Montenegro sugirió que la Alerta vaya acompañada de acciones y medidas en el territorio afectado por los daños ambientales que se producen desde Costa Rica, y principalmente en la zona aledaña al curso del Río San Juan.

El experto añadió que también urge poner en práctica medidas de control de erosión y de sustancias tóxicas, que también sean cumplidas por los vecinos del sur. "Se deber exigir el cumplimiento de los costarricenses de ese tipo de medidas", recalcó el director del CIRA.

Daños provocados también afectan a Costa Rica

Analizando los daños propiciados al Río San Juan desde el territorio tico, por la gran cantidad de sedimentos y residuos de plaguicidas de los ríos ticos, Montenegro dijo que estos no solo están afectando territorio nicaragüense, sino que se está revirtiendo en contra de Costa Rica.

El CIRA de la UNAN inició estudios de toda la cuenca de los grandes lagos nicaragüenses y del Río San Juan desde 1992.

Montenegro Guillén sostiene que la construcción de la carretera costarricense junto al nicaragüense Río San Juan y la erosión provocada por la agricultura intensiva realizada en territorio del vecino país, se vuelve como un boomerang, dado que los sedimentos y residuos que bajan de la zona central costarricense caen en curso de agua nicaragüense, pero vuelven a hacia ese país al entrar en el delta por el llamado río Colorado.

En el delta el Río San Juan se ramifica en una delgada faja, en un delgado curso de agua que es apenas un 9 por ciento del caudal que sale al Caribe por Nicaragua, mientas que el 91 por ciento, de acuerdo a cálculos del INETER, se transforma en el costarricense río Colorado, razón por la cual sus plaguicidas, sedimentos y tóxicos vuelven hacia ellos.

Sedimentos y residuos venenosos

Destacó el científico nicaragüense que Costa Rica es el país que más importa plaguicidas en el mundo, 51 kilogramos por cada hectárea de terreno y en la cuenca costarricense que drena hacia el San Juan hay 850 mil hectáreas que drenan hacia Nicaragua una cantidad importante de residuos agroquímicos.

El director del instituto de investigaciones acuáticas de la UNAN recordó que del lado nicaragüense felizmente hay interés, motivación y el instrumento para controlar los problemas ambientales, a diferencia del impacto que recibe el río San Juan desde Costa Rica a través de una cuenca de ocho mil 500 kilómetros cuadrados o sean 850 mil hectáreas.

La cuenca nicaragüense en el San Juan es de dos mil 500 kilómetros cuadrados y lo que recibe son los aportes de 500 metros cúbicos por segundo que salen de lago Cocibolca, al oriente, en tanto que de la zona norte, afirma el científico, el importante curso de agua no recibe sedimentos de ninguna especie dado que lo que ahí tiene es una gran extensión de bosques primarios ubicados dentro de la reserva biológica.

Montenegro explicó que los problemas de comunicación con el gobierno de Costa Rica impiden hacer un plan para corregir los problemas ambientales provocados en la cuenca del Río San Juan y bajados desde la Cordillera Central, Guanacaste y Tilarán hacia Nicaragua, hacia donde drenan los ríos Frío, San Carlos y Sarapiquí, tributarios del San Juan y que arrastran sedimentos y químicos usados en la agricultura costarricense.

Señaló Montenegro que se puede observar el desentendimiento con las autoridades del vecino país, por razones políticas que obedecen claramente a intereses particulares costarricenses, lo que impide dar solución a los problemas que son resultantes de esos intereses políticos que están dañando una cuenca que es binacional.

Enorme desprecio por el medio ambiente y derechos humanos

Recordó el director del CIRA que dada la importancia de la cuenca, hace unos 15 años hubo un acuerdo entre los ministerios del ambiente de Nicaragua y Costa Rica sobre la zona, auspiciados por el Fondo de las Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos y el Fondo Mundial del Medio Ambiente.

A la par señaló que la construcción de la carretera ha sido evidentemente uno de los peores errores que los vecinos han cometido porque han puesto en evidencia, no un descuido, sino un enorme desprecio por los derechos humanos y por los derechos del ambiente, quedando entonces muy mal parados antes la opinión pública internacional.

Agregó “me preocupa mucho la magnitud del daño ambiental que están causando y que desafortunadamente va a continuar siendo objeto nuestro país durante los próximos años”, al tiempo que recordó que el estudio realizado por la UNAN a lo largo de 205 kilómetros del San Juan, ayuda a comprender la gravedad y la profundidad de la situación.

Destacó el científico que los sedimentos que bajan de las sierras costarricenses son los mismos que obligaron a Nicaragua a dragar el río San Juan y añadió que son totalmente reconocibles porque proceden de los suelos típicos del norte de Costa Rica, precisamente de las cordilleras Guanacaste, Central y Tilarán.