La ventana de transferencias del verano nunca deja de ser un desorden caótico, ridículo y errático, pero hay algunas historias completamente predecibles cada año.

El Chelsea firmará con un par de jóvenes talentosos pero inmediatamente pasará a darlos en préstamo. El Juventus se embarcará en una campaña implacable para adquirir un porcentaje de diversos prospectos jóvenes italianos, la mayoría de los cuales nunca jugará para el club. Pero, lo más predecible de todo, es que cada cuatro años el Real Madrid ficha una estrella -- a menudo la estrella -- de la Copa del Mundo.

Comenzó en 2002 con la firma del delantero brasileño, Ronaldo. Él había soportado un par de años horrendos en el Inter, plagado de graves lesiones de rodilla que amenazaron con arruinar su carrera. Su participación en el Mundial de ese verano había estado en serias dudas, pero ocho goles en siete partidos -- incluyendo los dos de la final que término 2-0 en favor de Brasil contra Alemania -- convencieron al Real para invertir efectivo en el último galáctico de Florentino Pérez. Convirtió 83 goles en 127 partidos de La Liga y aunque no pudo inspirar al Real para la Copa de Europa, fue muy popular.

En 2006, el Real perdía al futbolista que acababa de ganar el Balón de Oro del Mundial, mientras que Zinedine Zidane se retiraba. ¿A quién compró? Bueno, por supuesto, al que lo seguía en la lista, el hombre que había estado segundo por detrás de Zidane, Fabio Cannavaro. Una firma inusual para el Real en ese momento -- un defensor -- pero Cannavaro los ayudó a ganar títulos consecutivos de La Liga.

En 2010 fue más complejo -- muchas de las estrella de la Copa Mundial eran españoles, pero jugaban para el Barcelona. Jugadores de la talla de Xavi Hernández, Andrés Iniesta y Gerard Piqué no eran objetivos realistas, mientras que David Villa ya había firmado para el Barça. ¿Joan Capdevila? No, gracias. En cambio, Madrid tuvo que arrasar con el segundo equipo más impresionante... fue por los alemanes, Mesut Özil y Sami Khedira.

En esta ocasión, han logrado otro golpe doble -- Toni Kroos, uno de los jugadores más impresionantes del equipo campeón del Mundial, y, una incorporación aún más intrigante, James Rodríguez. Obviamente, el ganador del Botín de Oro de la Copa del Mundo (y es lamentable que no se le haya otorgado el Balón de Oro, también) iba a ser un fichaje natural para Pérez.

Los entrenadores siempre están encantados de dar la bienvenida a los jugadores con tanto talento como Kroos y James, pero Carlo Ancelotti no parará de rascarse la cabeza, y de escribir y repasar un montón de páginas de tácticas en su bloc de notas esta semana.

La temporada pasada fue difícil para Ancelotti poder lograr el equilibrio, obligado a adaptar tanto a Gareth Bale como Cristiano Ronaldo en sus posiciones favorecidas además de una gran cantidad de mediocampistas centrales técnicos. El sistema a menudo pareció un cruce entre un 4-4-2 y un 4-3-3, con Ronaldo jugando en algún lugar entre un lateral izquierdo y un delantero, mientras que Ángel Di María se dedicó a correr a fin de proporcionar algún equilibrio defensivo.

Di María fue el jugador más impresionante del Real por momentos, con una asombrosamente brillante performance en la derrota por 4-3 ante el Barcelona y un excelente rendimiento en la final de la Copa de Europa. Él, sin embargo, parecería ser la partida más probable, con James ocupando su lugar. Se corre el riesgo de arruinar la armonía y la cohesión en la que Ancelotti ha trabajado tan desesperadamente.
Como lo mostró el Mundial, James está más feliz cuando juega de 10. Ancelotti, por su parte, siempre apunta a hacer jugar a sus hombres en sus mejores posiciones, lo que significa que un 4-4-2 y un 4-3-3 no son opciones si quiere que juegue James en el centro. Un 4-2-3-1, con Ronaldo y Bale en los flancos, es sin duda la única solución.

A pesar de que corre el riesgo de crear un equipo desequilibrado, la formación no es del todo inviable. Mientras que hacer jugar a James, Bale y Ronaldo en una línea de tres -- presumiblemente detrás de Karim Benzema -- parece un enfoque de extremo ataque, la ventaja para Ancelotti es el hecho de que tanto Bale como James son muy trabajadores y les encanta jugar en la defensiva.

Bale, por supuesto, es un zaguero convertido y, por lo tanto, muy capaz de caer en el fondo y proteger su defensa. Esto fue crucial en la campaña de la Copa de Europa del Real la temporada pasada, mientras que Ronaldo y Bale no jugaron en el mismo papel: Ronaldo fue un delantero; Bale más bien un mediocampista amplio. Bale es un atacante devastador, pero no es un jugador de lujo.

James también es muy disciplinado. Si bien a menudo es considerado un lateral llevado al interior para convertirse en un Nº 10, sus actuaciones en la fase de grupos de la Copa Mundial sugieren que es capaz de volver a la zona central del campo para ayudar a su equipo a retener la posesión. También puede detener con fuerza a sus oponentes - - mira la forma en que desposeyó a Serey Die para crear el gol de Juan Quintero ante Costa de Marfil. Una vez más, no hay ninguna razón para creer que James descuidará sus responsabilidades defensivas en su nuevo club.

De hecho, compara los cuatro en el frente del cuarteto favorecido al mando de José Mourinho entre 2010 y 2013 -- y verás que no es menos sólido defensivamente. Benzema y Ronaldo se mantienen en su lugar mientras que James es más responsable en la defensiva que Mesut Özil. Bale es capaz de proporcionar la energía de Di María, tal vez metiéndose en una posición ligeramente más estrecha.

Hay alternativas, por supuesto. Ancelotti podría optar por jugar con la formación 4-4-2 modificada de la temporada pasada, con Ronaldo en la delantera y James pasando adentro desde la izquierda, un papel que ha jugado antes. Al igual que la campaña pasada, es probable que sea un híbrido entre dos sistemas -- Ancelotti no es alguien que prescribe una formación rígida.

La clave en todo esto es siempre la misma: el propio Ancelotti. Algunos otros entrenadores toman decisiones sobre su formación y su estilo de fútbol antes de tratar de acomodar a los jugadores, pero el italiano es mucho más flexible, cediendo a las demandas de sus mayores activos. Es perfecto para un club como el Real Madrid, que intenta firmar a los mejores jugadores sin tener en cuenta su impacto táctico -- un equipo centrado en el individuo y no en el equipo.

James podría convertirse en uno de los fichajes más importantes de Madrid en años. Él cuenta con la creatividad, la capacidad de gol, el ritmo de trabajo, la disciplina táctica y la flexibilidad a la hora de pensar cualquier formación y en cualquier estilo de juego. ¿El Real en realidad lo necesitaba? Por supuesto que no -- pero Ancelotti considerará a James como una pieza central en sus planes y no como alguien que vaya a perjudicarlos.