El Rio San Juan nace en la esquina sureste del Lago Cocibolca, frente a la ciudad de San Carlos, y transcurre por poco más de 60 kilómetros dentro de territorio exclusivamente nicaragüense, entre fincas y extensos bosques. Tres millas inglesas abajo de El Castillo la margen derecha marca la frontera con Costa Rica, aunque el río continúa siendo cien por ciento nicaragüense hasta su desembocadura en el Mar Caribe.

Al llegar al punto donde se ubica precisamente el mojón II, el río empieza a transcurrir entre dos riberas completamente diferentes: la ribera nicaragüense densamente poblada de un bosque húmedo -correspondiente a la Reserva Biológica Indio-Maíz-, y la ribera costarricense más frágil ecológicamente debido a la intervención humana.

Allí luego de unos cuarenta kilómetros de devastación total de la frontera entre Nicaragua y Costa Rica, la carretera muestra su verdadera intención de destruir el río, ya que fue trazada sin compasión alguna borrando de un solo plumazo montañas y bosques y eliminando definitivamente la conectividad biológica de la flora y la fauna con el río.

Por lo tanto, los 120 kilómetros en que la carretera transcurre a la orilla del San Juan muestran un rostro completamente contrario al que Costa Rica ha vendido durante décadas al mundo entero, es decir, el de una nación respetuosa con el medioambiente.

Los ambientalistas nicaragüenses aseguran que en todo este tramo de carretera se contabilizan 300 puntos críticos, por lo que se corre el riesgo de que esta se destruya como consecuencia de las intensas lluvias y de la fragilidad del terreno. Pero explican que la consecuencia más grave recaería sobre el propio río, ya que la cantidad de sentimientos que caen actualmente en su lecho se estaría incrementando considerablemente hasta alcanzar la exorbitante cifra de  40 mil toneladas al día.

Obstrucción encarecerá costos de vida en San Juan de Nicaragua

Las denuncias no se han hecho esperar por parte de pescadores, transportistas y prestadores de servicios turísticos de la ruta San Carlos-San Juan de Nicaragua.

Para los transportistas el principal problema de la carretera es que amenaza con la navegabilidad hasta San Juan de Nicaragua, lo que consecuentemente podría incrementar el costo de la calidad de vida para la población de este municipio, al cual solamente se pude llegar vía aérea o a través del río.

La carretera “tiene un impacto totalmente negativo para nuestro rio. Nosotros como transportistas estamos directamente sintiendo esto debido” a “las grandes cantidades de sedimentos” que se acumulan “en la parte del Delta por ejemplo” por lo que “en corto tiempo no vamos a poder viajar” hacia San Juan de Nicaragua, expresó José Cipriano Peña, coordinador del Comité de Transporte Acuático departamental.

“Esto nos va a afectar grandemente a nosotros los transportistas y a la misma población de San Juan de Nicaragua, porque ya no vamos poder meter (en las embarcaciones) la (misma) cantidad de productos que ellos necesitan”, dijo Peña, señalando que los costos se incrementarán debido a que ya se podrá trasladar la misma cantidad de productos.

“Tenemos que (incurrir en) más costos. Una lancha que agarra 500 quintales tenemos que trasladarla con 200”, se quejó.

Actualmente en San Carlos hay 37 concesionarios de transportes acuáticos con unas 46 embarcaciones. De estas, un alto porcentaje viajan hacia San Juan de Nicaragua con pasajeros y mercaderías.

Hábitat del río ya no es el mismo


Pero quizá lo más dramático hasta el momento sea las afectaciones a los pescadores artesanales. Javier Arana, delegado del Instituto Nicaragüense de la Pesca en el departamento de Río San Juan, explicó que la turbiedad de las aguas está disminuyendo muchas especies de peces en la zona de San Juan de Nicaragua, lo que está obligando a los pescadores alejarse de las costas cercanas a la desembocadura y por ende a arriesgar sus vidas hasta 10 millas náuticas mar adentro, cuando lo normal es que ejerzan sus faenas a tres millas náuticas.

A ello también hay que sumar que la sedimentación está cortando la conectividad hidrobiológica de especies como el sábalo real, el róbalo, el roncador, tiburón y el pescierra que por años han entrado al río desde el mar Caribe.

“Hay un problema serio con la conectividad biológica de nuestras especies en el río, porque ya su hábitat no es el mismo”, señaló Arana.

Sin río no hay turismo

Nohemí Ortiz, empresaria turística, dijo sentirse preocupada ya que con la carretera se está dando término al principal atractivo del San Juan como es su exuberante naturaleza.

“Queremos que nos apoyen a nivel nacional e internacional para que nuestro Río San Juan sea admirado como lo ha sido siempre, es decir, como un buen caudal de navegación para el comercio y para el turismo”, demandó Ortiz, quien  dijo que los turistas que están recibiendo actualmente van con la curiosidad de conocer el desastre ambiental que Costa Rica está causando con su carretera.

Sandra Castrillo, de la Asociación Municipal de Ecoturismo de El Castillo, es una de los 13 pobladores de esa comunidad que interpuso en diciembre pasado ante el juez de Distrito Civil de Río San Juan una demanda por los daños que estaban ocasionando las obras ticas al medioambiente y la vida de las comunidades.

Esta denuncia sirvió como base fundamental para la elaboración de una “memoria perpetua”, la cual, de acuerdo a los especialistas, es fundamental para los procesos internacionales que Nicaragua lleva contra Costa Rica.

“Nosotros alertamos a través de los medios de comunicación, nos organizamos como pobladores, porque estábamos viendo que había problemas con la fauna y que eso nos iba a provocar un impacto ambiental”, señaló Castrillo.

Ticos han empezado poblamiento de la zona

Aunque la presidenta costarricense, Laura Chinchilla, limita las afectaciones solo al territorio tico, un recorrido por la zona desmiente esa aseveración.

Además de toneladas  de sedimentos que caen al río desde los cerros devastados, también se aprecian caños y ríos obstruidos, y una ribera desprotegida completamente.

A ello hay que agregar un hecho mucho más grave, como es el intento del gobierno tico de fomentar el poblamiento de las orillas de la carretera, pues en muchos tramos ya se ven pequeñas viviendas de madera habitadas por colonos pobres, quienes parecen no advertir que de un momento a otro y con el incremento de las lluvias, los cerros pueden caerles encima.

Eso para expertos en medioambiente como Kamilo Lara, presidente de Foro Nacional de Reciclaje (Fonare), y Norwin Torres, director ejecutivo de la Fundación Amigos del Rio (Fundar) es realmente peligroso, ya que la colonización de la ribera derecha del San Juan incrementará el proceso de contaminación de las aguas.

A esa advertencia se suma la del especialista en derecho ambiental, Manuel Madriz, quien insta las autoridades nicaragüenses y a las organizaciones civiles y ambientales a trabajar coordinados para salvar el río, pues de lo contrario se estaría a un solo paso de su destrucción.

“El invierno aumentará la sedimentación. Si no se hace nada el río se va a destruir. Por eso hay que mantener el cauce navegable”, aseguró Madriz.

Madríz recordó que la limpieza del delta del San Juan será un esfuerzo vano si no se detiene la sedimentación que viene de Costa Rica.

Actualmente el Gobierno del Comandante Daniel Ortega ha decretado una alerta amarilla en el Rio San Juan, ello con el objetivo de aunar esfuerzos nacionales para mitigar los daños que la carretera está ocasionando al medioambiente y a las comunidades.