Solo el hecho de haber escogido la mayor de las efemérides del calendario patrio, después del 15 de septiembre, para reconocer a Jesucristo como su principal guía, el presidente constitucional de Nicaragua, Daniel Ortega, honró desde esa magna posición de honor, al hijo del Dios que todo lo puede.

“A lo largo de nuestra vida, en los momentos de alegría y en los momentos de dolor, siempre he invocado a Dios, y le he agradecido a Dios”, dijo el comandante Ortega, al dar un paso en el cual muchos dudan hacerlo en público.

“Para llegar a Sandino, primero llegué a Cristo. Para llegar a la Revolución Cubana, primero llegué a Cristo. Para llegar a Marx, a Lenin, a Engels, primero llegué a Cristo. Para llegar al pueblo, primero llegué a Cristo. Ahí reside la principal fortaleza de este pueblo, que es profundamente Cristiano, Católico o Evangélico; Cristianos. ¿Quién más Poderoso que Cristo? Dios. Solo Dios”, reveló.

Un sincero líder evangélico, valorando días después aquella confesión cristocéntrica, la primera que hace un Presidente de la República en toda la historia desde la constitución de nuestro Estado en 1838, sintió que el comandante Ortega lo decía con el alma.

“La mano divina operó en él para decir algo que no lo había dicho antes. Ha tenido que ver la oración que mucha gente hemos hecho; lo he tenido a él en eventos donde asistió, inclusive, sin ser Presidente. Ahí estaba con el pueblo evangélico, y desde hace muchos años viene en una conexión que yo creo que ahora, en alguna medida, estamos viendo los resultados de lo que Dios puede hacer en un hombre”, observó el pastor César Augusto Marenco, líder de uno de los influyentes ministerios evangélicos de Nicaragua.

La noche del 19 de julio, el comandante Ortega asumió un compromiso público en lo que puede llamarse un testimonio personal de lo que ha significado Jesucristo en su vida: ser instrumento de paz.

Por supuesto, corazones donde reina el Señor como en el caso del reverendo Marenco, son sensibles para reconocer el mover de Dios sobre el líder revolucionario, pero donde campea otra clase de espíritu, la inusual revelación del Jefe de Estado fue criticada.

Algunos voceros de la derecha extrema descalificaron una “involución” en el planteamiento del mandatario, pero los componentes de la superestructura, en este caso particular las ideas, no deben asumirse religiosamente, porque la realidad cambiante, el vino nuevo, siempre romperá los odres viejos. Toda obra de manufactura humana no está hecha para alcanzar la trascendencia; es falible y con fecha de vencimiento.

Hasta hoy, ningún otro mandatario de Nicaragua fue tan claro y lúcido con la fuente de la verdad bíblica: Cristo. El presidente Ortega no se perdió en santorales ni exégesis humanas elevadas a certezas absolutas que tratan de competir con las expuestas en los 66 libros de la Biblia. El Libro de libros declara sin sofismas ni recursos sibilinos la más excelsa de todas las verdades: el único puente máximo entre Dios y la humanidad, es Jesucristo.

Jesús mismo no anduvo con rodeos y personalizó la relación con el Todopoderoso: “Por tanto, todo el que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Pero cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 10: 32-33). Esa noche, Daniel no lo negó, sino que lo confesó delante de una excepcional inmensidad de vivientes.

También hizo justicia para enmendar un yerro histórico en el movimiento revolucionario mundial que ha sido utilizado como artículo de fe de los iniciados en las luchas de liberación en los años 60 y 70 del siglo pasado:

“…estaba aquel principio que tenía su base de sustentación, de que la Religión era el opio de los Pueblos... yo descubrí desde mi niñez, que Cristo no era el opio de los Pueblos, ¡Cristo es, y era, la Conciencia de los Pueblos, y seguirá siendo la Conciencia de los Pueblos!”.

El pastor Marenco me comentó: “Creo que el presidente Ortega está experimentando algo que tiene que ser divino para que él pueda decir eso, porque los seres mortales tenemos, al final, que reconocer la mano divina que reposa sobre nosotros… Veo una mejor conexión que es divina. Este varón definitivamente ha sido tocado por Dios…”.

Honrar a Dios

Los que, por otra parte, hablan de que la confesión del comandante Ortega obedece a conseguir adeptos creyentes, o responder a un sector eclesiástico, falsean sus palabras.

Nuestro país no está en crisis a pesar de los agoreros del desastre; Nicaragua no es Irak, mucho menos un territorio devastado por la intolerancia política o los extremismos religiosos, como se quisiera hacer creer, aprovechando lamentables hechos aislados. Gracias al Altísimo, habitamos una de las repúblicas más seguras y estables de Latinoamérica.

Las últimas encuestas le dejan a Daniel un saldo de lujo como personalidad, dirección económica, políticas sociales y gobernanza.

M&R certificó que el 76.1% de la población considera que el Presidente busca la unión y reconciliación de los nicaragüenses, frente al 18.5% que opina lo contrario. El 73.9% cree firmemente que Daniel conduce Nicaragua en la dirección correcta, mientras el 13. 7% lo ve equivocado. Además, es la tercera personalidad con mayor índice de agrado con un 76.4%, después de la comisionada Aminta Granera y la escritora Rosario Murillo.

Desde el pináculo de su carrera, Daniel transmite un mensaje alentador que desborda lo político. Por lo general, un individuo se acuerda de Dios si se encuentra en alguna situación desesperante. Cuando todo va viento en popa, en la arrogancia del egoísta, Dios sale “sobrando”. El éxito se lo atribuye a su propio esfuerzo.

El Señor honra a quienes lo honran. En este caso, a pesar de la maledicencia de los malos espíritus, al reconocer a Jesucristo ante la multitud, Daniel demostró tener bien puesto los pies sobre el suelo y la mirada donde deben apuntar los que piensan en grande: el Cielo.