Dos visiones de país y de la paz, dos conceptos opuestos son las opciones por las que votarán 32 millones de colombianos este domingo, cuando tienen que decidir en segunda vuelta entre la reelección de Juan Manuel Santos o el ascenso del uribista Óscar Iván Zuluaga a la Presidencia del país.

Han sido unas elecciones marcadas por un guerra sucia, entre calumnias y rumores que ayudaron en parte a que Zuluaga ganara la primera vuelta (29,2%) del 25 de mayo ante un Santos (26,5%) que hasta hace poco lucía como vencedor.

Acordar la paz con la insurgencia, sobre todo con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), fue el tema que mantuvo los motores de las campañas encendidos.

Santos, visto como un "apóstol de la paz", impulsó su candidatura con ese propósito, mientras en un primer momento Zuluaga se opuso y sus otros contrincantes en primera vuelta lo apoyaban con recelo.

De cara al balotaje, Zuluaga candidato del Centro Democrático -la plataforma política del expresidente Álvaro Uribe, quien lo respalda con vehemencia- decidió relajar su postura frente al proceso de paz con las FARC pero con unas condiciones que aún hacen temer el futuro de las conversaciones que se desarrollan en La Habana desde noviembre de 2012.

Para el politólogo Fernando Giraldo, profesor en la Universidad Javeriana, "si Santos gana se termina refrendando el proceso de paz, pero si triunfa Zuluaga, el sentimiento general es que se romperá, o al menos se le pondrán condiciones inaceptables para las FARC que terminarán rompiéndolo", explicaba el experto a la AFP.

Por otro lado, el voto de la izquierda ha sido clave en el mapa de alianzas, donde Santos, del Partido de la Unidad, lo consiguió a su favor, además del espaldarazo de la mitad de los conservadores, aunque otro sector se decantó por Zuluaga.

Producto de una guerra de acusaciones y difamaciones impulsadas por Uribe y Zuluaga, la polarización marcó las elecciones al grado de que la abstención llegó al 60% -la más alta desde 1994- y los votos nulos, una señal clara de protesta, se ubicaron en el 5%.

Hijos del mismo padre

A grandes rasgos ambos candidatos provienen del mismo espectro ideológico de la derecha. Uribe fue el promotor de ambas campañas, la de Santos en el 2010 y la de Zuluaga en el 2014. Ambos fueron sus más serviciales aliados, con la diferencia de que hoy el exmandatario es el enemigo confeso del actual Jefe de Estado.

En lo económico, ambos políticos tienen los mismos propósitos de potenciar el comercio en el libre mercado, sobre todo cuando se estima un crecimiento de 4% para este año.

En todo caso, los colombianos deberán decidir entre "una paz negociada" como promueve Santos, o "una paz con condiciones", como dice Zuluaga.

Además de la paz, hay un elemento sustancial que para los colombianos también está en juego: el hecho de que tras el manto de Zuluaga sea Uribe quien realmente retorne al poder tras bastidores y el fantasma del radicalismo retorne.

Al candidato le preguntaron si de ganar sería el expresidente el que gobernaría tras bastidores, a lo que tuvo que responder con firmeza que sería él y no su mentor el que tomaría las riendas de la Casa de Nariño.

La campaña terminó tomando un ritmo menos virulento que en la primera vuelta. Uribe se retractó de sus acusaciones contra Santos y ahora Zuluaga se muestra pacifista. Esos cambios pueden terminar favoreciendo al santismo, pero si algo demuestra la política es que todo cambia velozmente.

Para Santos el proceso de hoy es más que un desafío personal. Cuando triunfó en 2010 lo hizo con la votación más alta de la democracia colombiana. En aquel entonces lo hizo como delfín de Uribe, ahora se enfrenta con sus propias credenciales ante la historia.