Más de 141 millones de electores brasileños se alistan hoy para volver mañana a las urnas y elegir al nuevo presidente del país entre dos candidatos con modelos de gobierno diferentes.

La primera mujer en lograr en 2010 la jefatura del Estado de Brasil, Dilma Rousseff, busca su reelección por el Partido de los Trabajadores (PT) en esta segunda ronda en la que se medirá con Aecio Neves, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB).

Rousseff propone continuar el proceso de transformaciones socioeconómicas que permitió en 12 años sacar a 36 millones de ciudadanos de la pobreza, garantizar empleo y la valorización del salario mínimo.

Apuesta por elevar la calidad en la educación, mejorar los servicios de salud, reforzar la seguridad ciudadana, ampliar los programas sociales e impulsar una reforma política que propicie más democracia.

Al participar anoche en el último debate televisivo de esta campaña, la gobernante abogó por seguir en la lucha para mejorar las condiciones de vida y no permitir que nada ni nadie, ni crisis, ni el pesimismo les quite lo conquistado en los recientes años.

Para la jefa de Estado, en estos comicios no se enfrentan solo dos rivales políticos, sino también dos proyectos opuestos: uno del PT que garantiza los avances sociales y el desarrollo, y otro del PSDB que en el pasado causó desempleo y salarios bajos.

Su candidatura está sustentada por los cuatro años de gobierno, período durante el cual se crearon nuevas fuentes de trabajo, se elevó la paga mínima y se construyeron millones de viviendas para personas de bajos ingresos, a pesar de la crisis internacional.

Empero, su campaña ha estado afectada por presuntas denuncias de corrupción, hasta ahora sin confirmar, en la empresa Petrobras, con la implicación de líderes de su partido y aliados del gobierno.

Sin un proyecto definido, que esconde más privatizaciones y el retorno de la oligarquía conservadora al poder, su adversario del PSDB planea eliminar la mitad de los 39 ministerios, ampliar la participación del sector privado y transformar el bloque Mercado Común del Sur en una zona de libre comercio.

Neves busca un giro a la derecha en esta nación con la apertura de la economía, inversiones extranjeras de transnacionales, así como la aproximación a Estados Unidos y países de Europa.

En su opinión, la política exterior de Brasil deberá subordinarse a los intereses comerciales y la integración del país a las cadenas productivas globales.

La descentralización del Estado, del Banco Central y una reforma tributaria figuran entre otras medidas a impulsar de ganar mañana la presidencia de la República.

En busca de lograr el voto de la clase media y los más pobres, prometió continuar con los planes sociales impulsados por Rousseff, pero no ha explicado las medidas a aplicar para cumplir con estas propuestas.

Otrora gobernador de Minas Gerais, el candidato ha sido acusado de nepotismo, y desvío de recursos y utilizar fondos públicos para construir obras públicas y favorecer a su familia.

Últimas pesquisas de opinión favorecen la reelección de la jefa de Estado, quien aparece con un 54 por ciento en la intención del voto y con una ventaja de ocho puntos porcentuales sobre el contendiente del PSDB.

No obstante, los electores tienen la última carta y definirán mañana en las urnas el destino de los próximos cuatro años de esta nación suramericana.

Además del jefe de Estado, se seleccionarán también a los gobernadores de 13 estados, cuyas candidatos más votados no lograron superar al 50 por ciento más uno del sufragio en la primera ronda electoral del 5 de octubre pasado.

En Brasil, la participación en los comicios es obligatoria para los mayores de 18 años y facultativo para los analfabetos, los jóvenes de 16 a 18 años de edad y los que tienen más de 70.

Los colegios electorales abrirán sus puertas a las 08:00 hora local y cerrarán a las 17:00, y se prevé que los resultados se conozcan poco después de terminado el escrutinio.