Agresión, destrucción, manipulación y muerte. Todos los caminos que Estados Unidos traza a partir de una orden desde Washington a eso llevan.

Por eso es demasiado peligroso que en países como el nuestro la población se deje convencer por líderes que, más allá de sus escritorios en alguna oficina en Managua, pretenden cobijarse con democracia que no es más que intolerancia disimulada con maquillaje de baja calidad.

No perdí ni un segundo de la entrevista que la periodista Eva Golinger realizó al presidente de Bolivia, Evo Morales. Fue un encuentro fructífero y entretenido en el que una periodista lanzaba preguntas ingeniosamente confeccionadas y uno de los líderes de Latinoamérica contestaba haciendo uso de únicamente su sentido común.

Y así es. En este lado de los hemisferios las pequeñas masas tienen que empezar a ser protagonistas. Y eso es lo que no entienden los que nunca han resentido cómo el mundo aprieta. Cómo para la gran mayoría cada día es más difícil sobrevivir; y es por eso que reciben con suma dicha los programas de beneficio social; aquí y en todas las naciones en plena revolución.

Pero en Estados Unidos es diferente. Es otro planeta que quiera acabar con el nuestro. Decía el presidente Evo que las guerras que ese gobierno delinea son justificaciones descaradas para la invasión, el intervencionismo, la confiscación de recursos petroleros, el establecimiento de sus industrias, la eliminación de la libertad; lo que conocemos todos.

Ahí radica la irresponsabilidad de muchos compatriotas que no comprenden que sus dirigentes organizacionales tienen un mandato sellado en papel verde. Sus órdenes llegan por correo electrónico altamente encriptado hacia sus despachos con el fin de promover la inestabilidad y obtener un salario que mantiene sus manifestaciones anárquicas que, de cualquier modo, no influyen en nuestra realidad pero sí causan ruido innecesario.

Tras su intervención ante la 69ª Asamblea General de la ONU, el canciller ruso, Serguéi Lavrov concedió una entrevista al canal RT; asegurando que “tengo grandes esperanzas de que EE.UU. finalmente entenderá la necesidad de no actuar en todas partes como fiscal, juez y ejecutor de las condenas, y entenderá que solos ya no pueden hacer nada”.

Refiriéndose a las guerras que ese gobierno desencadena siempre actuando como “héroe”; tal y como lo plasman en sus películas. Justificando la muerte y la injerencia, tal y como hacen hoy en Siria y como indirectamente actúan en Gaza.

Es por eso que no hay que ir a la guerra para participar en ella.

¿No han notado que un asunto específico en nuestro país es catalizador de las apariciones públicas de ciertos dirigentes políticos de derecha? Cuando sucede algo que puede generar un debate productivo, salen aquellos dinosaurios que cobran puntualmente sus mesadas en la Embajada de Estados Unidos o desde otras organizaciones más grandes que también nacen ahí.

Y detrás de esos dirigentes vienen varios personajes que acarrean personas que no saben que están aportando a la dominación mundial. Porque si los ideales de Obama se mantienen vivos en todos los países donde hay agentes contratados, las guerras que él administra cobran más fuerza. Es como tener soldados en todo el mundo.

Por eso es que las encuestas no mienten. Esos instrumentos son más creíbles hoy que nunca. Como lo plasmó Cid Gallup hace un par de días, ubicando al FSLN con más de la mitad de la preferencia política y enterrando a los partidos de oposición que buscan solamente su coexistencia para continuar cobrando; en detrimento de sus seguidores.

Lo que hay en Nicaragua es una confusión muy marcada en algunos. Sucumben ante lo que leen en un solo medio de comunicación y no abren su mente para darle vuelta a la página o darse cuenta que la moneda tiene más de dos caras.

Y eso trata de revelar el Gobierno Sandinista; que las ataduras sociales son impuestas por agentes con intereses muy particulares que persisten en mantener la anarquía como opción para tener la aprobación en las salas de contabilidad de Washington.

Participan en las guerras sin ir a ellas.

Pero de algo estamos claros, los pueblos de Latinoamérica están reaccionando. Desde la revolución cubana de Fidel; con el ascenso al poder popular en 1998 del Comandante Chávez, con la prolongación de los mandatos de líderes como Evo, Rafael y Daniel; y con el planeta reconociendo mucho más rápido que para caminar sobre las vías de la supervivencia debemos despojarnos del dominio de la potencia guerrerista histórica más violenta.