Ninguna oenegé de derechos humanos de los Estados Unidos, o el partido de oposición, ha atacado al presidente Barack Obama y su gobierno, ni a la Guardia Nacional, ni a la Policía, ni al sistema, de violentar el Estado de Derecho, de estar en el límite de un “estallido social” y someter con una cruda “represión” a los norteamericanos, por los sucesos de Ferguson, Misuri.

Tampoco nadie se ha aprovechado, oportunistamente, para denigrar a EEUU, redactarlo al borde del colapso y demandar a Obama un Diálogo Nacional, porque se “acumulan una serie de tensiones” y “estamos poniendo los gérmenes de la violencia”.

Si eso no ha ocurrido es porque no tienen partidos u oenegés bananeros que todos los días degraden la realidad a simple accesorio de su agenda, publiquen “alzados en armas”, y sobre todo porque los organismos federales de seguridad e inteligencia de los Estados Unidos, jamás permitirían que una minoría radicalizada perturbara la economía, mediante la disolución del principal sello de garantía de una nación: la imagen país.

Sí es lamentable la situación, comenzando con la muerte del joven Michael Brown, a manos del policía de raza blanca Darren Wilson. Pero de ahí a imputar al presidente Obama, a los que toman las decisiones en Washington, el Pentágono, el FBI, etc., la “represión” contra todo ciudadano afroestadounidense como política de Estado, en “clara violación a la Constitución”, sería el caso de estar frente a una “oposición” sin ninguna idea de lo que es la responsabilidad, primero con su patria y luego con el arte de la política. Y es lo que pasa en Nicaragua, donde por menos que eso, a los oficiantes del desastre, con tal de dañar al Gobierno Sandinista, les vale arruinar el país.

Obviamente, ningún periódico serio ni cadena de TV de la Unión prestarían portadas y horarios estelares a tal oposición, para escucharla decir, sin rubor alguno, que Obama “ha destruido el American Dream”, y “acabado” con los ideales de Washington, Adams, Franklin, Madison, Hamilton y Jefferson… y últimamente “traicionado” a Martin Luther King.

En Estados Unidos, como en otras partes del mundo, o aquí mismo en Nicaragua, pueden ocurrir hechos que si no son para aplaudir, peor que sean para manipularlos y utilizarlos contra el presente y futuro de una nación.

Eso de hacer de un pelo una peluca punk, para erizar a quien crea sus conclusiones apocalípticas, es un acto irresponsable y no político, porque si nos atenemos a su definición clásica, un político de verdad busca el bienestar de la polis, de la ciudad, y por extensión, de un país; nunca que sus habitantes la pasen mal como resultado de una perversa campaña en el exterior.

Un político que se precie de tal no debe ser agente del odio, pero los “industriales de la política”, como les llamaba el poeta Flavio Tijerino, cultivan las pasiones inferiores para alcanzar, a través de ese maligno atajo, una “popularidad” envenenada.
En 20 años

Lo de Ferguson no es el primer capítulo de violencia racial norteamericana. La BBC establece nueve ciudades en los últimos 20 años, donde la tensión en las calles y los alborotos, con heridos y fallecidos, derivan más por “la falta de claridad y el manejo posterior en los tribunales”, que por la muerte en sí, porque algunos procesados como victimarios, salieron “inocentes”.

El dato es para reflexionar: ¿quién salió de los Estados Unidos a la Corte Internacional de Derechos Humanos, al Europarlamento, a la Internacional Liberal, o llamar a los embajadores acreditados en Washington y montar “conferencias de prensa” para denunciar a la Policía, al Ejército, a la Marina, a la Guardia Nacional, y a la Corte Suprema de Justicia de EEUU; a los primeros por “violar los derechos humanos” y a la última por “prevaricato” y por estar “al servicio de la raza blanca” en contra de los afroamericanos?

Es claro que circunstancias excepcionales que empañan la Ley se producen en los “reinos” de la Democracia y el resto del “plebeyo” planeta, sin embargo, habría que ver cómo reaccionarían los comisionados, directores, generales y magistrados de la Unión Americana ante aquel partido- oenegé que vaya al extranjero a difamar --- por un hecho muy específico que no corresponde a los valores de las instituciones---, a toda las fuerzas del orden y de la Administración de Justicia.

Hasta hoy, después de las manifestaciones con cocteles molotov y saqueos en Ferguson, ni la poderosa Iglesia Evangélica del Cinturón Bíblico de los Estados Unidos --que ha decidido elecciones presidenciales--, ha llamado, como los operadores extremistas en Nicaragua, a un “diálogo nacional” porque el ambiente “del país es tan grave que amerita el esfuerzo concertado de todos”.

Solo en 1992, en Los Ángeles, California, el saldo fue de 53 personas muertas, y una cifra superior a los 2 mil heridos. En otras ciudades se produjeron pillajes, incendios y enfrentamientos entre manifestantes y policías.

Mientras este último capítulo sigue abierto en Misuri, en la base militar de Fort Lee, Virginia, se reportó a primera hora del lunes 25, un “incidente con un hombre armado”. En tanto, tres personas resultaron heridas durante un tiroteo “en una fiesta llena de celebridades organizada por Chris Brown, la madrugada del domingo 24, dijo el portavoz del Departamento del Sheriff del Condado de Los Angeles”.

El cantante de hip hop publicó después del incidente: “Es decepcionante que, como sociedad, no podamos divertirnos sin altercados” (CNN).

Y ahí están los Estados Unidos, como aquí está Nicaragua con alianzas y diálogos. Y ni allá está cayendo la democracia a pedazos, ni aquí se hunde el país. Todo lo contrario. Sino que lo diga Tumarín.