La vida de Jacinto Suárez es un mapa de la historia reciente de Nicaragua. Nació en Ma­na­gua en 1947 y se incorporó a la lucha del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) cuando era un adolescente. Fue capturado en una operación urbana en 1967 y sometido a torturas en las cárceles somocistas por más de siete años. A finales de 1974, un comando guerrillero ocupó la casa de una alta figura de la dictadura y negoció su liberación y la de otros militantes presos entre los que se encontraba Daniel Ortega, quien luego se convertiría en Comandante y presidente del país.

Entre otras actividades contra la dictadura, Suárez se vinculó con las relaciones internacionales del FSLN. Tras el triunfo revolucionario del 19 de julio de 1979 ocupó diversas responsabilidades en el gobierno y el servicio exterior.

En la actualidad se desempeña como se­cre­tario de Relaciones Internacionales del FSLN, diputado nacional y presidente de la Comisión de Relaciones Internacionales e Integración de la Asamblea Nacional de Nicaragua. Su experiencia no solo lo convierte en un testigo excepcional de la evolución política de su país, sino también de los acontecimientos que han marcado la historia de América Latina y el mundo en el último medio siglo.

Jacinto Suárez conversó con Granma du­rante una visita oficial a nuestro país para es­trechar las relaciones entre ambos partidos. Cuba es un país que conoce bien y al que se refiere con especial cariño.

Este viaje se produce en un momento clave para Nicaragua, que avanza a pasos agigantados en su desarrollo tras sobrepasar los estragos de la guerra y la debacle neoliberal.

LA PRIMERA OLA REVOLUCIONARIA

Suárez recuerda el escenario que encontraron los sandinistas tras derrocar a Somoza e instalar un gobierno revolucionario en Ma­nagua. “Heredamos un poder sin un centavo. Un país destruido, arrasado por la guerra, con un montón de lacras sociales y de huérfanos”.

Cuando apenas comenzaba la etapa de reconstrucción nacional, llegaron las agresiones de la administración del presidente nor-teamericano Ronald Reagan. La guerra sucia que protagonizaron las bandas mercenarias de los Contra fue pagada por Washington con fondos ilegales e incluso provenientes del narcotráfico. Para Nicaragua significó una destrucción de grandes dimensiones, con puentes, escuelas, hospitales y otras infraestructuras totalmente devastadas.

“En el año 84, Nicaragua va a la Corte Internacional de Justicia y demanda a EE.UU. por agresión y solicita una indemnización. Los daños infringidos iban cuantificados por 17 mil millones de dólares y hay que recordar que la agresión continuó”.

Sin embargo, Suárez destaca que en medio de la guerra se hicieron enormes transformaciones sociales. Una de las más importantes fue la redistribución de la tierra. “Se invirtieron los valores en Nicaragua producto de la Revo­lución. Antes predominaba el latifundio y era minoría la pequeña propiedad. Hoy la realidad es lo opuesto”.

El cansancio de dos guerras, la agresión norteamericana permanente, entre otros factores, explican la derrota electoral de 1990 frente a una candidata de la oligarquía tradicional. “Mu­­chos sectores decidieron abandonar las filas del sandinismo pensando que al llegar un gobierno proclive a los Estados Unidos se venía una etapa de progreso e iban a llover dólares”.

Sin embargo lo que llegó fue el neoliberalismo a depredar Nicaragua.

UNA SEGUNDA ETAPA

En las elecciones del año 2006 el FSLN, con el Comandante Daniel Ortega al frente, obtuvo una victoria decisiva que abrió un nuevo capítulo para el país.

“Nosotros hablamos de una nueva etapa de la revolución, porque sus bases son las mismas que la del proceso iniciado en 1979. Es sumamente importante no solo para el proyecto sandinista sino para Nicaragua como nación.

“El neoliberalismo tiene un fenómeno que voltea el sistema productivo de un país. Los productores agrícolas y otros sectores, fueron golpeados y vieron en el sandinismo una alternativa de reconstrucción. Fueron viendo en nosotros una fuerza sólida con un liderazgo claro y se fueron sumando al gran proyecto.

“Si hay algo que nos une a todos es la reconstrucción del país y su desarrollo pacífico”.
El dirigente nicaragüense asegura que una de las garantías para el futuro está en la fortaleza de instituciones como la Policía y el Ejército de Nicaragua, que soportaron 16 años de neoliberalismo y preservaron sus valores.

