Algunos “rambos” creerán que la masacre ejecutada la noche de este 19 de julio es la solución para arreglar las cosas y seguramente estarán felices con la vileza cometida. Esos que abrieron fuego contra gentes inocentes, que regresaban del acto del FSLN en su 35/19, fueron inducidos por aquellos que susurran alientos de guerra y que en su miopía política no hacen otra cosa que echar gasolina a la hoguera en un país donde evidentemente no todos hemos aprendido de nuestra historia.

La barbarie no es un acto de rebeldía y menos una actitud política; esto es un miserable acto de cobardía contra personas que tienen todo el derecho de simpatizar con el FSLN y regresaban de conmemorar una fecha que ya es parte de la tradición de su partido, independientemente que discutamos lo nacional que debería ser.

¿Qué hicieron los “rambos” al ejecutar esta masacre? Antes que nada asesinar a personas cuyo pecado fue pensar diferente a los que tiraron del gatillo y que siendo los mismos que por diferentes medios se autollaman “demócratas” dejaron en la orfandad y en el luto absoluto a los dolientes de los muertos que tenían cónyuges, hijos, padres y hermanos, y preocupados y afligidos a los también familiares de los heridos, que por la gracia de Dios hoy pueden contar el cuento.

¿Qué lograron los “rambos” intelectuales y operativos con esta canallada?

Traernos pesadillas del pasado que en Nicaragua no tienen ni espacio ni cabida, independientemente de los problemas políticos que existan, y después hacerle un gran favor al partido en el poder porque visiblemente la muerte, la intolerancia, el asesinato y la intransigencia se puso del lado de la cancha de aquellos a los que toda Nicaragua jamás vería como libertadores y que antes bien repudian con la vehemencia de verlos pronto capturados y pagando semejante bestialidad.

Nuestro país en medio de un mar de imperfecciones está tratando de construir un modelo democrático con la característica de un sello original que tiene su origen en la violencia escrita en su propia vida. Aquellos que no pensamos igual al partido gobernante debemos ser capaces —al menos los que hemos aprendido la lección— de asimilar que esta ya no es la Nicaragua de ayer, que tenemos un sistema, seguramente autocrático, pero contra el que no vale la guerra ni ninguna expresión que justifique hacerle daño a Nicaragua.

Esas mentes que siguen creyendo que al FSLN lo van a tumbar “con lo que las gallinas ponen” están equivocadas. Si quieren vencer al sistema político deben poner sobre la mesa propuestas que sean mejores que los cuarenta proyectos sociales del Gobierno, que la construcción de la refinería del sueño de Bolívar, aunque avance a paso de tortuga, algo que mejore el cambio de la matriz energética, que supere la construcción de nuevas carreteras y reparación de las viejas, un plan que convenza al sector empresarial de que hay mejores alternativas que su actual relación con el Gobierno o una ilusión mejor que la del Canal Interoceánico que de hacerse realidad, no veo cómo podamos bajar del poder a quien lo detenta ni a quienes detrás de él lo pretendan.

Para la intolerancia decir lo anterior me ubicarán sin duda alguna en la acera de la oficialidad, porque los vuela tiros intelectuales y materiales desgraciadamente erran al dejar en el árbol y no en el bosque el fundamento de sus análisis, generalmente lubricados desde el hígado y no la razón.

Eso sin embargo ni será nuevo ni les dará la razón. Lo seguro es que asimilar el mensaje les tomará tiempo y sensatez, dos factores con los que no cuentan porque no saben que existen.

El autor es liberal y periodista.

(Tomado del diario La Prensa)