Lo del Gran Canal de Nicaragua es un síntoma irrevocable de valentía. Este Gobierno quiere hacer historia de nuevo. Así lo leo y así lo interpreto. Porque se trata de una ambición que viene a romper esquemas y a mostrarle al mundo que los riesgos no solo se toman en grandes tierras donde el petróleo puede hacer maravillas.

Nicaragua se alista para que los historiadores la incluyan en sus libros como una nación sin temor al progreso sostenible. Y eso es mucho más que lo que hicieron durante 16 años aquellos gobiernos neoliberales que solo utilizaron su estatus de administradores del país para considerarse “exitosos”.

Lo del Gran Canal es una carrera en la cual Nicaragua lleva mucha ventaja; y esto no simboliza una competencia contra otro país latinoamericano. Es simple y sencillamente un botón del entusiasmo que este Gobierno transmite internacionalmente.

Al participar o atestiguar algunas de las consultas es notoria la ansiedad que el proyecto despierta en la gente. Y eso no debe ser motivo para condenarlo. Esas dudas, preguntas, inquietudes, temores e inconformidades son más que necesarias para que los dirigentes de la obra se preocupen por hacer el proceso lo más transparente posible.

¡Que bien que existen esas personas que cuestionan el proyecto! Pero las que lo hacen de manera propositiva. Porque sin ellas hasta los que creemos en su ejecución tendríamos dudas poco razonables.

Así que; ¿cuál es el problema con que la gente se preocupe? Acá debería ser protagonista la objetividad del periodismo. Es momento de encontrar maneras para que seamos más responsables y pensar que si el país finalmente se hunde (como lo desean algunos pocos) ni siquiera los periodistas vamos a tener trabajo. ¿Nos arrepentiremos entonces por aunar al fracaso del país?

El mundo, no solo Nicaragua, requiere medidas extremas para mantenerse en el espacio. Y si las autoridades del Gran Canal prometen un desarrollo con conciencia ambiental, pues entonces ¿por qué no confiamos en ellos? ¿Acaso debemos sucumbir ante los discursos de “las estrellas del pasado” que sostienen que la obra es imposible?

Así como el Gobierno, debemos ser todos valientes. De cualquier manera, se nos ha dicho en innumerables ocasiones que se está apenas en la etapa de estudio. Peor sería que no hubiesen hecho ninguno, que no indagaran, que no expusieran los avances ante la población.

No han dado los precios de las tierras; no han especificado cuándo arranca la construcción; aún no hay tanta información. Pero he sido, igual que muchos colegas, testigo de que se está haciendo un enorme esfuerzo por difundir cada paso de esta aventura. Tanto así que jamás se habían escuchado miles de voces extranjeras interesadas en Nicaragua. ¡Estamos en el mapa!

Lo destacable en este caso es que el Gobierno Sandinista quiere hacer algo más que solo pasar de largo y darle la responsabilidad de convivir con la miseria a otro partido político. Por ello me resulta admirable que exista la valentía para atreverse a mirar el Gran Canal como un proyecto posible.

Se trata de una oportunidad que, si resulta, traerá beneficios que no pudimos imaginarnos nunca. Y eso es más que un logro partidario; es un evento de talla mundial. Y si Panamá pudo hace 100 años; ¿por qué no vamos a poder nosotros?

(El autor es periodista de TN8)