El colorido y la vistosidad en el atuendo de la imagen de Santo Domingo de Guzmán ha sido una tarea realizada desde hace muchos años por un Comité de Vestidores nombrados por el comité parroquial conformado por sacerdotes Jesuitas, quienes delegaron tan importante tarea a hombres y mujeres entregados a la vida religiosa y a la devoción hacia Minguito.

Desde hace mucho tiempo los miembros del Comité de Vestidores, como popularmente se les conoce, descansan ya en la Paz del Señor, siendo la última del grupo doña Graciela Cajina, quien falleciese el año pasado el 3 de agosto, fecha en la que año con año acostumbraba pagar su promesa vistiendo al santo previo al día de Santo Domingo el 4 de agosto.

La ausencia terrenal de doña Graciela no es impedimento para sus familiares, quienes han asumido la tradición, dando cumplimiento al pago del milagro de sanación de uno de sus hijos y el regreso con vida de otro de sus hijos luego de integrar las filas del Servicio Militar Patriótico.

“La tradición está permanente en nuestra familia y se va transmitiendo de generación en generación, como fieles parroquianos de la Iglesia de Santo Domingo siempre pertenecimos a las congregaciones del templo. Hace muchos años, el comité parroquial de los Jesuitas eran los encargados de elegir al Comité de Vestidores de Santo Domingo y mi madre fue una de las electas y ser parte de este importante equipo”, comentó Javier Espinales Cajina.

“Mi madre nos inculcó esa devoción y entrega a Santo Domingo, recuerdo que ella siempre estuvo agradecida con Minguito porque muchas veces la sanó de varias enfermedades, como a mi hermano a quien le sano de un padecimiento de asma y a mí me trajo con vida luego de estar en el Servicio Militar Patriótico”, destacó Ramón Espinales Cajina.

La tradicional vestida de la imagen está a cargo de toda la familia, para ello utilizan cinco cajas de flores plásticas con llamativos colores así como el modelo tradicional que implementó durante más de 50 años su amada madre.

“Nosotros seguimos con la tradición tal y como si ella estuviese viva, los hijos, nietos y bisnietos vamos a continuar cumpliendo el pago de la promesa que por 51 años realizó nuestra madre, ella siempre preparaba al Santo para que él recorriese el cuatro de agosto las calles de los barrios orientales”, manifestó Ramón Espinales Cajina.

“Somos una familia muy tradicionalista y es por ello que nuestra tarea ha sido arreglar a la imagen, ponerle sus flores y por su puesto un arco que para mi madre representaba la vida, siempre hemos utilizado rosas rojas y amarillas como un símbolo de amor, además le colocamos una coronilla cargada de muchas flores y nosotros vamos a seguir implementando el diseño que en vida mi madre le realizaba” añadió.

El recuerdo de doña Graciela y el pago de la promesa concuerdan con un momento que marcó la vida de esta familia, tomando en cuenta que la última tradicionalista falleciera horas antes de ir al templo católico a concretar su compromiso con la milagrosa imagen.

“Somos una familia muy unida y el espíritu de nuestra madre está con nosotros, este año al igual que en otras ocasiones vamos a vestir a la imagen el próximo tres de agosto, fecha en la que hace un año falleciese nuestra amada madre, quien fuese la última del grupo de vestidoras que estaba viva, mi madre fue una mujer de fe y devoción, nunca dejó de vestir la imagen incluso durante el terremoto de 1972 y en los años de la guerra”, concluyó Javier Espinales.