El presidente estadounidense, Barack Obama, enfrenta un creciente escepticismo en Washington por su plan para acabar con el grupo radical Estado Islámico (EI) en Iraq y Siria sin enviar tropas del Pentágono al terreno.

A pesar de que la administración recibió el apoyo del Congreso para su estrategia, una serie de líderes militares y excomandantes criticaron el enfoque del gobernante contra la agrupación extremista.

Muchos cuestionaron la idea de descartar abiertamente el envío de tropas, porque ello daría indicios de debilidad a adversarios y aliados, según plantean.

El general retirado de la Marina James Mattis, quien sirvió hasta el año pasado, se convirtió en el más reciente exmilitar de alto perfil en hacer públicas sus dudas.

Durante una audiencia en la Comisión de Inteligencia de la Cámara de Representantes el jueves, el general dijo que los ataques aéreos contra posiciones del EI en Iraq y Siria no era suficiente.

Los comentarios de Mattis ocurrieron dos días después que el general Martin Dempsey, el jefe del Estado Mayor Conjunto, tomó la inusual medida de sugerir públicamente que una política ya establecida por Obama podría reconsiderarse.

Otros críticos consideran que esa estrategia de Obama es irreal, pues los ataques aéreos no podrían por sí solos neutralizar al EI.

Pese a que la iniciativa pasó en el Capitolio, los republicanos están molestos con la decisión del presidente dejar a los opositores al gobierno de Bashar Al Assad el peso del combate en tierra contra el grupo yihadista.

La víspera Obama firmó la ley que amplía la autoridad del Pentágono para entrenar y armar a los sublevados sirios, después de su aprobación entre miércoles y jueves por ambas cámaras del Congreso.

El mandatario rubricó una iniciativa presupuestaria que financia las actividades del gobierno federal hasta el próximo 11 de diciembre, pero incluye una enmienda que concede al Departamento de Defensa la autoridad necesaria para entrenar a unos cinco mil miembros de la llamada oposición siria.

Para el senador John McCain, republicano por Arizona, Obama había debilitado sus posibilidades al descartar la opción de usar efectivos sobre el terreno, "el presidente se engaña a sí mismo", acotó.

McCain es uno de los partidarios más acérrimos de la intervención en Siria para defenestrar a Al Assad.

Analistas advierten que bajo tantas presiones Obama podría estar peligrosamente cerca de violar su compromiso de mantener a los estadounidenses fuera de combate en Iraq.

Sin embargo, para el jefe de la Casa Blanca volver a tierra iraquí no solo marcaría un cambio de sus promesas con respecto a la misión actual, sino que también socava una de las causas más amplias de su presidencia, que ha sido la de poner fin a largas guerras y evitar otras nuevas.

Cerca de mil 600 militares norteamericanos han sido desplegados en Iraq para entrenar a las fuerzas de seguridad locales y ayudar a proteger al personal estadounidense en el país árabe.

Y el Pentágono pronto comenzará a entrenar y equipar a los grupos sirios, calificados por las autoridades de Damasco de terroristas.

Un artículo del diario The New York Times cuestionó a esa supuesta oposición moderada de la que se habla ahora y alertó que con su actitud Estados Unidos y occidente deambulan hacia un nuevo conflicto bélico en el Medio Oriente.

Desde el 8 de agosto, Estados Unidos ha lanzado 176 ataques aéreos contra objetivos del EI en Iraq.

Obama ya dijo que se ampliarán los bombardeos a Siria, pero no está claro cuándo comenzará esa nueva fase.

Ante todo esto el gobierno de Al Assad ha sido enfático: cualquier ataque a su territorio en nombre de la lucha antiterrorista será considerado una agresión.