El pensamiento de traspatio, perturbación histórico-mental de la que algunos no quisieran recuperarse jamás, hace que se vean “monstruos” queriendo “devorar” a Nicaragua, cuando el país, dejando atrás la pobre mitología del sometimiento perpetuo, navega en el hasta ahora mar desconocido de nuestra soberanía, para emprender la ruta formidable del primer mandato de la Constitución.

La reciente visita del Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, del presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, de la Gerente Directora del Banco Mundial, Mulyani Indrawati; de los presidentes de Venezuela Nicolás Maduro, El Salvador, Salvador Sánchez, Honduras, Juan Orlando Hernández, y de la Vicepresidenta de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos, Jodi Bond, entre otros, confirman a vela abierta, el Primer Artículo de la Ley Fundamental:

“La independencia, la soberanía y la autodeterminación nacional, son derechos irrenunciables del pueblo y fundamentos de la nación nicaragüense”.

Ninguna de estas personalidades en territorio nacional significó, según el concepto constitucional, una “injerencia extranjera en los asuntos internos de Nicaragua…”.

Tampoco, al no haber intervención “atentaron contra la vida del pueblo”, todo lo contrario: hay un comercio fluido con los Estados Unidos, desayunamos pan de Rusia, el país se mueve con hidrocarburos de Venezuela, Taiwán saborea el café de nuestro aromático septentrión y pobladores de San Francisco Libre estrenan una carretera que los salva de seguir siendo una isla en tierra firme, gracias a los fondos del Banco Mundial.

Todo nos hace indicar que cuando el Frente Sandinista, a través de la escritora Rosario Murillo habla de los Nuevos Tiempos, es que de verdad, no por decreto ni por voluntarismo, corren otros calendarios, aunque quedan por superar las fechas del atraso secular que los últimos gobiernos no quisieron remover.

Para la derecha radical es difícil soportar el éxito ajeno cuando una formación política, a la que no le han tenido el mínimo de piedad, descargando toda clase de infundios, recibe elogios globales por la buena andanza del gobierno.

Derecha “frontera sur”

Al no dar resultado el repertorio de sus funestos deseos, vienen con los viejos códigos de la Guerra Fría: “En el caso del presidente Putin fue decirle a los Estados Unidos que Rusia también puede tener influencia en la frontera sur de los ´gringos´, a como ellos lo han hecho en Ucrania…. ´Es… un contragolpe´ a la política exterior norteamericana, indicó (Víctor) Tinoco” (“La Prensa”).

Ese manejo maniqueísta de la derecha “frontera sur”, al estilo de George W. Bush, “todo el que no esté conmigo está contra mí...”, después del 9/11, trata de incidir en el ánimo de su clientela electoral de que Nicaragua no cuenta con opciones. Empero, la Gerente Directora del Banco Mundial observó un país con “mucho potencial”.

El finado escritor Gabriel García Márquez expuso, en 1981, este cuadro intolerable que un ciudadano sensato no quisiera ver colocado en ningún museo de malas artes, pero cierta gente para sentirse completa, intenta desde su inútil melancolía, explicar el movimiento del mundo desde la foto fija de una época en blanco y negro:

“"No queremos hacer una nueva Cuba", han dicho ellos (los sandinistas) muchas veces, "sino una nueva Nicaragua". Sin embargo, soy el primero en reconocer que en dos años han tenido que hacer muchas cosas en sentido contrario del que ellos hubieran querido. Lo han hecho obligados por la tozudez de Estados Unidos, que se empeña en empujarlos en brazos de la Unión Soviética sólo para demostrar que no hay sino dos sopas en este mundo, y que los países desamparados no tienen más opción que escoger una de las dos o morirse de hambre"”.

37 años después, Mulyani Indrawati delineó con “todos los colores de la vida”, diría Rosario, este fresco: encomió el liderazgo del presidente Ortega por el desempeño económico y una “política muy sólida y pragmática, para tratar de encontrar (el) equilibrio adecuado”, ofreciendo el ambiente propicio al sector privado. Y no se fue sin pintar este detalle de confesión con rúbrica: el orgullo de formar parte de los programas inclusivos que fortalecen “la cohesión social y la participación social, al mismo tiempo que mejora la calidad de los Derechos Humanos para la comunidad”.

¿Y nuestra invasión a Irak?

Pensar que por poner en práctica el Principio Fundamental número uno se entra en “el juego de los intereses geopolíticos”, o ser “peón de la ONU”, como “analizó” un exministro cercanísimo de Enrique Bolaños, es reducir nuestro ordenamiento jurídico a la caricatura de república que prevaleció durante los 16 años neoliberales.

Esa deformación que ostenta con orgullo el mismo exfuncionario, se miró en un patético acto el 8 de agosto de 2003, al aplaudir con su Presidente, la partida de 230 soldados y oficiales del Ejército para apoyar, “humanitariamente”, una guerra que además de ajena --- la intervención en Irak---, obedecía sumisamente las órdenes de George W. Bush. ¡Vaya Estado de Derecho!

Regirse por esos vetustos esquemas que consideran que nuestro deber es darle la espalda al vasto océano de nuestra soberanía para continuar siendo una pequeña nave anclada para siempre en un “patio trasero” y sin piscina, es tener una autoestima nacional muy por debajo de los niveles permitidos hasta a los más famosos vendepatrias de nuestra historia.

El mismo Secretario de Estado, John Kerry, dijo en noviembre de 2013 que “la era de la Doctrina Monroe ha terminado”, incluso para sus fans locales.

Líder del mundo lo dice

Ban Ki-moon fue muy explícito al comprobar que nuestro país lleva una buena carta de navegación: “Felicito a Nicaragua por promover el Crecimiento Económico, la Inclusión Social. Está avanzando en alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, en términos de Pobreza, de Seguridad Alimentaria, Salud, y la condición de la Mujer…”.

Nicaragua entró tarde al siglo XXI, y seis años y medio de Gobierno Sandinista es muy temprano, en términos de historia, para realizar lo que hasta ahora se ha hecho, ya no entre dos sopas frías, sino comiendo nuestro propio Gallopinto… y con los mejores ingredientes del mundo.