Han transcurrido 16 años desde aquella catástrofe que enlutó a Nicaragua entera, donde perecieron -ante la indiferencia del gobierno neoliberal de turno, entonces dirigido por Arnoldo Alemán Lacayo- aproximadamente 2,800 personas de las comunidades Rolando Rodríguez y El Porvenir en el municipio de Posoltega, al quedar soterradas tras el deslave del Volcán Casita provocado por las intensas lluvias del huracán Mitch.

Johana Ramos, junto a su hija, que hoy tiene 17 años, visitan todos los 30 de octubre el terreno donde solía estar ubicada la vivienda de sus padres, los que fueron soterrados por el lodo y el agua que se desprendió del volcán ese 30 de octubre de 1998 que le arrebató no solo a sus padres, sino también a su abuelo y sus dos hermanos y del cual logró salvarse junto a su pequeña hija de solo un año.

“Fue una tragedia grande que los arrastró la corriente, no los encontramos a ellos, y lo que nos queda es venir a poner estas flores a sus tumbas simbólicas, pusimos una cruz en el terreno donde vivían ellos para acordarnos de ellos porque no tenemos un lugar especifico de donde quedaron sus cuerpos”, comentó Ramos.

Al igual que doña Johana, Ana Concepción Vargas Reyes también visita lo que una vez fuera la casa de sus padres en la comunidad Rolando Rodríguez, una humilde casita donde laboraba su papá que además de ser un buen padre, fue un hombre muy trabajador que se desempeñaba como agricultor, herrero, carpintero y tenía un molino.

“Pareciera que todavía viven, porque los tenemos presentes espiritualmente, nos criaron con valores, con respeto, el amor de Dios, la creencia y bueno es algo difícil porque uno no quisiera que haya sucedido eso, más que mis padres no sabemos dónde quedaron sus cuerpos y el único día que podemos venir a visitarlos es aquí en el lugar donde estaba su casita”, exteriorizó Vargas.

Aunque los cuerpos de las víctimas de dicho desastre no fueron encontrados luego de la búsqueda de los cuerpos de socorro, todos los 30 de octubre las familias, amigos, vecinos y pobladores de esa localidad del departamento de Chinandega acuden al lugar de los hechos para honrar a sus difuntos y colocar ofrendas florales en las tumbas simbólicas que ellos mismos han establecido.

“Para cuando sucedió esa tragedia era muy pequeña, no recuerdo mucho, pero si lo que me han podido contar. Para ese entonces la corriente me arrastró y me dejó en unos manizales, me encontraron a los tres días de la tragedia, fui trasladada a un hospital en Managua, donde estuve internada dos meses, en esa tragedia perdí a mi papá y a una hermana, mi abuelita y muchos familiares más”, manifestó Amelia Narváez Acevedo, una joven de 20 años sobreviviente del deslave.

La joven Amelia, que tenía solamente cuatro años cuando se produjo ese hecho, dijo sentirse muy afortunada y agradecida con Dios por haber sobrevivido a la catástrofe y por ello cada año junto a su madre, hermanas y tías, se traslada desde su actual vivienda hasta las faldas del volcán, donde solía estar ubicada su casa y la de sus abuelos para honrar sus memorias y colocar una ofrenda de flores en lo que ellos han definido como tumbas.

“Todos los 30 venimos a recordar a nuestros fallecidos, aquí quedaba la casa de mi abuelita. (Ahora) casi no vive gente aquí por miedo, nosotros tenemos casas en otros lugares, casas que fueron dadas por el Gobierno”, comentó Karina Narváez Acevedo, hermana de Amelia.

Karina tenía ocho años en 1998, y aún tiene presente como la corriente de agua y luego la avalancha de lodo se llevó a dos de sus hermanos y a su padre que se había dispuesto a ayudar a otros vecinos a salir de sus viviendas por las inundaciones provocadas por las lluvias del huracán.

Pero la colocación de ofrendas florales no es la única forma de honrar a las víctimas de este lamentable hecho, puesto que cada año se efectúa una vigilia el día 29 de octubre en el parque Memorial del Volcán Casita, además de una eucaristía en la parroquia del casco urbano de Posoltega la mañana del 30 de octubre y un culto en el Memorial el mediodía.

“Este es un día que se nos brinda la oportunidad de venir a esta casa de adoración, este templo y poder colgar en este Altar todos los meritos que hemos venido acumulando a lo largo de este año, que son manifestaciones de nuestro amor, que son expresiones de nuestro cariño por cada uno de todos esos hermanos que hace 16 años fueron llamados a la presencia del Señor y mostrarles que aún les queremos”, expresó durante la celebración eucarística en honor a las víctimas, Monseñor Jaime Ramos, rector de la Iglesia Santa Ana de Chinandega.

Monseñor Ramos destacó las oraciones y la caridad que los familiares y amigos han ofrecido a lo largo de estos años para honrar a las personas que perecieron el 30 de octubre de 1998, actos indulgenciados por la Iglesia, rosarios, viacrucis, adoraciones eucarísticas y otros actos de caridad y que este 30 de octubre representa la colecta de la cosecha para honrarles y expresarles el amor y el cariño que los mantiene vivos en sus memorias.

Gobierno está mejorando condiciones de acceso

El Alcalde de Posoltega, Aquiles Peralta Muñoz, aseveró que como gobierno municipal están trabajando de cara a mejorar las condiciones de acceso al lugar para que los pobladores puedan visitar sin dificultad el volcán para conmemorar a sus familias fallecidas en el deslave y realizar las celebraciones religiosas en el parque Memorial del Volcán Casita dignamente.

“Entonces nosotros como gobierno municipal estamos haciendo lo posible porque aquí sea un lugar bonito, con la ayuda del Comandante Daniel (Ortega) y la Compañera Rosario (Murillo) para que sea un sitio digno, aquí no había agua potable y se instaló el agua potable, el próximo año vamos a componer el camino de la entrada hasta el Memorial para recibir la visita de turistas y mejorar el acceso de quienes vengan a honrar a sus deudos que perecieron ese 30 de octubre”, indicó el edil.