Me atrevo sin lugar a dudas a comparar el ascenso de Gustavo Cerati con los de John Lennon y Kurt Cobain.

El argentino demostró que las revoluciones son necesarias hasta en las notas de nuestras canciones favoritas. En nuestro estilo de escuchar música. En la poesía de cuerdas eléctricas y en los momentos de pasividad necesaria.

Cerati es una piedra angular del rock latinoamericano. De hecho, el mejor de la historia. Y su legado será reconocido durante siglos. Tanto así que nuestros hijos tocarán sus melodías y se preguntarán cómo es alguien que escribió así dejó de estar físicamente con nosotros.

Estos son los versos que el Flaco Luis Alberto Spinetta le dedicó a Gustavo cuando habían esperanzas de verlo despertar:

Dios Guardián Cristalino de guitarras / que ahora / más tristes / penden y esperan / de tus manos la palabra / Precipitándome a lo insondable / tus caricias me despiertan a la vez / en un mundo diferente al de recién... / Tu luz es muy fuerte / es iridiscente y altamente psicodélica / Te encuentro cuando el sol abre una hendija / que genera notas sobre la pared sombreada / Y suena tu música en la pantalla / sos el ángel inquieto que sobrevuela / la ciudad de la furia / Comprendemos todo / tu voz nos advierte la verdad / Tu voz más linda que nunca.

Y así le escribimos todos:

Ángel eléctrico.

En algún lugar del cielo se reúnen.
Toman café,
fuman cigarrillos
y ahora mate.
Lennon y Cobain escriben canciones nuevas.
Toman trozos de nubes como materia gris.
Pero les hace falta un ángel eléctrico.
Un alternativo hispanoparlante matiz.
Tocan la puerta del salón de la fama del rock en las alturas.
Llegó la pieza que faltaba.
Llegó Cerati para diagramar las partituras.

Lennon fue la voz de una generación y de las siguientes. Con su estilo impuso nuevas tendencias en el mundo. Sucumbió ante la muerte por considerarse demasiado normal. Asesinado por un absurdo y llorado aún por millones.

Cobain fue apresado por las drogas. Pero hizo lo mismo que el de los Beatles. Revolucionó los oídos de todos. Nos hizo entender que las genialidades pueden salir de las mentes más tristes. Del llanto interno que luego nos conmueve a cada uno. Aún lo lloramos.

Y ahora Gustavo. Que deja un vacío enorme. Que no tiene similar. Que cabalga en las profundidades de los océanos de nuestra América; de nuestra música. Que no se olvidará nunca.

Marcio Vargas; estudioso nicaragüense del rock latinoamericano le dijo “adiós mi querido Cerati, tu voz, tu música; fiel compañera de mi adolescencia de amores y desamores. Cada vez que lo escuchaba soñaba que despertaba y volvía, pero bueno, se fue un mortal de canciones inmortales”.

Lo de hace nueve días fue una jornada trágica. Yo me quedo con una parte de tu canción “Crimen”:

“La espera me agotó
no sé nada de vos.
Dejaste tanto en mí.
En llamas me acosté
y en un lento degradé;
supe que te perdí”