Desde entonces, el padre Campos explicó que los granadinos la adoptaron como patrona. Además que recuerda que fue la década del 60 y 70, cuando se generó un esplendor inusitado por la veneración de La Purísima. Expuso que a diferencia de otros departamentos de Nicaragua, como León y Managua, en Granada no se reparte ‘gorra’ (juguetes, comida y dulces típicos), siendo de esta misma forma que se celebró La Purísima en sus dorados tiempos.

“La época de oro de la Purísima en Granada se gastaba cualquier cantidad de dinero en iluminación y arreglo de las calles. Era un espectáculo donde se abonaba folclor, fé, costumbres y tradiciones. Desde en la mañana se hacía el rosario, y luego una eucaristía por la noche; y el 8 de diciembre se hacía una misa solemne, como se ha hecho hasta ahora”, refirió el padre.

La Felipota y el peregrinaje

El párroco de la Iglesia San Francisco de Granada, recordó que finalizando el siglo XIX, había una señora, comerciante ‘fuerte’ del mercado de esta ciudad, que era conocida pintorescamente como ‘La Felipota’. A esta mujer, quien trabajaba como ‘destazadora de cerdos’ se le agravó su hija de una terrible enfermedad, entonces La Felipota le solicitó al cura de la época, don Silvestre Álvarez, párroco de la antigua parroquia de Granada, que le llevara la imagen de la Virgen hasta su casa, en la calle Cuiscoma, y de esta manera se mejoró su hija. Al año siguiente, los devotos de la calle Xalteva solicitaron la imagen, y así sucesivamente, otros feligreses, de otros barrios, solicitaban a la Virgen, hasta convertir este largo peregrinaje en una tradición.

El párroco Mario Campos explicó que la imagen de la Virgen ha pasado por una gran cantidad de vicisitudes, sin embargo continúa viva, irradiando su amor hacia sus hijos e hijas. Contó el padre que la bella imagen fue incluso salvada del incendio que provocaron los filibusteros encabezados por William Walker, cuando la iglesia ardió en noviembre de 1856; y los filibusteros, al ver que las llamas no botaban las paredes del templo, las cañonearon y les pusieron cargas de dinamita, pero la imagen de la Virgen fue salvada de manera prodigiosa, alguien penetró entre las llamaradas y la salvó.

También cuenta el líder religioso que los filibusteros se llevaron, con rumbo desconocido, una representación de una serpiente enorme que sostenía a la Virgen en su base. Según las crónicas, Campos, explicó que esta serpiente de oro había sido donada por un pudiente 'hulero' del Río San Juan de Nicaragua.

“A este hombre lo mordió una serpiente terciopelo, que es mortífera, y en los estertores de la agonía invocó a la Virgen, vomitó todo el veneno, y en agradecimiento mandó a hacer la serpiente en oro y ponérselo a los pies de la Virgen. Pero todo esto desapareció”, dijo el párroco de la Iglesia San Francisco, haciendo alusión al saqueó que protagonizaron los filibusteros norteamericanos en este país centroamericano.

Los ricos dulces típicos

Aunque los tiempos de oro de La Purísima siguen siendo recordados con nostalgia, los granadinos no dejan de venerar a la Inmaculada con mucho amor. Y como ya ha sido contado, aunque estos devotos no reparten ‘gorra’ en las fiestas en honor a la Santísima Madre, sí hay muchas familias que por herencia, no escatiman dar aunque sea dulces típicos durante estas fiestas marianas. Valiéndose de esta tradición, han crecido muchos pequeños negocios de cajetas, caramelos y gofios en el mismo centro de la ciudad.

Rosa Leonor Fuertes, gerente propietaria y fundadora de la popular Dulcería ‘La Miel’, es una de las granadinas que se han animado durante muchos años a vender y distribuir, durante La Purísima, las exquisitas cajetas rosadas y negras de coco, limones, coyolito, alfajor, piñonates y cajetas de leche.

“Ya para cuando viene La Gritería toda la gente comienza a hacer sus encargos; se mueve bastante este comercio de dulces típicos. Este trabajo yo lo vengo conservando de generación en generación; es una tradición que tenemos, desde mi abuelita”, expresó Fuertes.

Para Ocdulia Mena, trabajadora de la Dulcería ‘El encanto’, el hecho que en Granada no se reparta la tradicional ‘gorra’, no significa que los dulces típicos sean un sinsentido en Granada, sino todo lo contrario. Partiendo que esta ciudad es visitada por cientos de turistas extranjeros que celebran a la Virgen en los países donde residen, “y siempre vienen a Granada a comprar estas cajetas, para repartirlas con fé y devoción”.

“Aquí se elaboran todo tipo de dulces. Para las Purísimas son los dulces de tuquitos, como son la cajeta de coco, cajeta de leche, coco negra, coyolito, piñonate de coco, piñonate de papaya y los gofios. Trabajamos toda la familia. Elaboramos a diario estas cajetas, porque creemos que hay que mantener siempre esta tradición activa, que no se pierda con el tiempo”, advirtió.

De esta forma, los granadinos manifiestan su amor, fé y devoción a la Inmaculada Concepción de María. En una ciudad tan cosmopolita como esta, el turismo religioso es otro gran potencial para esta temporada, así, desde este 29 de noviembre hasta el 8 de diciembre, las oleadas de turistas extranjeros no dejan de inundar a La Gran Sultana, para ser parte del amplio recorrido de la bella imagen y la alegre fiesta en honor a la Madre Protectora y Venerada que nos cobija a todos.