En la calle donde habitan Danilo Mayorga y su esposa Walkiria Bermúdez se siente un olor a pan recién sacado del horno. Los vecinos saben que en la vivienda de ellos funciona una pequeña panadería, donde se elaboran deliciosas barras de pan simple, pan con queso, picos, panes dulces y manjares.

Desde muy temprano, Walkiria sale cargada con las primeras barras de pan para venderlas cerca de la Alcaldía y el centro de salud, donde sus clientes frecuentes la esperan puntualmente para comprar el pan recién hecho, calientito y sabroso.

La familia que conforman Danilo, Walkiria y cuatro hijos, es una de las centenares que fueron severamente afectadas por los terremotos que el pasado 10 de abril estremecieron y mantuvieron en vilo a todo el país.

La casa que tuvieron que demoler era de adobe y tejas. Según comentan, los terremotos rajaron las paredes y la dejaron inhabitable.

Ahora, casi tres meses después, la familia habita en una vivienda de bloques y techo de zinc. Es más segura y está a punto de ser terminada por las cuadrillas de trabajo de la municipalidad. Sólo hace falta que instalen la puertas y verjas de hierro en las ventanas.

En el patio de la casa sigue funcionando un gran horno de leña que no sufrió daños a pesar de la intensidad de los sismos y no ha parado de funcionar desde hace 15 años, dice Danilo.

Mientras la segunda tanda de pan es sacada del horno y se carga nuevamente unas enormes empanadas que estarán listas en unos minutos, Walkiria regresa de la calle y dice sentirse satisfecha con la venta de la mañana. Se sorprende cuando mira el equipo periodístico de El 19 Digital y Canal 4 al frente de su casa, ella nos saluda con una alegre sonrisa.

La tragedia no amedrentó sus ganas de salir adelante

El municipio de Mateare fue uno de los más afectados por los sismos. Decenas de casas quedaron dañadas y la respuesta del gobierno fue inmediata. Ahora las familias habitan en viviendas seguras y dignas.

Walkiria Bermúdez, recuerda que aquel 10 de abril, cuando se desencadenó una crisis sísmica intensa, hubo mucha preocupación entre las familias, pero si algo tuvo claro fue que la tragedia no amedrentaría sus ganas de salir siempre adelante.

“Recuerdo que trabajamos en conjunto y no hemos parado, aun con el terremoto y las casas construyéndose trabajamos desde oscuro (muy temprano) para cuando vinieran los albañiles ya nosotros habíamos terminado de hornear”, explica.

Su casa que antes era de adobe y tejas fue reconstruida pero con hierro, cemento, bloques y zinc. “Ahora tengo una casita bonita que me regaló primero Dios y después mi Comandante Daniel con la Compañera Rosario. Estamos gracias a Dios bendecidos y en victorias”, indica la madre de familia.

Walkiria explica que desde la semana de la emergencia y el posterior proceso de reconstrucción, la ayuda del gobierno central no ha parado.

“Hemos tenido ayuda bastante, nos han mandado comida, nos han mandado todo gracias a Dios. Brigadas médicas también nos han mandado, por lo menos yo soy hipertensa y me dejaron mi medicamento de la presión, mis enalapril, me tomaron mi presión, me tomaron todos mis exámenes y me dejaron como nueva de paquete”, dice sonriendo.

“Vino el pollo, nos trajeron pollo, el día de las madres nos trajeron un paquete y estamos bendecidos gracias a Dios, y alegre con casa nueva”, agrega mientras ríe jocosamente.

Ella asegura que las dificultades que vivieron al ver su casa destruida por los sismos no la hizo “tirar la toalla”.

“Me mantengo alegre, jovial y no pierdo el ánimo, esa alegría la mantengo todos los días. Cuando vengo de vender, vuelvo a llevar otra pana cargada de pan y siempre adelante. Aquí todos estamos alegres, estamos esperando terminar para que nos vengan a poner las puertas y las ventanas y cruzar a los chavalos, vamos a hacer las divisiones de plycem para ya estar todo el ‘equipo’ completo ahí en la casa”, expresa.

Danilo Mayorga, esposo de Walkiria, tampoco se queda con las ganas de expresar su agradecimiento al Gobierno por el acompañamiento y apoyo recibido durante y después de la emergencia.

“Esto es algo grandioso porque el gobierno no nos hizo esperar mucho y nos dio un apoyo que jamás otro gobierno nos ha dado. Solo el gobierno del Frente Sandinista nos ha dado ese apoyo con la Compañera Rosario”, indicó.

“La casita, todo lo que hay aquí ahorita es gracias al gobierno que nos dio perlines, zinc, cemento, hierro, todo lo que en la vida uno necesita para hacer su casita. Incluso nos brindó alimentación, arroz y frijoles no nos faltaron en el momento que más lo necesitábamos”, aseguró.

Danilo comenta que el costo de la casita nueva es invaluable porque para su familia era imposible costear la construcción de una vivienda segura y bonita como la que solo el Gobierno de Daniel y Rosario les mando a construir.

Cora Ruiz Pérez, una de las vecinas que también estrena casa nueva, dice sentirse feliz y agradecida, primero con Dios, y después con Daniel y Rosario.

“Gracias a Dios estamos bien, le mando un millón de felicidad para el Comandante que se pone las pilas por nosotros. Nunca hubiéramos hecho esta casa, la mía era de adobe y estaba como cayéndose. Esta casa es una gran bendición”, afirma doña Cora.

También comenta que aunque las lluvias no se han instalado por completo, ahora no se mojará en invierno.

“Quedó perfecta, de no mojarse. Solo le faltan las puertas y unas verjas en las ventanas. Después depende de uno: esforzarse, irla poniendo más bonita al suave. Eso es una gran felicidad, a mi a cada rato me da ganas de llorar de alegría, de la emoción. Para todo siempre lloro”, dice sonriendo.

También Perla Marina Gutiérrez, otra vecina de Mateare, expresó que la vida ha cambiado para ella, quien vive con su mamá y una hija.

“Soy madre soltera y es difícil para mí construir una vivienda como esta que nos ha mandado a hacer nuestro Comandante. Muchísimo ha cambiado nuestra vida, la verdad no esperábamos tanto apoyo”, indicó Perla Gutiérrez.