Para Su Eminencia, lo más importante de su vida cardenalicia ha sido el servicio que ha brindado al pueblo de Nicaragua.

“Debo insistir que no busqué ser Cardenal, más bien me sorprendió cuando me llegó la noticia”, señala con la humildad que le caracteriza desde su despacho en la Universidad Católica de Nicaragua (UNICA).

Si bien nunca buscó esta investidura, asegura sentirse agradecido con Dios, sobre todo por ser sacerdote, algo que siempre deseo.

“Tengo en primer lugar que darle gracias al Señor por todos los beneficios que me ha concedido. Uno de los beneficios que yo tanto deseé es ser sacerdote y ya tengo varios años de sacerdocio. Nunca pensé ser obispo pero el Señor quiso que colaborara. Y también hace 27 años exactamente nos encontrábamos en Roma donde el Papa Juan Pablo II me hizo Cardenal de la Santa Madre Iglesia”, manifestó.

La semilla de la palabra germina por gracia de Dios

El Cardenal señala que ha recibido muchas muestras de cariño y aprecio por todo el trabajo que ha hecho durante su vida sacerdotal, lo cual no hubiera sido posible sin la intervención Divina.

“Nosotros trabajamos, pero es Dios Nuestro Señor el que juega un papel importante. Usted siembra la semilla de la palabra y si Dios no está de por medio, pues el terreno no la acoge, no fructifica. Creo que si hemos hecho un bien se debe también a Dios Nuestro Señor y a la  Santísima Virgen de la cual yo soy muy devoto", destaca.

Para Su Eminencia, ser Cardenal es más que nada un servicio, al cual pueden aspirar también otros obispos de Nicaragua y Centroamérica con la gracia del Papa.

“Los obispos de aquí tienen la posibilidad de llegar a ser algunos de ellos Cardenal”, afirma.

“Yo lo he considerado siempre como un servicio, pero sí, Centroamérica tiene gente que pueden ser buenos Cardenales”, manifiesta.

A pesar de que ya no cuenta con las fuerzas de antes, el Cardenal ha colaborado con el pueblo en los últimos años llevando distintos beneficios del gobierno a las familias más pobres del país.

“Cicerón decía: Los días, los meses y los años pasan, solamente queda lo que con la virtud y el recto proceder hemos concedido”, recuerda.

“Yo mismo he tratado de colaborar hoy con el Gobierno repartiendo láminas de zinc, no solamente por las ciudades sino también por las montañas, y lo hemos hecho con el deseo de ayudar a nuestra gente”, puntualiza el alto prelado, rogando a Dios porque el pueblo nicaragüense tenga trabajo y todo lo necesario “para llevar una vida digna”.