En pequeñas comunidades rurales de todo el país, el Instituto Nicaragüense de Tecnología Agropecuaria (INTA) desarrolla talleres de producción agroecológicas de plantas medicinales y conforma bancos comunitarios de semilla, para avanzar en el Plan Nacional de Rescate y Promoción de Plantas Medicinales.

En la comunidad La Grecia, en el municipio de San Ramón, Matagalpa, más de 30 protagonistas entre los que destacaban jóvenes, mujeres, miembros de la comunidad indígena y cooperativistas de Matagalpa, Jinotega y Managua, se convocaron para participar en un taller de producción agroecológica sobre plantas medicinales.

Durante el taller los protagonistas establecieron un banco de semillas de plantas naturales y aprendieron sobre las propiedades curativas de las diferentes especies.

Yorlis Luna, de la dirección de investigaciones del Inta, explicó que la idea de los talleres es hacer un intercambio con el objetivo de rescatar los conocimientos ancestrales sobre las plantas medicinales y conformar bancos de semillas para que las comunidades practiquen el intercambio y el cultivo y uso de la medicina herbolaria tradicional sea una práctica diaria.

“Lo que queremos es llevar las plantas medicinales a todo el país, rescatarlas del olvido”, aseguró Luna.

La joven técnica explicó que en el taller se emplean diversas metodologías, como los recorridos guiados, para que los protagonistas reconozcan las plantas medicinales que existen en sus comunidades o nuevas especies que para algunos son desconocidas.

“Lo importante es el conocimiento. Este es un reto del Inta, para rescatar las plantas medicinales en lo productivo, debemos recordar que las plantas medicinales son salud para toda la familia”, agregó.

Pueblos indígenas reivindicados

A los talleres sobre plantas medicinales asisten representantes de los pueblos indígenas que conocen muy bien el uso de las plantas medicinales como parte de los conocimientos ancestrales transmitidos de manera oral de generación en generación.

El hecho de ser tomados muy en cuenta en los talleres es una reivindicación para los pueblos indígenas, comenta José Hernández, del pueblo indígena de Jinotega.

Hernández explica que el conocimiento de los pueblos indígenas en cuanto a las plantas medicinales se remonta a tiempos ancestrales, cuando los antepasados curaban sus males utilizando únicamente plantas con procesos sencillos.

“Aquí estamos en un intercambio con productores de la comarca la Grecia. Se está haciendo un vivero botánico y se están sembrando plantas medicinales para insertarlas al tema de la producción agroecológica”, comentó Hernández.

Para los pueblos indígenas es importante la articulación que se realiza con las instituciones de gobierno. “Esto nos ha permitido dar a conocer lo que nosotros podemos aportar como pueblos indígenas al saber de las nuevas generaciones sobre la medicina tradicional”, refirió.

“Es importante reconocer que nuestros ancestros antes se curaban con las medicinas tradicionales ancestrales y no recurrían a la acetaminofen o a inyecciones y otro tipo de medicamentos. La efectividad de las plantas es la mejor porque curan”, expresó.

Además refirió que muchas plantas medicinales tienen una mitología asociada con la curación del espíritu de las personas.

“Si hablamos de la mitología sobre las plantas, se dice que siempre debemos tener a la entrada de la parcela o la entrada de la casa una planta de sábila. Si alguien quiere hacernos un daño entonces el daño lo recibe la planta y no la persona que vive en esa vivienda. También la ruda sabemos que tiene propiedades curativas, es algo que sirve para limpias igual que la ciguapate, la sábila, el altamis; son plantas aromáticas que sirven para hacer limpias. Todas estas plantas aparte de que curan la parte física curan también el espíritu”, aseguró Hernández.

Jóvenes, mujeres y cooperativistas integrados en el rescate de las plantas medicinales

Durante el taller los protagonistas participaron en una dinámica para reconocer las plantas medicinales de sus comunidades, explicar sus propiedades y aprender sobre nuevas variedades procedentes de otras comunidades.

José Rugama, joven oriundo de la comunidad la Grecia en Matagalpa, explicó que en su comunidad es común encontrar el jengibre, una planta que tiene propiedades para curar la tos y se utiliza en la preparación de diferentes comidas y refrescos.

Respecto a su participación en el taller, explicó que “es importante rescatar los conocimientos ancestrales, ahora el Inta quiere que los jóvenes vayamos rescatando las plantas medicinales e ir dejando atrás las medicinas que llevan contenidos químicos. Aquí crecen el jengibre, orégano, aguacate y el mango, y yo no conocía la cola de caballo, el romero y no sabía que la sábila era una planta medicinal”.

Dolores Esquivel, de la cooperativa Gloria Quintanilla, ubicada en El Crucero, comentó que ella aportó al banco plantas como el boldo, el girasol y la chía orgánica.

“El boldo lo traje para compartir porque tiene varias propiedades medicinales para problemas en el colon, el hígado y ayuda a la limpieza del estómago. Se toman tres hojas en una taza de agua, se toma tres veces al día por término de 15 días. El girasol la traje porque es un repelente orgánico, la hoja de la girasol, el pelito que hecha, eso nosotros lo agarramos y lo frotamos, lo aplicamos en el cuerpo y podemos andar en el campo y no pican ni bocones, ni sancudos, porque es un repelente, además sirve de repelente para las plagas en los frijoles y el maíz. También tengo chía, es orgánica, la estamos sembrando en la cooperativa; esto nosotros lo tomamos con limonada, sirve para la limpieza del estomago”, afirmó.

Entre las plantas que Dolores desconocía está la cola de caballo que sirve para curar múltiples dolencias del organismo.

Sobre su experiencia en el intercambio explicó que es muy importante participar porque el gobierno está poniendo alternativas eficaces para trasladar los conocimientos de los antepasados por medio de prácticas.

“Este es un medio para que nosotros nos apropiemos de estas herramientas ya que el gobierno nos pone a los facilitadores, nos acercan a las personas idóneas, las que tienen el conocimiento y el objetivo es también intercambiar a los jóvenes. Nuestra participación como mujeres es fundamental. Me siento satisfecha porque estoy echando en práctica lo que se y estoy compartiendo con compañeros, compañeras y jóvenes que estamos muy entusiasmados”, explicó.

“Para eso me han enviado las mujeres de la Cooperativa Gloria Quintanilla para que yo aprenda y lo que lleve de planta también sea compartido en el territorio con las mujeres de la cooperativa y con la comunidad de Santa Julia”, agregó.

Marango: el árbol de la vida

Entre las diferentes plantas que fueron presentadas en el taller destacó la presencia del árbol de marango, mejor conocido como árbol de la vida.

Bertha Barreto, de la cooperativa Gloria Quintanilla, explicó que llevaron esa planta para aprender sobre sus propiedades.

“La trajimos para compartir con los compañeros sobre su uso. Este aceite sale de la semilla de marango, y sirve para el rejuvenecimiento para marcas en la cara, cicatrices, este también sirve para las llagas de las personas que tienen azúcar, sirve para desinflamar, y en exfoliante”, detalló.

“Se saca de la semilla del marango, una planta que es conocida como el árbol de la vida. La hoja se hace en comida, ensaladas, batidos, pastas y se saca el aceite. Hay muchas figuras internacionales y nacionales que consumen este aceite. La traje para que los compañeros compartieran y hagan sus medicinas con marango de manera artesanal”, expresó Barreto.