Aquellos que dicen que el gobierno “compra” al pueblo con láminas de zinc son inquilinos de la ignorancia y de la insensibilidad humana. Son viajeros frecuentes hacia lo absurdo y visitantes permanentes de la inconsciencia.

Ha quedado demostrado desde hace casi una década que los programas que ejecuta este gobierno impactan notoriamente en las familias; en las más pobres y sin dejar que un color partidario corte el beneficio. Incluso ese señalamiento sobre partidismo quedó en el pasado. Ya no es más una excusa para ellos.

Lo que muchos no analizan es el impacto que un Plan Techo puede provocar en estas familias; muchas de ellas sobreviven con menos de dos dólares al día. Se trata de personas que necesitan un estímulo; un revulsivo modifique sus patrones de conducta y los haga levantar la mirada y darse cuenta de que se puede alcanzar el horizonte.

“Cuando hablamos de entregar un techo a nicaragüenses que están en situación de pobreza extrema estamos hablando de una transferencia de recursos que de inmediato impacta en la calidad de vida de estas personas”; dice el especialista en temas financieros, Geovani Rodríguez.

Yo comparto ese análisis porque cuando como periodista se le da cobertura a esta actividad que congrega a muchas familias de varios barrios de todos los departamentos, se nota el entusiasmo con que llegan a recibir el beneficio. Como si por fin recibieron una respuesta extremadamente necesaria.

Lo mismo sucede en los hogares donde las dificultades no son tan preocupantes. Imaginémonos cuando tapamos una gotera. ¡Se acaba un problema enorme! Y pues así se sienten las familias que tienen muchas más complicaciones que nosotros. La sensación crece exponencialmente cuando tienen la certeza de que “esta noche no nos vamos a mojar”.

Así me lo dijo doña Mayra Gómez en la más reciente entrega de este programa en el Distrito III. “Hijo, vos no sabés cómo estamos en mi casa. Ya están listos dos chavalos para ponerme el techo”.

Ella es costurera desde hace 35 años y sus clientes le encargan pequeñas tareas de vez en cuando; pero con una casa deterioradísima no tenía las condiciones para seguir haciendo estos “rumbitos”. Ahora sí puede porque no tiene temor de usar su vieja máquina porque antes se le mojaba.

En una encuesta al principio de este año, la consultora M&R publicó estos resultados: el programa Hambre Cero goza del apoyo del 73.7 por ciento, Usura Cero 74.1 por ciento, Plan Techo 78.1 y Bono Solidario 79 por ciento.

Esto quiere decir que una gran parte de los consultados han sido beneficiados por alguno o varios de estos programas. Y por ende, los aprueban por su alto impacto. Así que ¿por qué no considerar al Plan Techo como un impulso para el optimismo?

El experto financiero consultado dice que “y no solo el acceso al recurso sino el optimismo que puede general al mejorar el entono familiar y comunitario”. Dejando entrever que un techo nuevo para una casa pobre puede confortar a las personas; quitándoles una preocupación para ocuparse en otras. Es decir, sus láminas de zinc dan la oportunidad para poco a poco emprender o aligerar todos los proyectos familiares pendientes.

En realidad se trata de la tan mencionada restitución de derecho. Efectivamente lo es. Porque este beneficio era inalcanzable y con el alto costo de la vida a nivel mundial, diez láminas de zinc que son otorgadas sin pedir un córdoba a cambio, con todo y críticas absurdas, es un alivio para los bolsillos de los pobres, de los abuelitos, de las abuelitas, etc.

El Plan Techo se ve. Pero esa restitución también se da desde otros ángulos. Como la aprobación de leyes con impacto directo en la sociedad y en constante debate. Como la Ley 779, contra la violencia hacia la mujer; así como la ley del Código Procesal del Trabajo y Seguridad Social. Y hasta se ha reconocido la labor de las asistentes del hogar, también mediante ley.

La psicóloga y diputada Martha Marina González afirma que un programa así “provoca que la mujer y su familia sientan seguridad porque tienen un techo donde protegerse; fomentando el sentido de pertenencia”.

Las personas se sienten propietarias de algo; aunando a su estabilidad emocional que puede llevarlos a la estabilidad laboral. Es parte de la independencia que necesitan los seres humanos; viendo además mejorías en sus condiciones de salud “y aportando a un mejor estado psicosocial”.

El Plan Techo coopera con una sociedad feliz; que es la suma de muchas personas que son dueñas de su destino. Por tanto, es cada individuo quien debe poner de su parte para realizar acciones con las que dejará su huella positiva en el mundo a través de actitudes bondadosas. Es sencillo.

En su plan nacional de desarrollo humano, el Gobierno Sandinista mantiene la sostenibilidad de los programas sociales; entre estos gratuidad en la salud y educación. Seguir reduciendo a cifras mínimas la mortalidad materna e infantil, incrementar el acceso al agua potable y la energía eléctrica.

Y todo esto hace feliz al pueblo. Lo necesario ahora es apropiarse de los beneficios y potenciarlos con nuestras propias manos.