El Frente Norte, acampado en los altos cerros del departamento de Jinotega, penetró el corazón de la montaña para combatir desde este punto neurálgico a la dictadura Somocista, pero lo que no sabían los guardias del régimen es que este grupo de guerrilleros, con altos valores sandinistas y con el sueño de liberar a su pueblo, se refugiaban en el interior de un curioso árbol de liquidámbar.

Las leyendas vivas de la gloriosa Revolución Sandinista de Jinotega, todavía recuerdan que este árbol tenía una peculiaridad casi insospechada. El tronco estaba totalmente hueco, por lo que dentro del mismo –cuyo diámetro es descomunal- podían alcanzar cómodamente hasta doce personas.

El exguerrillero Rafael Ángel Blandón, relató que desde este liquidámbar, crecido en las espesas selvas de la comunidad ‘Las Delicias’ –ubicada a tan solo 14 kilómetros del municipio de Yalí- funcionó de manera clandestina como una especie de Casa de Seguridad, desde donde se refugiaban los combatientes jinoteganos que estaban contra la dictadura somocista.

Contó que los hombres y mujeres de Jinotega, hartos de estar sometidos al brazo de hierro de la dictadura, apoyaban a las 4 columnas guerrilleras lideradas por el Comandante Germán Pomares (El Danto). Blandón detalló que guerrilleros valerosos como Mario Bolaños, Leonel, Pantaleón y ‘El Poeta’, entre otros, recorrían por la noche la montaña, hasta ingresar al ‘Palo Hueco’.

“Decidieron esconderse aquí porque estratégicamente era el punto más importante para estar en la montaña, aquí no habían posibilidades que los encontrara la guardia”, expresó. Además de explicar que estos hombres subían del pueblo a la montaña con alimentos, medicinas, ropa y armas, que luego –desde el liquidámbar- llevaban a los otros cerros, donde estaban acampando los demás compañeros que planeaban la liberación de Jinotega.

“A veces nos tocaba venir de noche, con algunos compañeros que se integraban. Veníamos de Jinotega, y lo importante que se comenzó en ese tiempo, fue con el propósito de luchar contra la dinastía de Somoza, que no permitía que el pueblo se desarrollara”, indicó Mauricio Zamora, otro de los compañeros que participó en el llamado Frente Norte.

‘El Danto’ al frente de la insurrección de Jinotega

Zamora explicó que todo el pueblo de este departamento apoyó la lucha armada, porque tenía mucha confianza en la Revolución Sandinista. “La mayor parte de la gente de Jinotega se integró. Se movilizó hasta los campamentos”, recordó.

Este héroe vivo de la revolución, expresó que durante aquellos difíciles años de lucha, la realidad que vivían los guerrilleros en la montaña era dura. “Sufrían de hambre y sed, pero siempre su moral la mantenían en alto, tenían verdaderos principios sandinistas. Se les explicaba que la lucha era por los campesinos, para que estos tuvieran tierras, tuvieran escuelas, tuvieran hospitales, tuvieran todo”, señaló.

Mauricio Zamora expuso que desde ‘Palo Hueco’, los pobladores de Yalí llevaban información –sobre planes de lucha- a los compañeros y compañeras del Cerro ‘El Repollal’, el Cerro ‘Columpio’ y el 'Cerro La Cruz' donde estaban acampando las columnas jefeadas por el Comandante Germán Pomares (El Danto).

“En ese entonces pude ver que Germán Pomares era un jefe ejemplar. Yo lo vi que era un campesino, no era un hombre preparado, pero tenía grandes ideales. Con sus palabras campesinas, nos decía: ‘compañeros, esta es una lucha que vamos a ganar para que el día de mañana tengamos paz’”, recordó.

Fue la madrugada de un 20 de mayo de 1979 que las cuatro columnas guerrilleras (330 hombres y mujeres), encabezadas por El Danto, bajaron de las montañas sigilosamente y se tomaron Jinotega, rememoró María Argentina Zeledón, quien participó en esta fecha en el duro golpe asestado al régimen somocista.

En el barrio San Antonio (actualmente barrio Germán Pomares), fue donde se dio la retirada”, recapituló esta valiente mujer -guerrillera e integrante de la Columna Oscar Turcios cuando tan solo tenía 14 años. Lo más doloroso –a criterio de María Argentina- fue mirar herido al Comandante Germán Pomares. Contó que El Danto “fue herido en el costado izquierdo, durante la Insurrección Final”.

