“Hay sectores dentro del país que están charchaliando de felicidad porque los demócratas fueron vencidos…y parece como que no han dimensionado que los Estados Unidos no tienen amigos, únicamente tienen intereses” Moisés Absalón Pastora, analista político nicaragüense.

A dos semanas de celebradas las elecciones congresionales de mitad de período en el congreso de Estados Unidos, el panorama político en el país del norte y en nuestra Nicaragua revela que ni es el fin del mundo, ni es tan probable que se van a producir los “inevitables” cambios que tanto anhela la oposición antisandinista, para que los gringos les hagan “el favor” que ellos mismos son incapaces de hacer.

Aun no había concluido aun el escrutinio total de las elecciones parlamentarias de mitad de período en Estados Unidos cuando ya la derecha nacional e internacional se “saliviaba” con que ahora si la potencia del norte pondría en su lugar a Chavistas, Sandinistas, Socialistas y Comunistas del continente latinoamericano.

Un voluminoso comentarista de la televisión local, que hace pasar sus gritos y diatribas por análisis políticos, llevaba semanas practicando “onanismo político” con la victoria republicana en el congreso, la cual obviamente se veía venir, tanto por las encuestas como por el patrón histórico de votación del electorado estadounidense.

Los resultados de las elecciones congresionales de mitad de período, aunque no pueden ser catalogados como una victoria pírrica, vistas en su conjunto, interpretadas en una perspectiva global, constituyen un débil logro, solo para no calificarlos como una falsa victoria.

No fue la ira republicana la que derrotó a los demócratas sino el voto castigo de los inmigrantes, particularmente latinos, decepcionados con las promesas incumplidas del presidente Obama. Los republicanos simplemente supieron manipular el descontento de las mismas bases demócratas para avanzar su agenda en defensa del gran capital y las corporaciones multinacionales.

En primer lugar, del total de votantes aptos para votar, únicamente votó el 36.6%. Eso significa que el 63.4% de los votantes que podían votar, casi 2/3 partes, no votaron. O sea que una abrumadora mayoría, 2 de cada 3, no consideraron esta elección lo suficientemente importante como para salir a votar.

Esto no significa que el nuevo control republicano del senado y el afianzamiento del control de ese partido de la cámara baja o cámara de representantes no es real. Los nuevos senadores y diputados, electos están y electos estarán al menos por los próximos dos años, pero sin tener el impacto que los energúmenos criollos pretenden asignarle.

En segundo lugar, por muy contradictorio e ilógico que parezca, Obama ahora está más fuerte que nunca. Obama seguirá siendo el presidente de los Estados Unidos hasta el 2016. La presidencia estadounidense ha sido correctamente catalogada como la presidencia imperial por tener poderes que bien podrían considerarse dictatoriales.

Obama posee dos poderosas herramientas en su arsenal presidencial para impulsar su agenda o al menos impedir que los republicanos le impongan la de ellos. Una de esas herramientas es el poder del veto. El presidente puede de un plumazo bloquear cualquier anteproyecto que apruebe el congreso e impedir que se convierta en ley si el así lo considera.

Para que el congreso pueda anular un veto presidencial, necesitará el voto de las dos terceras partes tanto del senado como de la cámara de representantes. Esto parece imposible ya que los republicanos no poseen tal súper mayoría. Con las elecciones presidenciales a 2 años, muy pocos demócratas se atreverían a romper filas partidarias, precisamente cuando más necesitaran el apoyo del partido.

La otra herramienta a disposición de Obama es la autoridad de emitir decretos ejecutivos que regulen, a su discreción, la implementación de leyes anteriormente aprobadas o disposiciones que son legales en razón del principio de jurisprudencia.

De la misma manera como sucede con el veto, un decreto ejecutivo solo puede ser anulado por el congreso con el voto de las dos terceras parte de ambas cámaras.

La tercera razón por la cual la victoria republicana no es ni será decisiva durante los próximos dos años que le quedan a Obama es la tendencia generacional y el patrón demográfico que muestra el electorado estadounidense.

Durante las elecciones del pasado 4 de Noviembre, solo el 13% de los votantes tenía 30 años de edad o menos, mientras el 22% de los votantes tenía 65 años de edad o más. Obama logró capturar el 60% del voto de los jóvenes de 18 a 29 años durante su reelección presidencial, mientras el candidato republicano solo logró obtener el 36%. Este segmento del electorado mostró un patrón similar durante la primera elección de Obama en 2008.

Durante las elecciones presidenciales de 2012, Obama se agenció abrumadoramente el voto de los latinos al recibir el 71% del voto del electorado latino, en comparación con el 67% que recibió en 2008, un incremento del 4% del voto latino. El candidato presidencial republicano Mitt Romney recibió en 2010 únicamente el 31% el voto latino.

Tanto el voto de los jóvenes como el de los latinos han sido históricamente mayoritarios para los candidatos demócratas durante las elecciones presidenciales. Igualmente, la tendencia histórica de estos grupos ha sido de apatía para las elecciones de mitad de período del congreso.

Lo mismo puede decirse del voto de las mujeres y de los negros. Las mujeres favorecieron a Obama en 2012 con el 56% de su voto, mientras que solo el 44% votó por Romney, una cómoda ventaja del 12% sobre el candidato republicano.

El voto negro se volcó abrumadoramente a favor de Obama en 2012 con el 96% mientras que Romney recibió únicamente el 6%. Pero algo inédito sucedió con el voto negro por primera vez en la historia. El 66% de los negros aptos para votar lo hicieron, mientras que únicamente el 64% de los blancos aptos para votar salió a votar.

Existe un amplio consenso entre los analistas políticos estadounidenses que la masa votante que le dió la mayoría a los republicanos en ambas cámaras, no es el mismo que normalmente vota en las elecciones presidenciales.

La maquinaria electoral demócrata podrá agenciarse con relativa facilidad en el 2016, esa gran coalición victoriosa compuesta por mujeres, latinos, jóvenes y negros que en una abrumadora mayoría han votado por el partido demócrata en las últimas 2 elecciones presidenciales.

Finalmente, está el factor migratorio, y la promesa incumplida del presidente Obama a los latinos de aprobar una reforma migratoria en su favor, la cual fue torpedeada en todo momento por los republicanos.

Irónicamente esta parece ser el arma secreta que usará Obama contra los republicanos, haciéndolos caer en su propia trampa al acercarse las elecciones de 2016. Obama ha prometido hacer uso de sus poderes presidenciales para emitir un decreto ejecutivo que aunque parcial y limitadamente conceda a los latinos la ansiada reforma migratoria.

Los republicanos han prometido resistir tal decreto presidencial a favor de los inmigrantes “con las uñas y con los dientes” con lo cual estarán cavando ellos mismos su propia tumba política en Noviembre de 2016, habida cuenta que los latinos representan la minoría racial que más rápidamente crece en Estados Unidos.

Al igual que sus títeres criollos en Nicaragua, los republicanos no aprenden la lección. El tema migratorio inevitablemente conducirá a un enfrentamiento directo de los republicanos con los latinos. Esa gran coalición ganadora que puso en marcha el partido Demócrata en 2012 se volverá a reactivar en 2016, terminando con el “salivéo” timbuco calandraca que momentáneamente los ilusiona y entretiene.

[Carlos Escorcia Polanco es analista político nicaragüense afincado en Los Angeles, California].