La ciudad de Masaya, cuna del folclor nicaragüense, vivió este domingo una jornada llena de tradición y riqueza cultural, en la que decenas de danzantes populares recorrieron las principales calles para ir bailando de vivienda en vivienda, una tradición milenaria conocida como el baile de Negras.

Vestidos de coloridos trajes satinados, de encajes diversos, otros llevan impresos bellos paisajes o algo que representa la cultura popular de Masaya, los jóvenes demostraron que el baile lo llevan en sus venas, una promesa que cumplen en honor a San Jerónimo, el doctor que cura sin medicinas. También utilizan mascaras de cedazo para esconder sus rostros, mientras se escucha las marimbas por todos lados.

“Los masayas de cara a preservar la raíces culturales abrimos la puerta de nuestras casas para recibir a estos jóvenes que se preparan todo el año. Esto viene de generación en generación”, dijo don Fernando Meneses, propietario de la Panadería Meneses, quien recibió en su hogar a los danzantes.

Maynor López, joven danzante que tiene dos años de bailar a San Jerónimo, manifestó que la tradición no debe ser olvidada “y es un orgullo salir en estas fiestas, porque de esa manera honramos a nuestro santo patrono”.

Cada año, todos los domingos de noviembre, las familias de Masaya salen a las calles a bailar marimba, los diferentes sones de la cultura popular de la ciudad de las flores, una tradición que gusta a miles de visitantes de todo el país. En cada hogar que visita, el propietario se anima a regalar refrescos, golosinas o comida a los bailares y visitantes.

Formados en grupos de dos o más parejas, los bailarines se concentran en el atrio de la Iglesia San Jerónimo, posteriormente se disgregan por todas las calles a visitar las viviendas para bailar y cumplirle a San Jerónimo.

En el Baile de Negras, jóvenes se visten inspirados en gitanos, húngaros, marineros, toreros, hawaianos, andaluces, y hasta de charlestón. En la mujer, se observa cómo con sus dedos de la mano izquierda levanta la falda, mientras con la otra mano mueve de forma elegante el abanico.