El Barcelona vuela hacia si mismo. Tres meses después de la deprimente despedida del pasado curso el Camp Nou asistió a la recuperada imagen del pasado.

La pelea, la entrega, la lucha y la intensidad en el césped regresaron de manera incuestionable. Si a ello se le añade la calidad innata de este equipo y que en su seno tiene a un tal Leo Messi la discusión se antoja innecesaria.

El Elche le mantuvo el pulso 42 minutos al nuevo Barça de Luis Enrique. Después de dos remates al palo de Munir (22 minutos) e Iniesta (32), la Pulga controló un balón orientado en la corona del área, entró como un ciclón y su remate raso y cruzado despertó al Elche del sueño.

A partir de ahí, por mucho que inmediatamente fuera expulsado Mascherano en una jugada que demostró que todavía falta un cacho por acoplar, el signo del partido se entendió inequívocamente favorable al equipo azulgrana.

Messi y Munir merecen capítulo aparte. El primero por mostrarse gigantesco, enorme. Tanto en el fútbol como en el carácter. El segundo por su atrevimiento, su descaro, su valentía al encarar el área rival y por cerrar su presentación oficial con un gol magnífico.

Pero el Barça de este inicio de Liga fue mucho más que sus individualidades. Firme en la zaga destacó la colocación, rapidez y toque de Mathieu; por delante Rakitic volvió a mostrarse mayúsculo en el trabajo y en el juego, regalando una asistencia de oro en el gol de Munir.

Acaso de las nuevas caras quien menos brilló fue Rafinha, volviendo a jugar con el pie cambiado y que no disfrutó de una noche especialmente feliz.

Vuelve el mejor pasado
Pero el conjunto en si mismo dejó patente el cambio con el pasado inmediato. Un acercamiento al Barça de Guardiola pero con la personalidad propia e innegociable de Luis Enrique. La velocidad de combinación en el pase vuelve a ser primordial pero el sello está en descubrir como Alba por la izquierda y Alves por la derecha se convierten en extremos para convertir el ataque en una carga continua.

La verticalidad se adivina máxinma y deberá ser más acentuada cuando exista ese '9' llamado Suárez. Pero es que, además, aquello que nació con Rijkaard y alcanzó el cénit con Guardiola volvió a verse ayer de manera continuada. Ya podía empatar el Elche o ganar por 3-0 el Barça, la presión sobre la salida de balón del equipo blanquiverde fue en ocasiones extrema, de un agobio absoluto.

Messi marcó por partida doble, Munir se estrenó y el Barça le fue dando forma a aquello que pretende su nuevo entrenador. ¿Preguntas? Claro que las hay. Ausente Piqué por sanción y Vermaelen por lesión, la presencia de Mascherano como central desplazando a Bartra al banquillo debió ser un duro golpe moral para el joven canterano, que salió tras el descanso para ocupar el lugar del expulsado 'Jefecito'.

¿Más? Bartra, Pedro y Sergi Roberto entraron en el campo y Xavi, el capitán de la plantilla,ni tan solo salió a calentar. En la primera mitad se dolió de una dura entrada Rakitic y Luis Enrique mandó calentar a Sergi Roberto, que a 10 minutos del final entró en el lugar de Iniesta. Cabe sospechar de la trascendencia futbolística que aguarde al veterano centrocampista de Terrassa.

De lo que se duda poco, por el momento, es del nuevo Barça de Luis Enrique, cuyo nombre coreó una hinchada que ha recuperado, de sopetón, la ilusión.