En plena campaña electoral, la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, aplica hoy una nueva estrategia de exponer sus propuestas de desarrollo con inclusión social y resaltar las diferencias con las de sus adversarios.

Candidata a la reelección por el Partido de los Trabajadores (PT), Rousseff promete cambios en su equipo de gobierno, pero sin variar la política de avanzar hacia un Brasil moderno e inclusivo, que reduzca las desigualdades y garantice el empleo.

Estamos comprometidos en asegurar que el país logre más competitividad, sea más productivo y moderno, y genere más puestos de trabajo, destacó durante una visita a Sao Paulo.

La mandataria, quien cuenta con el 38,1 por ciento de la preferencia del electorado, destacó que esa postura difiere de las ofertas de otros contrincantes, que consideran como prioridad el pago de la deuda pública, a pesar de ser esta nación una de las menos empeñadas del Grupo G-20.

Puntualizó que el país cuenta con reservas internacionales por valor de 379 mil millones de dólares que garantizan su solvencia y utilizar ese dinero para pagar adeudos podría amenazar su independencia financiera.

No vamos a emplear la fórmula de la Social Democracia Brasileña (PSDB), que durante el gobierno de Fernando Henrique Cardoso (1995-2003) mantuvo a Brasil como deudor del Fondo Monetario Internacional (FMI) y dependiente de sus recetas neoliberales, aseveró.

Tras resaltar que esta nación cambió en los últimos años con el gobierno del PT, recordó que antes pedían 500 millones de dólares al FMI para obras de saneamiento en todo el país y ahora su administración invierte esa cantidad en una sola ciudad.

Rousseff reiteró su crítica a la propuesta de su adversaria del Partido Socialista (PSB), Marina Silva, quien prometió la autonomía al Banco Central, lo cual calificó de erróneo, pues entregaría el poder económico a las entidades financieras.

A diferencia de la mandataria, Silva aboga por reducir el aparato estatal, dar mayor protagonismo al sector privado y reforzar los vínculos con Estados Unidos y la Unión Europea.

Con 33 por ciento en la intención de votos, la postulante por el Partido Socialista se queja de los ataques de sus adversarios a su programa de gobierno, el cual -según comentaristas políticos- se asemeja al del senador Aécio Neves, el pretendiente del PSDB.