Eso explica los niveles de seguridad ciudadana que existen en el país, enclavado en una de las regiones más violentas del mundo. “Tenemos una seguridad ciudadana que permite la inversión. Nosotros manejamos el concepto de que la Policía es comunidad y la comunidad es Policía. Es el mismo que existe en Cuba, pues la PNR ayudó en la formación de nuestra Policía”.

En el éxito de esta nueva etapa de la nación, Suárez resalta la importancia del liderazgo del Comandante Daniel y su definición ideológica del sandinismo. “Daniel se puso al frente tanto de las luchas sociales como del mantenimiento de una fuerza revolucionaria de verdad. Esos elementos le brindan la fuerza y el liderazgo que tiene hoy. También la capacidad de ir entendiendo los fenómenos y de ir concertando con otros sectores de la población”.

La fisionomía del país —refiere— ha cambiado radicalmente con los distintos programas sociales que se vienen aplicando desde el año 2007, en campos como la salud, la educación y el poder popular.

En ese sentido, destaca el papel de las iniciativas en el marco del Alba, fruto del genio de Fidel Castro y Hugo Chávez, que a través de Petrocaribe han convertido la deuda petrolera en una palanca para el desarrollo de la economía de los pueblos.

Respecto a la histórica relación de Fidel con Nicaragua, Jacinto Suárez guarda una anécdota especial en su memoria. “Fidel llega a Nicaragua en 1980. Los que vivimos eso tenemos el recuerdo imborrable de una plaza llena de gente que la presencia de Fidel los hizo guardar silencio, pero un silencio de reverencia y respeto”.

Recuerda que sus primeras palabras fueron que Somoza había pedido a los mercenarios de Girón que le trajeran un pelo de la barba de Fidel. “No trajeron el pelo, aquí estoy yo entero con ustedes”, afirmó Fidel, lo que provocó una exclamación unánime.

EL FUTURO DE NICARAGUA

Los nicaragüenses tienen en la mira un proyecto que podría dar un salto exponencial en su desarrollo: la construcción de un canal interoceánico.

“Su materialización significaría el pago de la deuda social de los nicaragüenses. Para mu­cha gente este tema no es entendible. Algunos asocian el canal con la venta de soberanía. Hay que leer la Ley y darse cuenta que eso no es así.

icaragua preserva la soberanía sobre la zona. Concede tarifas, garantías económicas y las leyes que protejan la inversión, porque si no, nadie invierte”.

El Canal no solo tendría un impacto para Nicaragua, sino para todo el comercio regional y mundial con los consiguientes efectos sociales y políticos. “La derecha local sabe que si el Frente Sandinista y el gobierno de Daniel Ortega logra una cosa de ese impacto y resuelve todos los problemas, se muere”.

“Obviamente esto va orquestado con algunos sectores de la derecha internacional y con intereses financieros de otros grupos que quisieran que ese canal fuera made in USA. Estamos propiciando un canal multinacional. Sandino habló de un canal latinoamericano. Si pudiéramos hacerlo con América Latina lo haríamos, pero lo estamos haciendo con una concesión de una empresa china en la que están participando empresas y gobiernos de diferentes partes del mundo porque el proyecto es demasiado grande. Ya está la ruta trazada y comienzan las primeras obras a finales de este año”.

El canal no es una quimera. Esto va a cambiar la configuración de la nación. El reto nuestro es administrarlo adecuadamente. El otro asunto es conservar la vocación productiva del país para que no dependa únicamente de esa obra”.

Sucede —explica— que existe aún una enorme deuda acumulada en la sociedad producto del subdesarrollo y la guerra. “Nece­sitaríamos crecer un 9 % mínimo sostenido al menos durante 10 años para pagar la deuda social”.
El Canal podría garantizar eso, asegura.

UN CAMBIO DE ÉPOCA

El actual secretario de Relaciones internacionales del FSLN tiene una larga trayectoria diplomática, y ha sido protagonista de los avances de las fuerzas progresistas en la región.

“Aquí había una vieja discusión entre si asistimos a una era de cambios o un cambio de época. Yo me apunto a la segunda”.

En América Latina se están dando fenómenos que en muchos casos se van a hacer irreversibles, en la medida que, estratégicamente, consolidemos esos procesos. Es un momento en que el imperialismo no está muerto ni está débil, pero se ha abierto un espacio por el que se puede avanzar.

“La habilidad está en avanzar todo lo que se pueda para lograr la consolidación estratégica que precisamente es lo que nosotros estamos haciendo”.

El líder sandinista considera que resulta necesario crear nuevos valores en el ser humano que garanticen que el socialismo sea una realidad. “Pero primero hay que lograr estabilidad, riqueza y paz, sino qué socialismo vamos a construir”, concluyó Suárez.