El secretario general del movimiento Hizbulah (Partido de Dios) de Iraq, Wathig al-Battat, ratificó hoy el respaldo a Haidar al-Abbadi para primer ministro, postura que acentuó las divisiones con otros sectores chiitas afines a Nouri al-Maliki.

Al-Battat expresó tácito apoyo a la nominación de al-Abbadi por la Alianza Nacional (AN), la principal coalición chiita de este país cuya decisión implicó un severo varapalo para al-Maliki, líder del partido Estado de Derecho o al-Dawa que pretendía ser reelegido para un tercer mandato.

Según el Hizbulah iraquí, el primer ministro saliente fracasó en solucionar numerosos asuntos nacionales, en particular la estabilidad y la seguridad del país mesopotámico, sacudido desde junio pasado por la ofensiva armada de extremistas sunnitas subordinados al Estado Islámico (EI).

El dirigente chiita aseguró que su agrupación seguirá combatiendo el terrorismo promovido por el Daesh, acrónimo árabe del EI, y otros grupos ligados a la red al-Qaeda hasta "lograr la victoria completa de todos los iraquíes", y advirtió de posibles maniobras de al-Maliki para arrestarlo.

El presidente iraquí, Fouad Masum, encargó ayer a al-Abbadi formar el nuevo gobierno, tras lo cual el jefe de gabinete saliente prometió demandar al mandatario en los tribunales por alegada violación de la Constitución, pues su partido posee el mayor número de escaños en el parlamento.

La reticencia de al-Maliki a renunciar al cargo acrecentó el riesgo de violentas disputas en Bagdad entre diversas facciones chiitas, pues fuerzas militares y de seguridad leales al todavía primer ministro se desplegaron en las entradas de la capital y en torno a la fortificada Zona Verde.

Además, civiles seguidores del controversial político se movilizaron en calles bagdadíes, mientras el propio jefe del Gobierno acusó a Estados Unidos -que en 2006 avaló su ascenso al poder en plena ocupación militar- de "revelar su respaldo a quienes violan la Constitución".

En opinión de al-Maliki su defenestración obedeció a tramas internas y externas que insistió en definirlas como ilegales y anticonstitucionales, de ahí que anunció su decisión de no participar en el próximo Ejecutivo en tanto rechaza reconocer la legitimidad de al-Abbadi.

"Ni al-Abbadi ni nadie tiene derecho de firmar a nombre de al-Dawa", remarcó el grupo que ganó 95 de los 328 escaños en el Consejo de Representantes en las elecciones de abril y recordó que la Corte Suprema reconoció la legitimidad constitucional del mayor bloque legislativo.

Sin embargo, el propio Estado de Derecho está dividido en ese asunto, a lo cual se añadió el reclamo del clérigo radical chiita Muqtada al-Sadr para que al-Maliki se aparte del poder, al tiempo que alertó de un posible e inminente asalto del Daesh a Bagdad.

Al-Sadr ordenó a su milicia Brigadas de Paz, formadas en junio tras la ofensiva del EI, extender a Bagdad las tareas de vigilancia y protección de santuarios chiitas que actualmente realizan en Samarra, ante la eventualidad de que al-Maliki recurra a la fuerza para mantenerse en el cargo.