Narró que por la noche de ese mismo día, el Comandante Pomares se trasladó herido hacia el ‘Cerro Chirinagua’. “Iba buscando médicos, pero no encontró. “Un odontólogo de apellido Estrada fue el que sirvió como médico. Pero Germán no resistió tanto, y, siempre en la lucha, murió (un 22 de mayo, dos días después de herido) en el Cerro La Cruz”.

El día en que los jinoteganos desplomaron al régimen

La compañera Josefina Rodríguez González, colaboradora histórica del Frente Sandinista durante los años de lucha, también recordó la “euforia del pueblo en las calles, la juventud heroica que se lanzó con pistolitas calibre 22, contra la genocida Guardia Somocista”.

“Era un pueblo amotinado, harto de esa dictadura somocista nefasta. Las madres llorábamos por nuestros hijos, cuando eran asesinados por la guardia”, expresó. También sostuvo que el día que El Danto y el mismo pueblo se insurreccionó “todos sentían una gran alegría”.

“Todos estos muchachos y muchachas valientes, entraron a la ciudad gritaron ¡Patria Libreeeee, o morir!, entonces bajaron de los cerros, y todo mundo comenzó a apoyarlos, se amotinaron, haciendo trincheras en las calles. Yo estuvo asando carne para darles”, dijo sonriendo.

A sus 72 años, Josefina refirió haber tenido el lujo de conocer a un guerrillero venezolano durante la Insurrección Final. “Entró a la casa de mi hermano. Entró y se comió un nacatamal. Llevaba una pañoleta que decía ‘Brigada Simón Bolívar, 1979’. Fue grandiosa la revolución”, manifestó.

Afirmó que justamente por todo el esfuerzo y el sacrificio que dio el pueblo en esos años es que el Frente Sandinista, liderado por el Comandante Daniel Ortega y la compañera Rosario Murillo, no caerá, “porque este pueblo está bendito por tanta sangre derramada de nuestros héroes y mártires; es un pueblo bendito de Dios, y porque hay un gobierno que atiende a los pobres”.



Juventudes herederas de la Paz y los Nuevos Tiempos

Treinta y cinco años de la victoriosa Revolución Sandinista han transcurrido, y para los pobladores del municipio de Yalí, “la lucha sigue”. Así lo expresó la docente Maryorie Walkiria Rugama, quien ahora imparte clases de computación a las nuevas generaciones. La particularidad es que esta dadora del pan del saber, instruye a los jóvenes desde un centro técnico que –en los difíciles tiempos de insurrección- era conocido como ‘El Cerro de la Guardia’.

La Coordinadora de la Federación de Estudiantes de Secundaria (FES), compañera Noelia José Rivera, señaló que ya hay una gran cantidad de jóvenes protagonizando estos cursos técnicos de computación, reparación de motos y repostería.

“Nosotros nos sentimos muy bien, vivimos en un clima de paz, ese mismo ambiente de paz que nos legaron nuestros héroes y mártires. Ahora nuestro compromiso es como juventud siempre estar al tanto con la población, con las familias más pobres, que es el mandato del Presidente Daniel y la compañera Rosario Murillo”, destacó.

Siendo miembro de la Juventud Sandinista 19 de Julio (JS-19J), Nelson Rivera, manifestó que la lucha de los hombres y mujeres de Yalí y Jinotega no ha sido en vano, sino que las nuevas generaciones han retomado esta visión de libertad y progreso, condiciones que ahora están dadas durante la segunda etapa de la Revolución Sandinista.

“Cuando miramos este progreso de la ciudad (Yalí), tenemos que pensar en los hombres y mujeres que murieron, que ofrendaron su vida, para que nosotros podamos gozar de esta libertad y este progreso de hoy”, indicó Nelson, quien además es poeta y músico destacado de su comunidad.

Este joven visionario piensa que en estos Nuevos Tiempos nuestra revolución no se defiende con armas ni empuñando fusiles, sino protagonizando los diferentes programas sociales que impulsa el Gobierno Sandinista para el bienestar de las familias. Rivera señaló que las nuevas generaciones deben de reafirmar su compromiso con la revolución y aportar a la Ruta de la Prosperidad, apostando por 'Un Mundo Mejor'.