Miles de capitalinos devotos de Santo Domingo participaron de la tradicional bajada de la milagrosa imagen de su santuario para ser ubicada en la peaña en la que recorrerá el trayecto de la iglesia de las Sierritas hasta su iglesia ubicada en la vieja Managua, donde permanecerá por diez días y será visitada por sus fieles creyentes.

En horas de esta mañana, la iglesia de las Sierritas fue el escenario de una demostración de fe, amor y devoción a Minguito ya que sus devotos al igual que en años anteriores bailaros, agitaron sus pañuelos y ovacionaron al santo durante la eucaristía y una vez ubicado en lo que será su trono durante los próximos diez días.

“Es una alegría la que sentimos al poder celebrar estas fiestas en las que debemos ver a Santo Domingo de Guzmán como un ejemplo y por eso debemos imitar sus virtudes, a todos nos gusta ver al pueblo pagando sus promesas y viviendo la alegría, sin embargo debemos de tomar en cuenta que todo esto debe ser una devoción y una muestra de espiritualidad que llevamos dentro, que es el amor y la devoción a nuestro santo” manifestó Monseñor Carlos Avilés.

Por su parte, la compañera Daysi Torres, Mayordoma de las fiestas patronales de la capital, señaló que estas fiestas son una manifestación cultural y religiosa en la que el pueblo manifiesta ese sentimiento de agradecimiento a la milagrosa imagen por las bendiciones brindadas.

“Esta fiesta es una mezcla de cultura, religiosidad y fe porque la gente viene a pagar sus promesas y a darle gracias por todas las bendiciones que han venido hasta sus hogares y hasta nuestro país, es muy hermoso ver a nuestro pueblo inundado de fe por nuestro santo patrono” expresó.

Los promesantes también señalaron que la imagen de Santo Domingo es capaz de movilizar a familias de todo el país, debido a los milagros de sanidad y salvación. Así mismo afirmaron que el pago de sus promesas ha sido transmitido en sus familias por varias generaciones.

“Tengo diez años de pagarle promesa a Santo Domingo cargando una réplica de su imagen, él sanó a mi tío de un cáncer y yo me comprometí a venirle a bailar todos los años hasta que Dios y Santo Domingo me quiten la vida” señaló Víctor Jácamo.

“Ya son diez años los que tengo de venir a pagar la promesa a Santo Domingo, quien me permitiera traer al mundo a mi hija sana y sin presentar dificultades durante el parto, este año concluye mi compromiso y ahora depende de mi hija seguir con la tradición. La fe y devoción a Santo Domingo es una tradición que nos la enseñó mi abuelita y por eso somos muy creyentes” concluyó Gema Parajón.